Opinión: Acapulco es dorado 

¿La nueva sede del Abierto?

Por Pedro Kuri.

Desde su nacimiento, la zona Diamante ha sido sinónimo de exclusividad. Es la única de las tres áreas en que fue segregado Acapulco que concentra hoteles de categoría Gran Turismo, un centro comercial élite, un nuevo y moderno complejo para la celebración de eventos artísticos, de negocios y sociales, y una extensa franja de playa que se traza hasta Barra Vieja. Tiene al pie, además, el aeropuerto internacional que está en vías de remodelación y una conexión carretera de calidad con la autopista del Sol. Su plusvalía es alta y esto desencadenó la construcción de unidades habitacionales que sirven como segunda residencia de turistas nacionales y fraccionamientos residenciales.

Allí estuvo proyectada también la construcción del estadio de fútbol que albergaría a un equipo de primera división y cuenta, actualmente, con el estadio Mextenis que es sede del Abierto Mexicano de Tenis Telcel cuya calidad alcanzó este 2017 su nivel más alto y sus organizadores garantizaron mejores carteles en años venideros.

Aquella zona también recibirá este año el Tianguis Turístico en su edición 42 y, por una cuasi tradición, la Convención Nacional Bancaria.

Estos y otros eventos, sin duda, potencian la actividad turística de Acapulco y causan una derrama económica significativa en periodos no vacacionales, pero esta camina de forma dispar.

Mientras la zona Diamante concentra un dinamismo activo, el desplazamiento de la zona Dorada, corazón turístico, pues, de Acapulco, es más drástico y preocupante.

La Costera Miguel Alemán se ha ido desdibujando con cortinas de negocios abajo, establecimientos abandonados, hoteles con imagen vetusta y, literal, alumbrado público deficiente que ilumine por las noches una zona que tenía fulgor pripio. 

Sí, hay un descuido responsabilidad propia de los empresarios, pero estos han tenido que lidiar con una crisis de casi una década que apenas permite saldar deudas y costos de nómina, sin utilidades suficientes para emprender mejoras en infraestructura o innovaciones que  permitan hacer al negocio más competitivo y de mejor calidad. Pese a la desazón financiera, esa iniciativa privada se mantiene de pie y sigue apostando por amor a Acapulco y su gente.

El Acapulco Dorado requiere una transformación de fondo impulsada por las  autoridades y acompañada por el sector empresarial. Esta debe ser integral y acorde a las necesidades de este destino turístico porque los proyectos recientes, como la remodelación de la glorieta de La Diana, resultó desastroso y la imagen de ese punto sufrió una regresión que le hizo perder su lado icónico. El cambio de estilo en las banquetas de la Costera, iniciado en el gobierno de Luis Walton Aburto, sólo alcanzó el tramo de La Base a la glorieta del CICI. Y así, bajo esa tónica, la principal franja turística del puerto ha sido parchada, asestándole un panorama variopinto, sin ninguna simetría atractiva.

El ocaso de la zona Dorada, ya no se diga de la olvidada zona Tradicional o Náutica, es reversible no obstante.

Precisamente, en el marco del Abierto Mexicano de Tenis, el empresario Alejandro Burillo, presidente de Grupo Pegaso, anunció la reubicación de la sede de ese torneo a partir de 2018. La capacidad del estadio Mextenis, reconoció, ya fue rebasada. Una alternativa adelantada por Burillo, para sorpresa de muchos, fue el Centro Internacional Acapulco (CIA), un inmueble cuya falta de mantenimiento lo convirtió desde hace algunos años en el gran monumento al desinterés oficial por el turismo.

El empresario no sólo busca habilitar el CIA como el nuevo estadio del Abierto Mexicano de Acapulco, pues la capacidad del Mextenis es de 3 mil 500 localidades solamente, sino aprovechar sus espacios para crear un Centro de Alto Rendimiento con alberca olímpica, canchas de básquetbol y futbol, gimnasio y pista de ciclismo.

La maqueta del proyecto en ese inmueble será presentada en el Tianguis Turístico y los trabajos comenzarían de inmediato.

De concretarse, se estaría atrayendo al  segmento turístico deportivo, un tanto desaprovechado y de buen poder adquisitivo, y habría en la remodelación y habilitación del Centro Internacional Acapulco un aliciente a nuevas inversiones en la zona Dorada que permitirían devolverle su fulgor con hoteles de mayor categoría y una Costera digna y segura.

La zonificación del Acapulco turístico debe aspirar a una reunificación de las tres áreas con miras a que el capital, los eventos y el desarrollo se haga extensivo, y no exclusivo.

La bahía de Santa Lucía y las populares Caleta y Caletilla también son parte de Acapulco, y estas fueron las precursoras de la vocación turística que adquirió nuestro destino.

El sol debe brillar de forma general y para todos.

Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokurioheres en Twitter

acapulco.ok@gmail.com

Publicado en La Síntesis

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