El PRI escogió al mejor de sus aspirantes, Héctor Astudillo Flores, para gobernador. Debe reconocerse el hecho de que, a diferencia de la elección 2010-2011, ahora pudo postular en él a un candidato de unidad, lo que le representará ventaja para ganar. Ya no se vio en la necesidad de recurrir a un externo, lo que, en cambio, sí debe darse en Acapulco, pero sólo con Zeferino Torreblanca Galindo, por estar éste más posicionado que sus propios militantes deseosos de ocupar el cargo de presidente municipal.

Al igual que en la elección de 2005, en que su postulación como candidato a gobernador se debió, entre otros factores, al hecho de que su figura unió a todos los grupos políticos de su partido, hoy Astudillo reflejó que supo conservar esa condición, tan elemental para ganar en todos los partidos, en un escenario político actualmente más favorable para el PRI que en aquel año, después de los sucesos de Iguala.

Ahora tocará construir la mejor estrategia político-electoral posible, en la que primero deberá sacudirse, de alguna manera, a ciertos personajes que con sólo asomar la cara le harán daño en campaña ante la sociedad en general, que de por sí está harta de los políticos y de la política, y de que al menos espera propuestas más ciudadanas que partidistas.

Y es que una vez que Armando Ríos Piter se hizo a un lado como el aspirante a gobernador mejor posicionado, el campo queda libre para el PRI.

En realidad, el PRI hizo lo que tenía que hacer: poner al que tiene más condiciones de ganar, pero también de ejercer mejor gobierno, con todo lo que entrañe. Hay cientos de manifestaciones de protesta y crimen organizado cada vez peor, que se debe saber afrontar con capacidad, y Astudillo la tiene para ello.

El PRD sigue como el partido más desgastado, después de lo ocurrido en Iguala, y puede estarlo peor por la postulación de sus candidatos para todos los cargos de elección popular.

Ni Sofío Socorro Ramírez Hernández, ni Beatriz Mojica Morga ganarían la elección, por más esfuerzo que hicieran. La salvación acaso sería Luis Walton Aburto, llevándolo como candidato común con el Movimiento Ciudadano y, posiblemente, con el PT, porque sigue creciendo en las encuestas, y más sería, si ya hiciera precampaña fuera de Acapulco.

Morena definitivamente designó a su propio abanderado, por ley. Muy remota se aprecia la posibilidad de declinar para postular a Walton como candidato común de facto.

El rector Javier Saldaña ya no avanzó en los pasados 15 días en la preferencia, y Ríos Piter apenas aseguró que no regresará a la contienda, ni con la bandera del PRI, por si se le ubicase como posible candidato común con el PVEM o con el Panal, o con ambos.

Por lo que toca a Acapulco, al PRI le conviene más que a Zeferino hacerlo candidato. El problema para él no es ganar, sino que lo dejen gobernar, porque ganaría con la mano en la cintura ante cualquier contrincante, debido a sus prendas políticas y administrativas de gobernador y presidente municipal, y porque casi nadie dudaría en que por su experiencia haría mejor gobierno, comparándolo en particular con Ángel Aguirre Herrera, que es el mejor posicionado del PRD para tal cargo.

Desde luego que ha mejorado la imagen del PRI entre la sociedad en general por el trascendido de que podría al fin abrirse a las candidaturas externas con el ex gobernador, por ser más favorito que los aspirantes de sus propias filas, muchos de ellos inscritos para competir sólo para buscar tajada.

Lo ideal es que el PRI no le reste poder con las viejas prácticas de imposiciones que hacen sus grupos políticos, sectores u organizaciones, en los cargos, tanto administrativos como de síndicos y regidores, que muchas veces ocupan personas que no pueden desempeñarlos.

Zeferino Torreblanca siempre ha tenido su vida resuelta. Reaparece ahora porque el PRI lo buscó, al igual que el PAN y el Partido Humanista, para ofrecerle la candidatura, por considerarlo la mejor propuesta para Acapulco.

No fue un gobernador digamos brillante, pero tuvo más aciertos que el que lo sucedió en el cargo, suficientes para volver a ganar. La auditoría y otros señalamientos achacados han sido, a todas luces, más revanchismo político, porque pisó muchos vicios políticos, debido que gobernó de una manera muy distinta al viejo estilo priísta de dar mejoralitos para aliviar la pobreza y la marginación del estado. Postularlo sin ahorcarlo sería otro acierto del PRI.

isidro_bautista@hotmail.com

FUENTE: La Jornada.

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