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Un México aturdido y sin plan B aguarda a Trump 

Sin cartas bajo la manga y conmocionado; así aguarda México al futuro presidente de EEUU, Donald Trump, y sus amenazas de levantar un muro en la frontera común y hacérselo pagar, deportar a millones de inmigrantes mexicanos, gravar con impuestos las remesas y dañar al país en el terreno comercial.

Como si llegara el Apocalipsis, los mexicanos han ido asimilando como han podido los flancos abiertos durante meses por el próximo inquilino de la Casa Blanca, considerados ya afrentas a la soberanía nacional e incluso declaraciones de guerra soterradas.

Una realidad que ni el más pesimista imaginaba en sus peores pesadillas y que ha sembrado en México de rabia e indignación.

Dos sentimientos potenciados por la timidez del Gobierno de Enrique Peña Nieto frente al republicano, que algunos han tildado hasta de servilismo desde que lo invitó a la residencia presidencial de Los Pinos en septiembre pasado durante la campaña electoral estadounidense.

Un cóctel con sabor a impotencia que implica a todos los poderes del país, desde autoridades, partidos políticos y movimientos sociales hasta empresarios, pues ninguno ha planteado hasta ahora un antídoto real a Trump.

Con la expresión “A temblar” que usó para titular la noticia sobre el resultado de las elecciones en EE.UU., el diario mexicano Reforma plasmó perfectamente en noviembre pasado la angustia que se respira en la opinión pública de México.

Más lejos llegaron personalidades como el historiador judío Enrique Krauze o el expresidente Vicente Fox (2000-2002) al comparar al magnate inmobiliario y expropietario del concurso Miss Universo con Adolf Hitler.

¿Pero por qué tanta miedo? 

Porque en un país acostumbrado a encarar y superar crisis económicas de forma cíclica, y a mirar con lupa cualquier paso que da el vecino del norte, nadie ve nada positivo para México en el tiempo que gobierne Trump.

Son frecuentes las bromas sobre los métodos que usarán los mexicanos para saltarse el muro fronterizo, una iniciativa que no es nueva, pues ya existen vallas en un tercio de los más de 3.000 kilómetros de franja limítrofe y las primeras amenazas de construirlo datan de hace veinte años.

Pero el humor resulta esta vez más un bálsamo para las heridas que una manera de restar importancia al asunto.

Peña Nieto asegura que México no pagará por la construcción del muro, pero Trump ya ha sugerido que si los mexicanos no cubren sus costos directamente lo harán a través de impuestos a las remesas que sus compatriotas residentes en EE.UU. envían a casa.

Un duro golpe para México, cuarto país a nivel mundial en cuanto al dinero recibido por ese concepto, su segunda fuente de divisas después de las exportaciones automotrices.

En los primeros once meses de 2016 las remesas crecieron en un 9,04 % respecto al año anterior (24.626 millones de dólares), la mayor subida anual en una década.

En cualquier caso, lo más probable es que Trump trate de gravar las remesas como forma de presión y para aumentar los ingresos fiscales estadounidenses.

Ese eventual batacazo solo es comparable con lo que se espera en el intercambio comercial.

Trump exige actualizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) porque considera que perjudica la industria, el comercio y el empleo en su país, beneficiando a México, su socio junto con Canadá.

Antes de saber cómo se renegociará el acuerdo, opción a la que está abierto Peña Nieto, el presidente electo está coaccionando a las compañías estadounidenses con inversiones en México, y que venden a EE.UU. con menor costo de producción, para que dejen de invertir allí y vuelvan a hacerlo en su país.

De lo contrario se enfrentarán a un impuesto del 35 por ciento, las amenaza Trump, cuyas presión ha fructificado ya con el fabricante de aire acondicionado Carrier y con la automotriz Ford, que han suspendido planes de inversión en tierras mexicanas.

Teniendo en cuenta que el ochenta por ciento de las exportaciones mexicanas van a EE.UU., el impacto en la economía mexicana no se ha hecho esperar.

El peso, la moneda nacional, se ha desplomado a niveles históricos de 22 unidades por dólar tras caer en un 25 % en 2016, y el FMI acaba de rebajar el pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para 2017 del 2,3 % al 1,7 % por la “incertidumbre” ligada a la presidencia de Trump.

INVESTIDURA PRESIDENCIAL EEUU: La polarización toma Washington para el relevo presidencial

Por Silvya Ayuso.

“La gente está confluyendo en Washington en números récord. Va a ser un fantástico jueves, viernes y sábado”, vaticinó Trump en Twitter. Lo que omitió fue que muchos de los que llegarán a la capital no lo harán para festejarlo.

People are pouring into Washington in record numbers. Bikers for Trump are on their way. It will be a great Thursday, Friday and Saturday!

— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 17 de enero de 2017

Se estima que la investidura de Trump atraerá a unas 800.000 personas, más o menos las mismas que viajaron hasta la capital estadounidense cuando Obama juró su segundo mandato, en enero de 2013. La cifra queda lejos del récord de 1,8 millones de personas que asistieron hace ocho años a la llegada al poder de Obama.

Las autoridades han concedido 22 permisos para organizar concentraciones desde este jueves hasta el sábado. Algunas, como las de los Moteros por Trump, se movilizarán en apoyo del nuevo presidente. “Si fuera necesario, formaremos un muro de carne”, prometió su presidente, Chris Cox, en referencia a que la mayor parte de las movilizaciones son para protestar contra el republicano. Grupos de protesta como la ANSWER Coalition (un movimiento contra la guerra y el racismo) incluso han logrado permiso para situarse en algunos puntos por donde pasarán el ya nuevo presidente y su esposa, Melania, cuando desfilen tras la toma de posesión.

Manifestación de mujeres

Pero la manifestación contra Trump que más expectación y participantes está atrayendo es la llamada Marcha de las Mujeres convocada para el sábado. Según las autoridades, mientras que solo unos 400 autobuses han pedido permiso para aparcar en la ciudad el día de la investidura, las solicitudes para el día 21 superan los 1.800. Tampoco quedan billetes de tren con destino a Washington ese día.

“Este tipo de datos me dejan ver que tenemos una masa de gente bastante grande a punto de llegar”, dijo a la agencia AP el director de seguridad interior de la capital, Christopher Geldart, quien está convencido de que la protesta del sábado superará las 200.000 personas.

En 2009, fueron más de 3.000 los autobuses fletados para recibir a Obama, un presidente que siempre contó con numerosas estrellas para sus actos. El equipo de Trump lo ha tenido difícil para confirmar una mínima lista de artistas para la toma de posesión. Y eso que famosas como Katy Perry, Scarlett Johansson o Julianne Moore estarán en la capital: las tres han anunciado su participación en la Marcha de las Mujeres.

El presidente electo más impopular en décadas

Si algo ha demostrado Donald Trump en estas semanas como presidente electo es que las críticas le siguen molestando sobremanera. No sorprende, por tanto, que haya reaccionado iracundo a las encuestas que indican que el republicano es el mandatario que llegará con el nivel más bajo de popularidad a la Casa Blanca en décadas. 

Tanto el sondeo de la CNN como el realizado por
The Washington Post y ABC cifran en un 40% la aprobación de Trump a pocos días de asumir la presidencia. 

En las mismas fechas, en 2009 Barack Obama gozaba del 84% de aprobación. George W. Bush contaba con la opinión favorable del 61% de los estadounidenses en 2001 y, ocho años antes, Bill Clinton llegaba al 67%.

En Twitter, su plataforma preferida, Trump afirmó que las encuestas están “tan amañadas” como los “falseados sondeos” que tanto “equivocaron” el resultado de las elecciones del 8 de noviembre que él ganó, aunque su rival, Hillary Clinton, sacó casi tres millones más de votos populares que él.

Fuente El País