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La deplorable situación del periodismo en México

”Es triste y lamentable que hoy tengamos más periodistas caídos en México que soldados en Irak”.

Por: Hannia Novell

Soy la autora de esa frase. La pronuncié ante un joven y entusiasta auditorio en agosto del año pasado cuando presenté “Bitácora de guerra. Experiencias de una reportera”, en la Feria Universitaria del Libro que organizó la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Por más triste y lamentable que sea, la cita está vigente y refleja la realidad que cotidianamente enfrenta nuestro gremio. Un ejemplo, el pasado lunes 25 de abril nos despertamos con la noticia del asesinato de Francisco Pacheco, editor del periódico “El Foro de Taxco” y corresponsal de Radio Capital Máxima, con sede en Chilpancingo.

De acuerdo con las primeras pesquisas, alrededor de las 6:30 a. m. de ese día, Pacheco Beltrán fue atacado por sujetos armados a las afueras de su domicilio en Taxco.

Horas antes estuvo muy activo en redes sociales para difundir pormenores de los tiroteos registrados la noche del domingo en Acapulco contra un hotel donde se hospedaban agentes federales y las oficinas de la Policía Federal (PF), hechos que provocaron pánico y terror entre la ciudadanía en la Costera Miguel Alemán.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) condenó la ejecución y manifestó su repudio por el “doble silenciamiento” contra los periodistas: “Por las balas y por el sistema legal que permite la impunidad y la desprotección de los informadores”.

La SIP expresó un “¡basta ya!” e hizo un llamado a las autoridades mexicanas para que “de manera urgente” realicen las acciones necesarias para esclarecer el crimen, ubicar a los responsables y llevarlos ante la justicia, así como para buscar herramientas concretas y rápidas que acaben con la violencia hacia los periodistas.

Claudio Paolillo, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la organización, comentó: “Este clima insoportable de impunidad incentiva a los violentos a cometer los mismos homicidios una y otra vez, ya que cualquier delincuente o pendenciero puede silenciar a un periodista para siempre sin ninguna consecuencia”.

En lo que va del año, la trágica lista de los periodistas asesinados incluye a Moisés Dagdug Lutzow (20 de febrero, Tabasco); Anabel Flores Salazar (8 de febrero, Veracruz); Marcos Hernández Bautista (21 de enero, Oaxaca), y Reinel Martínez Cerqueda (22 de enero, Oaxaca).

Pero aún más triste y lamentable es el recuento de los compañeros ejecutados en los últimos años y que, por desgracia, se cuentan por decenas.

LAS CIFRAS DE LA VERGÜENZA

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) presentó a principios de abril en Punta Cana, República Dominicana, en la más reciente reunión de la SIP, un informe en el que establece que desde el año 2000 hasta el 31 de enero de 2016, 109 periodistas habían sido asesinados en territorio nacional.

“Lamentablemente, las agresiones contra periodistas y medios de comunicación son una realidad cotidiana indignante”, advertía en ese texto con el que justificaba la Recomendación General 24 Sobre el ejercicio de la libertad de expresión en México.

En ella, el organismo que preside Luis Raúl González Pérez señala que los estados más letales para el ejercicio del periodismo son Veracruz, Tamaulipas, Guerrero, Chihuahua y Oaxaca.

Pero lo que ocurre en el país no es ajeno al contexto internacional. Según un informe de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en los últimos 25 años, al menos 2297 periodistas (112 sólo en 2015) han sido asesinados en el planeta.

Desde 1990 se han registrado 309 asesinatos de profesionales de la información en Irak; 146 en Filipinas; 120 en México; 115 en Pakistán; 109 en Rusia; 106 en Argelia; 95 en India; 75 en Somalia; 67 en Siria, y 62 en Brasil, los países con más homicidios de periodistas.

En 2015, las naciones con el mayor número de comunicadores asesinados fueron Francia, Irak y Yemen con diez muertos. Por primera vez se señaló a la nación europea, debido al ataque terrorista a la revista satírica “Charlie Hebdo”.

Un dato relevante de la FIP es que estos crímenes no sólo se dan en lugares en guerra o bajo conflictos violentos. “Había otros motivos, a menudo fuera del clima de guerra, para atacar a los periodistas, muchos de los cuales son víctimas de oficiales corruptos o líderes criminales”, afirmó el secretario general de la Federación, Anthony Bellanger, quien recalcó que “hubo más asesinados en situaciones de paz que en países en guerra”.

El informe critica que sólo una de cada diez muertes ha sido investigada y, al respecto, denuncia que “la falta de acción para erradicar la impunidad hacia los asesinatos y ataques a los profesionales de los medios aviva la violencia contra ellos”.

A su vez, el pasado 22 de abril se reveló que México ocupa el séptimo lugar a escala mundial, y el primero en Latinoamérica, de 13 países donde los homicidas o autores intelectuales del asesinato de comunicadores no han sido capturados o procesados legalmente.

Las cifras corresponden al Índice Global de Impunidad elaborado por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), que tomó como referente las ejecuciones ocurridas entre 2004 y finales de 2013, y a aquellas naciones con al menos cinco casos sin resolver.

En abril de 2013 se aprobó en México una ley para perseguir los crímenes contra periodistas; sin embargo, la organización con sede en Nueva York detalló que, aun siendo un paso importante para mejorar la libertad de prensa, aún existen 16 casos no esclarecidos en México.

Pero lo triste y lamentable es que nuestro país sea el único de ese listado que no tiene o que no ha vivido en los últimos años un conflicto armado o una guerra civil. El índice lo encabezan Irak, Somalia y Filipinas.

El CPJ detalló que el 96 por ciento de las víctimas son periodistas nacionales, y en su mayoría se dedicaban a la cobertura informativa de la política, la corrupción y la guerra en sus respectivos países; casi el 33 por ciento fueron capturados o torturados antes de su muerte.

Funcionarios de los gobiernos y militares son considerados los principales sospechosos en el 26 por ciento de los casos, y en menos del 5 por ciento, los asesinos o autores intelectuales son capturados o procesados legalmente.

Más datos, ahora de Reporteros Sin Fronteras (RSF), denuncian que la libertad de prensa en todo el continente se deterioró en 2015 “por las crecientes tensiones políticas ocurridas en numerosos países, alimentadas por la recesión económica, la incertidumbre sobre el futuro y los repliegues comunitarios”.

En el caso de México, afirmó que “está marcado por una larga serie de asesinatos de periodistas, crímenes relacionados con la corrupción y el narcotráfico”.

México perdió un puesto en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de RSF para situarse en el lugar 149 de 180 naciones evaluadas, manteniéndose así entre los países que afrontan una “situación difícil” para la libertad de prensa por los estragos del crimen organizado, de cárteles del narcotráfico y de grupos paramilitares.

“Patria de los cárteles de la droga, México sigue siendo el país más mortífero de América Latina para los medios de comunicación. Los periodistas asesinados a menudo son ejecutados a sangre fría y la mayoría de los crímenes permanecen impunes”, de acuerdo con la organización.

PERIODISMO A LA ORILLA DEL PRECIPICIO

Parte de esa triste realidad la retrato en mi libro “Bitácora de guerra. Experiencias de una reportera”. En él recupero el informe anual 2013 de Artículo 195, en el que se establece que ese año documentó 330 casos (cuatro de ellos, homicidios), lo que significa que cada 26 horas y media fue agredido un periodista en México. Estas cifras representan un incremento del 59 por ciento respecto a las de 2012, cuando hubo 207 hechos.

“Así de cotidiana y sistemática se ha convertido esta práctica (…) Secuestros, asesinatos, golpes, amenazas y ataques a medios de comunicación amagan la libertad de expresión. Pero hay más: seis de cada diez agresiones fueron ejecutadas por funcionarios públicos”.

Durante el mismo año, 39 medios de comunicación fueron objeto de ataques a sus instalaciones. Estas cifras colocan a nuestro país en una situación incluso peor a la de Irak, que no se ha podido frenar ni a través de la Fiscalía Especializada de la PGR o del Mecanismo de Protección de la Secretaría de Gobernación.

No obstante, nuestra respuesta como gremio expresada en marchas y protestas tiene una gran carencia: no es unánime, ni estructurada. Es más, demuestra nuestro fracaso. No hemos sido capaces de hacer que la sociedad para la que trabajamos, a la que nos hemos comprometido a dar voz, y ante la que nos instituimos como intermediarios con el poder, esté de nuestro lado.

En otros países del continente como Colombia o Brasil, el asesinato de un periodista es asumido como un agravio a la comunidad en su conjunto. Cuando un reportero es callado con las balas, la sociedad es herida en uno de sus derechos fundamentales: el de saber y conocer.

Algo estamos haciendo mal, muy mal, y este caso es una oportunidad para corregir el rumbo, para hacer esas investigaciones que nos exigen lectores, televidentes y radioescuchas. Nunca es demasiado tarde. De otra forma, nuestra única salida será ejercer el periodismo a la orilla del precipicio.

Triste y lamentable, pero real. Yo por lo menos seguiré pensando como el maestro Márquez: “Este es el oficio más bonito del mundo”, aunque aquí dejemos nuestra vida.

Niega Roger Arellano amenazas contra corresponsal de Proceso en Guerrero

Momento en que el exdiputado perredista amenaza a Ezequiel Flores. Foto: El Sur

CIUDAD DE MÉXICO (apro). El exdiputado local perredista, Roger Arellano Sotelo negó haber amenazado de muerte al corresponsal de Proceso en Guerrero, Ezequiel Flores Contreras, al afirmar que el miércoles pasado no estuvo en Chilpancingo.

También, acusó al reportero de inventar el hecho para “hacer eco de la protesta”, en referencia a la manifestación que una veintena de trabajadores de diferentes medios de comunicación realizaron frente a la sede del Congreso local, al sur de la capital de la entidad, para exigir justicia por el asesinato de la periodista veracruzana Anabel Flores.

Esta mañana, el también exalcalde de Acapetlahuaya, señalado por sus presuntos nexos con la delincuencia, fue entrevistado en el espacio de noticias de la radiodifusora Capital Máxima donde se limitó a negar todo lo ocurrido ayer por la mañana.

“Nunca estuve en Chilpancingo, nunca pasé por el Congreso, tampoco tengo un Jetta azul y desconozco de dónde saca el reportero esos señalamientos de la amenaza de muerte”, afirmó Arellano Sotelo.

Ello a pesar de que existen pruebas de que al menos una decena de reporteros vieron al exdiputado local perredista acercarse en un auto a la protesta frente al Congreso y escucharon la amenaza de muerte que lanzó contra el corresponsal de Proceso.

Incluso, el periódico El Sur difunde una fotografía en su edición de este jueves donde se observa a Roger Arellano a bordo de su auto frente al reportero que aparece de espaldas en la imagen durante el momento del incidente registrado ayer por la mañana.

Al respecto, Arellano afirmó que él radica en el municipio de Acapetlahuaya y que solo viaja a Chilpancingo esporádicamente para revisar “gestiones” que dejó pendientes durante su periodo como diputado local en la pasada legislatura que fue del 2012 al 2015.

El perredista dijo que el miércoles pasado estaba en Acapetlahuaya, municipio ubicado en la zona norte de la entidad, cuando se enteró por familiares y amigos “que estaban tomando”, acerca de la noticia donde lo acusaban de amenazar de muerte a un reportero.

“Cuando yo supe la noticia, dije voy para allá (Chilpancingo). Le hablé a algunos compañeros periodistas y me dijeron ven a aclararlo brother. Tal vez no he sido santo de su devoción de Ezequiel Flores y yo creo que por eso saca las notas en Proceso o no sé si lo tomó para hacer eco de la protesta”, expresó Roger Arellano.

A pesar de los testimonios y evidencias, el exalcalde insistió en decir que el miércoles por la mañana no estuvo en Chilpancingo y mucho menos había pasado en un auto azul marino tipo Jetta frente al Congreso y, en consecuencia, eran una mentira los señalamientos sobre la amenaza de muerte contra Ezequiel Flores.

Arellano recordó que en 2012, el semanario Proceso publicó un reportaje de Ezequiel Flores titulado “Guerrero: Contagio narco de autoridades” donde se advierten los presuntos nexos de perredistas de la zona Norte, entre ellos Roger Arellano, con el grupo delictivo La Familia.

Al respecto, dijo que la información que fue confirmada en su momento por el exgobernador Ángel Aguirre, tuvo como propósito dañar su imagen por un tema de “publicidad o para vender más la revista”.

Arellano aseguró que en ese entonces abordó al reportero para reprochar el hecho de la siguiente manera:

“Oye Cheque es injusto y no se vale que me estés calumniando de esa manera, si tienes pruebas preséntalas ante las autoridades pero no se vale que nos estés metiendo en ese rollo porque pones en riesgo a mi familia”.

No obstante, el exdiputado local dijo sin explicar el motivo, que decidió no enviar una carta a la edición del semanario Proceso para deslindarse de los señalamientos públicos que existen en documentos oficiales sobre sus presuntos nexos con la delincuencia.

“Nuca le reclamé, tal vez eso fue lo que le ofendió en ese momento, no se lo hice como amenaza, solo le dije que cuidara los comentarios en la revista”, expresó Roger Arellano para justificar el hecho de no proceder legalmente contra la información difundida hace cuatro años.

Fuente: http://www.proceso.com.mx/429720/niega-rogel-arellano-amenazas-contra-corresponsal-de-proceso-en-guerrero

Amenazan al corresponsal de Proceso en Guerrero

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En el marco de protestas por el homicidio de la periodista de Veracruz, Anabel Flores Salazar, este día el corresponsal de Proceso, Ezequiel Flores Contreras, recibió amenazas por parte del exdiputado local perredista Roger Arellano Sotelo.

Precisamente, un grupo de comunicadores se manifestaba frente el Poder Legislativo del Estado, cuando el también exalcalde del municipio Canuto Neri, Arellano Sotelo, amenazó al reportero en presencia de varios de sus compañeros.

El comunicador se acercó a un vehículo tipo Jetta color azul de donde el chofer le llamó por su nombre, y cuando éste se acercó, con palabras altisonantes el exlegislador lo amenazó.

El reportero dijo en entrevista que el exlegislador le dijo: “¿ya no te acuerdas de mí? Acuérdate de mí, no te hagas pendejo, te va a llevar la verga”.

Por lo que el corresponsal de Proceso consideró grave que “estemos aquí exigiendo garantías y el esclarecimiento del homicidio de una compañera”, y se den este tipo de amenazas.

Y agregó: “yo no tengo ningún problema personal con él, mi trabajo ha sido público y lo que he escrito ha sido simplemente lo que han documentado las autoridades federales”.

Ezequiel Flores, ha sido amenazado en otras ocasiones, por lo que responsabilizó a los tres niveles de gobierno por cualquier agresión en su contra.

Rigoberta Menchu le cobrará al INE 10 md mas IVA por ir a Acapulco

Lorenzo en estos tiempos ninguna persona es un pajarito que vive del aire. Dimelo a mi Rigo, que hasta hasta me tengo que mezclar con gente como tu.

Acapulco, Gro.- La Doctora y Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, confirmó personalmente que sí cobrará al Instituto Nacional Electoral (INE), 10 mil dólares más IVA, por su asistencia a un evento sobre paz y democracia que se celebra este viernes en Acapulco.
De hecho la célebre doctora cobra 40 mil dólares más IVA por evento al que asiste, pero en esta ocasión uno de los copatrocinadores se echo para atrás y los diez mil dólares que faltaban para cubrir sus honorarios, el INE se ofreció a pagarlos de una partida “especial” que ellos denominan como de “capacitación” 

Posteriormente ya en una entrevista con Ciro Gómez Leyva, la Premio Nobel confirmó que la fundación Menchú Tum sí cobrará al INE.

“En estos tiempos ninguna persona es un pajarito que vive del aire, para los trabajos de observación (sic) se realizan muchos gastos”, señaló.

De acuerdo con la columna de Francisco Garfías, en Excélsior, el INE confirmó que Menchú sí cobró los 10 mil dólares mencionados, pero aclararon contra lo dicho por la doctora con Ciro Gomez Leyva, que no fue como pago a su actividad de observadora electoral, ya que eso está prohibido.
Twitter @TiempoGro

El Fraccionamiento Acapulqueño del Horror

  

PRIMERA DE DOS PARTES

Por “El Cocotero” Everardo Monroy.

– ¿Es usted periodista?

Guardé silencio. Tal vez lo dedujo por la libreta de taquigrafía, el bolígrafo y los tres periódicos locales que estaban sobre la mesa.
Desayunaba en el restaurant Hotel Playa Hornos, levantado en la cerrada 18 de marzo, donde me entrevistaría con un regidor porteño que nunca se presentó.

– Aquí trabajo, pero vivo cerca de la base naval de Icacos…

El hombre que tenia al frente, de pie, usaba filipina y mandil blanco. Nada me decía su cara morena, de nariz ancha, bigote crespo y entrecano, como sus cabellos, y ojos pequeños y enrojecidos por el desvelo.

Intentaba reconocerlo.

– Soy amigo de Pedro Huerta… y usted colabora en su periódico y sabía que venía hoy al hotel, me lo dijo Rodrigo…

– A sus órdenes…

– Soy el encargado de la limpieza, pero le pedí permiso al patrón para hablar un momentito con usted.

Tomó asiento en mi mesa, sin que se lo ofreciera y dijo sin rodeos:

– Uno de mis yernos fue levantado por judiciales y temo que ya esté muerto, porque se lo llevaron al fraccionamiento Granjas del Márquez, por el hotel Princess Acapulco… Allá es donde la policía y los militares tienen casas de seguridad y un cementerio clandestino.
Este encuentro ocurrió al principio de octubre de 1980, en el puerto de Acapulco.

– Mire, este es mi yerno y tuvo problemas en su trabajo con un policía judicial.

Y al decirlo, puso ante mis ojos una fotografía a color donde aparecían un hombre corpulento y risueño y una mujer regordeta, de vestido naranja y en chanclas. Se encontraban en una de las tantas playas del puerto.

– Ella es mi hija y tienen tres hijos, aun pequeños…

– ¿Ya denunció el secuestro en la procuraduría general de justicia?

– Rodrigo Huerta me sugirió que hablara con los del Frente Estatal Contra la Represión y en esa estoy, tal vez lo haga al salir del trabajo…

Después de escuchar la historia de su yerno y los problemas que tuvo con un policía judicial, acordamos vernos al día siguiente en las oficinas del periódico Revolución, propiedad de don Pedro Huerta Castillo, y de ahí partir al fraccionamiento Granjas del Márquez.Al despedirnos, se identificó:

– Mi nombre es Filiberto Cano y soy de los Barrios Históricos, donde conocí a Pedro Huerta, pero mi esposa heredó una casita por la Icacos y desde hace diez años dejé mi barrio…

Esa misma tarde le comenté de mi encuentro a don Pedro y tras escucharme sin interrupciones me sugirió que tuviera reservas, porque el asunto de los desaparecidos políticos tenía muy intranquilo al gobernador Rubén Figueroa Figueroa.

Amnistía Internacional, en su último informe, había consignado la desaparición forzada de 348 luchadores sociales en Guerrero. Y todos durante el sexenio de Figueroa Figueroa.

– Nosotros no podemos publicar asuntos de esta naturaleza –aclaró don Pedro -, porque nos exponemos a ser intervenidos por la Secretaria de Hacienda o se nos niegue el papel para la impresión del periódico…

Durante la noche, desde un teléfono público, me comuniqué con don Enrique Maza, uno de los directivos de la revista Proceso. Lo había conocido dos años antes en Cuernavaca, en mis tiempos de subdirector del periódico Noticiero del sur. En esa ocasión fui secuestrado y golpeado por un grupo ultraderechista de Temoac, Morelos y liberado en las cercanías de San Juan del Rio, Querétaro. Mis captores suponían que el obispo de la diócesis de Cuernavaca, monseñor Sergio Méndez Arceo, afín a la Teología de la Liberación, era quien patrocinaba el periódico.

Don Enrique Maza, también sacerdote jesuita, me entrevistó y antes de despedirnos dijo que lo buscara cuando tuviera algún asunto periodístico de interés público.

– ¿Y ya tiene toda la información confirmada? – preguntó don Enrique tras escuchar el asunto del fraccionamiento Granjas del Márquez.

– No, pero mañana voy a iniciar la investigación con el suegro de una posible victima…

– Bueno, cuando tenga el conejo en las manos me habla para cocinarlo. Por el momento son especulaciones…

– Le hablé don Enrique solo para dejar constancia del asunto, por simple precaución de mi parte…

En el viejo Ford 65 de don Filiberto Cano nos internamos al mentado fraccionamiento Granjas del Márquez, construido a escasos diez minutos de la costera Miguel Alemán, entre el aeropuerto internacional y la zona naval de Icacos. Recorrimos a baja velocidad una callejuela polvosa, solitaria y plagada de arboles sedientos.
Don Filiberto frenó el automóvil frente a una casa aparentemente abandonada.

En la fachada sin pintar sobresalían dos ventanales con varios cristales rotos y cubiertos de plástico y cartón corrugado. Ese mismo aspecto se repetía en las casas contiguas de una planta.
Don Filiberto Cano tocó en tres ocasiones el claxon y un hombre, en short y playera percudida, se desprendió de la puerta principal.

– Es un amigo, se llama Alberto y conoce todo lo que aquí ocurre…Él me ha asegurado que mi yerno aquí fue torturado y es posible que aun se encuentre con vida…

Y lo que nos reveló Alberto “N” parecía extraído de una novela de horror escrita por Stephen King.

– Todos los fines de semana entran camionetas con personas atadas de manos y con capuchas en la cabeza y los meten en una de estas casas y los torturan horriblemente. Después que los matan, son arrojados en algunos pozos artesianos que hay en este fraccionamiento y el de Copacabana que se encuentra como a medio kilómetro del hotel Princess Acapulco…

– ¿Y cómo sabe usted tanto de esto? – inquirí sorprendido por los detalles descritos y la seguridad y la verisimilitud que le imprimía a su relato.

– Porque soy policía judicial…

Fuente: http://bajopalabra.mx/2015/05/23/el-fraccionamiento-acapulqueno-del-horror/

Porfirio Leyva Muñoz, secretario del trabajo en Guerrero, incumple ley electoral.

 

¿No era yo?
 

El secretario del Trabajo de Guerrero, Porfirio Leyva Muñoz, acudió al Consejo Político de su partido en horario de trabajo, descuidando sus labores e ignorando las estipulaciones que marca la ley electoral; además, se le vio en compañía del equipo de trabajo de Beatriz Mojica, la candidata de su partido para la gubernatura del estado.

Los acontecimientos tuvieron lugar en las instalaciones del Hotel Crown Plaza del puerto de Acapulco, donde el objetivo de la reunión era celebrar la sesión estatal selectiva en la que el PRD elegiría 81 planillas para candidatos a alcaldías de la entidad.

Cuando el secretario del Trabajo se dio cuenta de que había periodistas en el recinto, se alejó de las cámaras, que ya lo habían fotografiado, y abandonó las instalaciones del hotel.

No es esta la primera ocasión en la que sucede que un miembro del PRD asiste a lugares que por fuerza no deberían visitar, debido al momento político que se vive y los cargos como funcionarios que poseen; de la misma manera, Beatriz Mojica y el administrador del gobierno de la entidad se presentaron juntos al arranque de campaña de Silvano Aureoles, en Michoacán, hecho que tampoco fue bien visto.

  

El oficio de Scherer.

García Márquez y Scherer en el 20 aniversario de Proceso. Foto: Archivo
García Márquez y Scherer en el 20 aniversario de Proceso. Foto: Archivo

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Confrontado con partes esenciales de sí mismo, Julio Scherer García abrió fragmentos de su piel y de su alma, en abril de 2002, al ser objeto de un homenaje entrañable, extendido en un tiempo que parecía interminable, durante la ceremonia en la que recibió el Premio Nuevo Periodismo Iberoamericano, en Monterrey.

No hay crónica verosímil de lo que ocurrió en el Museo de Arte Contemporáneo de la capital de Nuevo León, al mediodía del miércoles 3 de abril. Como no la puede haber cuando se trata de hablar de las insondables profundidades del espíritu de los periodistas auténticos.

En todo caso, poco se puede hacer para transmitir las emociones, sino buscarlas en las palabras de quienes las experimentan.

-No sabes cuánto te quiero, me jodiste -dijo Gabriel García Márquez a Julio Scherer García en el momento de entregarle el premio en el estrado del Marco.

-Gabriel, Gabriel, Gabriel- fue la respuesta, al tiempo del abrazo estrecho y el beso en la mejilla.

A continuación se reproducen las palabras del fundador de Proceso en la ceremonia de premiación. Y un par de ejemplos de la prosa periodística del homenajeado.

Me abruma la expresión “homenaje a un periodista”. Sé de mi piel, conozco mi alma.

En la segunda mitad de 1976, expulsado de Excélsior por un sistema que se soñó imbatible, tuve el impulso de abandonar el trabajo que me acompañaba desde la juventud. Sin ojos para el futuro, pensé en un porvenir de días circulares. Compañeros de entonces y de siempre que rehusaron permanecer una hora más en el diario ultrajado, pugnaron para que siguiéramos juntos. El despojo había sido brutal. No era tolerable la cancelación de un destino común, la vocación truncada.

Aún los escucho, generosos. “Empecemos de nuevo, a costa de los riesgos que vengan”. Su entereza pudo más que mis resquemores y su capacidad creadora mucho más que la rabia estéril que me vencía. Ellos tuvieron los ojos que a mí me faltaron. Así nació Proceso el 6 de noviembre de 1976 en una casa alquilada. Incluida la estufa, la redacción formaba parte de la cocina.

Fue una época que trajo de todo. Comprobé que el dinero mercenario astilla los huesos y la traición los deshace. Valoré la lealtad, poderosa como el amor. Entendí extremos de la condición humana. Dice la frase bíblica que un amigo fiel no tiene precio y en la paradoja que es la vida yo agregaría que los judas tampoco tienen precio.

En nuestro tiempo, dominados por la prisa, decididos a llegar primero a donde sea, pasamos de largo por las palabras. Como si se tratara de un lugar común, recitamos que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Pero al estadista inglés Lord Acton habría que tomarlo en serio. La corrupción absoluta destruye los principios, degrada los hábitos y atenta contra el deseo, la gracia impalpable de la vida. Arriba, en la cumbre donde todo sobra, no se sigue a la mujer con la admirada naturalidad con la que se la mira en la calle, incompleta como el varón, necesitados uno de la otra, complementarios para la dicha. No son éstas las venturas del poder. Sin límite que los satisfaga, los dioses no se divierten.

El reducto que los resguarda y aísla está construido con materiales abominables: el crimen y la impunidad. Ahí está el arsenal para lo que se ofrezca: la información reservada, los instrumentos para ensuciar la intimidad, la amenaza, la tortura, el calabozo, la disuasión por la violencia, la simulación y sus mil disfraces, la intriga permanente, el engaño a toda hora, los modos y maneras para exhumar secretos que protegen el honor. Notables en algún momento muchos de ellos, los hijos del poder se acostumbran a vivir con ventaja sobre todos, expresión ésta de la cobardía que se encubre en la prepotencia.

Hay otros poderes: el show del dolor, el drama individual para el rating, las matanzas como un espectáculo colorido, las drogas a cambio de hombres y mujeres colgados sobre el vacío y sin energía para desprenderse y caer, las fortunas labradas con el sufrimiento de millones y hasta con los cuerpos frágiles de los niños.

La manipulación ordena el mundo. Los pobres están ahí para que los ricos puedan volcar sobre ellos los tesoros de su corazón. A los de abajo ya les llegará su momento, que el mundo, aldea global, también les pertenece. Escuchamos el canto: todos formamos una familia. La cuestión es mantener la esperanza. Se ha dicho que la oscuridad cerrada anuncia la alborada, la tímida luz primera a la que seguirán todos los resplandores del cielo.

Al periodismo no le compete la eternidad. Son suyos los minutos milenarios. Ubicuo, su avidez por saber y contar no tiene medida, maravilla del tiempo.

No obstante conviene reconocer que nuestro oficio tiene una dosis de perversidad: es difícil escapar a la seducción que ejerce, sin punto de convergencia con el hastío. Pero carga también con deberes estrictos.

Perdería su sentido si no recorriera los oscuros laberintos del poder, ahí donde se discute del hambre sin sentirla, la enfermedad sin padecerla, la ignorancia sin conocerla, la muerte prematura como una lánguida tristeza, la depravación como un tóxico en la sangre de los desencantados. Es abominable el terrorismo de las bombas y las torres, como odioso es un mundo paralizado por la enajenación de hombres y mujeres apenas con fuerza para sostener sus huesos.

El terrorismo destruye cuerpos e inteligencias que supieron lo que es vivir y mata a los desdichados que se fueron sin noción de la vida. Tan vil es un asesinato como otro, una masacre como otra, que en la tragedia no existen escalas ni mediciones. Sin la denuncia del terror y las contradicciones que lo provocan, el periodismo quedaría reducido a una deslumbrante oquedad. Habría que agregar que los huecos permiten suplantar la realidad por la apariencia y poner ésta al servicio del poder. A los hechos no se les maneja; a la apariencia, sí.

A Gabriel García Márquez lo reclamamos íntegro para nuestra profesión. Amante del dato preciso como el poeta consagrado a la metáfora perfecta, sabe que el dato preciso evade la mentira y burla el equívoco. Libre su fantasía sin espacio, la somete a la realidad concreta. A la vida no hay para qué engañarla, quizá dijera el Gabo.

A don Lorenzo Zambrano quiero expresarle mi gratitud y a los miembros del jurado decirles que he leído muchas de sus páginas con el concentrado sentimiento que llamamos devoción. Me corre prisa por abrazarlos, reiterarles que se excedieron, que me conmueven, que una emoción así no es peso sino alivio y hasta podría humedecer mi alma.

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Julio Scherer García, una pérdida cultural.

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Esta madrugada, alrededor de las 4:30 horas falleció el periodista Julio Scherer García.

El fundador de Proceso, murió de un choque séptico. Llevaba poco más de dos años enfermo, principalmente de problemas gastrointestinales. En abril, cumpliría 89 años.

El 17 de octubre pasado hizo lo que sería su última visita a la redacción que tanto amó.

Al despedirse, a las puertas de las oficinas del semanario que fue su vida durante sus últimos 38 años, dijo a este reportero, los ojos húmedos, que Proceso había costado muchos sacrificios y trabajo y se despidió intentando una sonrisa.

Prometió, un hilo su voz, que regresaría para el aniversario 38 del semanario. Ya no pudo.

Siempre lejos de los reflectores, renuente a las entrevistas, fiel a su estilo de vida, sus funerales serán privados.

Al inicio de la década de los cuarentas del siglo pasado, antes de cumplir los 18 años, Scherer García ingresó al diario Excelsior. Tuvo una carrera fulgurante. Inició como mandadero de la redacción y unos días antes de cumplir los 22 años ya publicaba en el vespertino Últimas Noticias y un año después en Excelsior, en cuyas páginas se pueden encontrar notas, entrevistas y reportajes bajo su firma, de septiembre de 1949 a abril de 1976.

Julio Scherer asumió la dirección del entonces el diario más importante del país, a los 42 años, el primero de septiembre de 1968. Desde esa posición, acabó confrontado con los presidentes Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y Luis Echeverría (1970-1976).

A su salida de Excelsior, el 6 de junio de 1976, luego de una maniobra orquestada desde la presidencia de Echeverría, junto con decenas de compañeros de aquel diario fundó el semanario Proceso, cuyo primer número apareció el 6 de noviembre de 1976.

Scherer García, quien asumió la dirección de Proceso a los 50 años, nunca dejó la actividad reporteril. El 7 de diciembre de 2014, un mes antes de su muerte, de 88 años, publicó su último texto a propósito del fallecimiento del también periodista y escritor, su amigo, Vicente Leñero.

Considerado el mejor periodista mexicano de la segunda mitad del siglo pasado y de lo que va del actual, Scherer García estudió la carrera de derecho y de filosofía en la UNAM, pero pronto acabó por dirigir todos sus esfuerzos a lo que sería su máxima pasión: el periodismo.

No hubo tema que no tocara: pobreza, menores de edad, desastres, tragedias, conflictos estudiantiles, protestas laborales, religión, grilla política, asuntos internacionales, pintura, literatura y las artes en general, aunque el de la corrupción gubernamental aparece como una constante.

Bajo su dirección, Proceso publicó portadas memorables como aquella titulada El hermano incómodo, del 19 de noviembre de 1994, acompañada de una foto del recientemente exonerado Raúl Salinas de Gortari.

O esa de La casa de Durazo en el Ajusco en julio de 1983, sobre las corruptelas del que fuera jefe de la policía capitalina en el sexenio de José López Portillo, junto a otro reportaje sobre El Partenón, una narco mansión construida para ese siniestro personaje en Zihuatanejo, Guerrero.

Recordada también es la portada de enero de 1983 con el título El refugio de López Portillo en Acapulco, cuyo reportaje en interiores se destacó curiosamente con la cabeza: Una casita blanca de 2 millones de dólares en Puerto Marqués.

El 8 de enero de 1994, el país en un hilo por la declaración de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en la redacción de Proceso se recibió una invitación del EZLN dirigida a Scherer García para que este, junto con la Premio Nobel, Rigoberta Menchú y el obispo Samuel Ruíz, fungieran como intermediarios ante la eventualidad de un diálogo con el gobierno.

La respuesta del entonces director de Proceso lo pintó de cuerpo entero:

“Agradezco la inclusión de mi nombre al lado del obispo Samuel Ruiz y de la señora Rigoberta Menchú. Sin embargo, mi condición de periodista me obliga a la imparcialidad, difícil de sostener en la doble condición de mediador y cronista de los acontecimientos que vivimos. Debo, pues, cumplir exclusivamente con las reglas de mi profesión”.

Julio Scherer García escribió un total de 22 libros entre 1965 y 2013. Después del primero, titulado Siqueiros: La Piel y la entraña (1965) (FCE 2003), debieron pasar 19 años para publicar el segundo, el inolvidable Los Presidentes (Grijalbo 1986).

El director fundador de Proceso y hasta su muerte, presidente del Consejo de Administración de CISA, la empresa que edita el semanario, se ocupó en sus libros de expresidentes, de la matanza de Tlatelolco, de las cárceles, de sus más renombrados presos, de los presidentes de Chile, Salvador Allende y Augusto Pinochet, y de temas como el de los secuestros y la delincuencia de menores de edad, así como en un par de ellos, a su vida, su única, de periodista.

Después de Los presidentes escribió:

El poder: historias de familia (Grijalbo 1990); Estos años (Océano 1995); Salinas y su imperio (Océano (1997); Cárceles (Alfaguara 1998); Parte de Guerra, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 1999); Máxima seguridad (Random House Mondadori 2001); Pinochet, vivir matando (Alfaguara 2000 y Nuevo Siglo-Aguilar 2003); Tiempo de saber: Prensa y poder en México, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 2003); Los patriotas. De Tlatelolco a la guerra sucia (Nuevo Siglo Aguilar 2004); El perdón imposible (FCE) (Versión ampliada de Pinochet, vivir matando); El indio que mató al padre Pro (FCE 2005); La pareja (Plaza & Janes (2005); La terca memoria (Grijalbo 2007); La reina del Pacífico (Grijalbo 2008); Allende en llamas (Almadía 2008); Secuestrados (Grijalbo (2009); Historias de muerte y corrupción (Grijalbo (2011); Calderón de cuerpo entero (Grijalbo 2012); Vivir (Grijalbo 2012) y Niños en el crimen (Grijalbo 2013).

Scherer García recibió en 1971 el premio María Moors Cabat y en 1977 fue reconocido como el periodista del año por Atlas Word Press Review de Estados Unidos.

En 1986 se le entregó el premio Manuel Buendía 1986 y dos años después rechazó el Premio Nacional de Periodismo, que en ese entonces entregaba el presidente de la república en turno.

En 2001 recibió el reconocimiento Roque Dalton y en el 2002, quizá el reconocimiento que más lo conmovió: el Premio Nuevo Periodismo CEMEX-FNP, promovido por el escritor Gabriel García Márquez, en la modalidad de homenaje.

Un año después, aceptó el Premio Nacional de Periodismo, cuando su organización y entrega se había ciudadanizado.

Ya el 20 de marzo de 2014 recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

Y el 3 de octubre pasado, otorgada por el Proyecto Cultural Revueltas, recibió la medalla John Reed por su trayectoria periodística y sus contribuciones a la libertad de expresión.

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