Teorías conspirativas, nostalgia del Imperio y armas: quién es el príncipe que está en el centro de la trama golpista en Alemania
Heinrich XIII Reuss, descendiente de una familia noble con una historia que se remonta a más de ocho siglos, debía ser investido nuevo líder si el plan de los “Ciudadanos del Reich” hubiera tenido éxito

Un príncipe alemán, conocido por su deseo de revivir la monarquía del país y rechazado por su propia familia por considerarlo un “viejo loco”, ha aparecido como figura central de una supuesta trama golpista.

El príncipe Heinrich XIII Reuss, descendiente de una familia noble con una historia que se remonta a más de ocho siglos, debía ser investido nuevo líder de Alemania si el extraño plan hubiera tenido éxito, según las autoridades.

Pero el miércoles fue detenido, junto con otros presuntos conspiradores, entre ellos un ex diputado de extrema derecha y ex soldados, en una operación masiva a escala nacional llevada a cabo por miles de fuerzas de seguridad alemanas.

Se trata de presuntos miembros de los “Ciudadanos del Reich” (“Reichsbürger”), un movimiento ideológico que agrupa a extremistas de extrema derecha y entusiastas de la conspiración.

Las autoridades creen que los presuntos sediciosos planeaban asaltar el Parlamento y habían esbozado los detalles de su nuevo gobierno.

Heinrich XIII, empresario inmobiliario, fue detenido en su residencia de Frankfurt y conducido al exterior por policías enmascarados.

El príncipe, de 71 años, no había intentado ocultar sus opiniones extremas, que coincidían con la creencia del movimiento “Reichsbuerger” en la continuidad del Reich o imperio alemán anterior a la Primera Guerra Mundial bajo una monarquía.

En un incoherente discurso pronunciado en una conferencia en Zúrich en 2019, lamentó la abdicación del emperador alemán en 1918 e insistió en que la actual república alemana era ilegítima.

Se refirió a la “llamada República Federal de Alemania” y dijo que el país estaba “siendo controlado en base a estructuras administrativas instaladas por los Aliados después de la Segunda Guerra Mundial”, quienes también habían escrito la constitución.

El castillo de la conspiración

La detención de Heinrich conmocionó a Bad Lobenstein, la aldea de la región de Turingia donde el príncipe tenía un castillo en el que supuestamente conspiró con otros para derrocar al gobierno.

Turingia es el estado donde los nazis ganaron el poder localmente por primera vez hace más de 90 años, antes de pasar a establecer el Tercer Reich. En esta región la familia aristocrática de Heinrich había gobernado una franja de tierra. Muchos seguidores de la teoría de la conspiración apoyada por el príncipe se encuentran en el sureste de esta zona.

El escándalo causó alboroto entre los habitantes de la región, una zona turística en el que edificios de piedra y las agujas de las iglesias medievales salpican paisajes ondulados de pinares y lagos.

“Nos mantienen bastante ocupados”, dijo Andree Burkhardt, concejal de la localidad, al diario New York Times. “Pero nunca hubiera imaginado que tuviéramos aquí una escena tan militante”.

Burkhardt contó que cada vez que él y sus colegas instalan un puesto en el mercado local para escuchar las preocupaciones de los vecinos, acaban enfrentándose a un torrente de insultos de la gente, que insiste en que trabaja para un país que no existe.

“Nos gritan y nos dicen: ‘No somos alemanes. No estamos en un Estado alemán de verdad. No somos más que una sucursal de una GmbH’”, explicó, refiriéndose a las siglas alemanas de una sociedad de responsabilidad limitada.

El malestar en Bad Lobenstein empezó a crecer en julio, cuando llegó una carta a los buzones. Estaba salpicada de signos de exclamación y mayúsculas, y en ella se les instaba a utilizar un sitio web para inscribirse como ciudadanos de la Casa de Reuss. (Los títulos nobiliarios se abolieron tras la Primera Guerra Mundial, pero muchas antiguas familias reales siguen ávidamente su linaje).

“¿Usted también tiene la sensación de que algo en este país no va bien?”, decía la carta. “¿Sabía que en realidad no estás en posesión de ninguna ciudadanía, que en realidad es apátrida y no posee ningún derecho?”.

A las pocas horas de recibir la carta, Burkhardt se dio cuenta de que no era el único que la había recibido, sino todos los 6000 habitantes habitantes del pueblo.

Habló entonces con Peter Hagen, editor del periódico local de Bad Lobenstein, quien también había comenzado a observar con suspicacia las actividades del príncipe.

“Pensé: Tal vez deberíamos investigar esto. Así que lo denunciamos a la agencia de inteligencia nacional. Nos dijeron: ‘Estamos en el caso’. Y creo que, sinceramente, se lo tomaron más en serio que yo”, contó Burkhardt al NYT.

Burkhardt dijo que le inquietaba la cantidad de simpatizantes locales de las creencias del Reichsbürger que expresaban añoranza por los días de la Alemania comunista y despreciaban al actual gobierno alemán, desacreditado a sus ojos.

Una residente local, que no quiso dar su nombre, dijo al NYT que le gustaba el príncipe, que parecía “noble”. No estaba segura de si el complot de los Reichsbürger para utilizar la violencia era correcto o no. “Pero creo que muchos de nosotros tenemos esa sensación”, dijo. “Es que, bueno, aquí tiene que pasar algo”.

Ese sentimiento se ha acentuado desde la pandemia, cuando empezaron a proliferar las teorías de la conspiración. Ahora, enfrentados a una crisis energética y la creciente inflación, crece el rencor en las regiones más pobres del este de Alemania, y las élites gobernantes pueden ser un blanco fácil.

Ballestas, rifles y munición

Los servicios de inteligencia llevaban vigilando al príncipe desde el otoño de 2021.

El jueves, el jefe de la policía federal, Holger Muench, declaró que el grupo de extrema derecha que estaba detrás del plan estaba fuertemente armado y suponía una amenaza real.

Entre los detenidos había “una peligrosa mezcla de personas con convicciones irracionales, algunas con mucho dinero y otras en posesión de armas”, declaró a la emisora ARD.

En las redadas del miércoles se encontraron armas como ballestas, rifles y munición. Veinticinco personas fueron detenidas en las redadas, mientras que otras están siendo investigadas por sus vínculos con el grupo.

Tras el atentado, el ministro del Interior alemán planea endurecer las leyes sobre armas para dificultar el acceso de los extremistas a las mismas.

Ya en dos ocasiones este año, el grupo parecía dispuesto a actuar: una a mediados de marzo y otra en septiembre, lo que puso en alerta máxima a los organismos de seguridad, pero cada vez lo pospuso, según los servicios de inteligencia.

El príncipe reclutó apoyos no sólo en círculos de extrema derecha próximos al ejército. También buscó aliados entre otros aristócratas, viajando a Austria y Suiza para cortejar a la nobleza germanoparlante y obtener donaciones para financiar su complot, dijeron al New York Times funcionarios familiarizados con sus viajes. Con el dinero recaudado, su grupo compró teléfonos por satélite para comunicarse sin red durante y después del golpe planeado. Los teléfonos se encontraron en el castillo durante la redada.

Heinrich XIII también se puso en contacto con diplomáticos rusos, ayudado por una novia rusa más joven, a la que los fiscales sólo han identificado como Vitalia B. En varias ocasiones, ella facilitó las reuniones, aunque los fiscales dicen que no tenían pruebas de una respuesta rusa.

El líder

No está claro cuándo y cómo se radicalizó Heinrich XIII, según los servicios de inteligencia. Vivía en el acomodado barrio de Westend, en Frankfurt, donde trabajaba como agente inmobiliario y asesor.

Tras la reunificación alemana, Heinrich XIII pasó años librando batallas legales para recuperar la propiedad de las casas solariegas y logias familiares que habían sido nacionalizadas en la antigua Alemania Oriental comunista. Finalmente, Heinrich XIII tuvo que recomprar su residencia en Bad Lobenstein, ornamentada con sus jabalíes de piedra tallada y una torre de aspecto gótico.

Cuando el año pasado empezó a pasar regularmente los fines de semana en Bad Lobenstein, ya estaba muy metido en el movimiento Reichsbürger. Pero sus tendencias antisemitas y su interés por las teorías de la conspiración están bien documentados.

Los descendientes de la noble familia llevan mucho tiempo intentando distanciarse de él.

El príncipe es “desgraciadamente un viejo loco”, declaró a la AFP el actual jefe de la familia, el príncipe Heinrich XIV Reuss, añadiendo que habían cortado los lazos con él 14 años antes.

“No hay ningún contacto con esta oveja negra de la familia”, aseguró.

El jefe de la casa, que reside en Austria, se declaró “muy conmocionado” al conocer la supuesta implicación de su pariente en el plan para derrocar al Gobierno.

“Es muy malo para la reputación de la familia, sin duda”, añadió.

Por otro lado, hubo opiniones divergentes sobre la gravedad real de la trama.

Un comentario del diario Sueddeutsche Zeitung advertía de que sería ingenuo calificar al grupo de “chiflados”.

Entre los conspiradores había “profesores, médicos, empresarios…. Son personas que deberían ser pilares de la democracia”.

Sin embargo, el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung advirtió de que no había que “dejarse llevar demasiado”, pues nada hacía pensar que el complot hubiera tenido éxito.

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