Con un precio de este producto que ya alcanza 28 pesos por kilo en el país, y que costaba hasta 17 pesos cuando recibió el gobierno López Obrador, se muestra la escalada que afecta a otros insumos como el trigo y los fertilizantes. De tener que implementar subsidios en productos, como se hizo en las gasolinas, el costo superaría 2% del PIB.

La receta económica del presidente Andrés Manuel López Obrador no está saliendo de acuerdo con lo esperado, y puede fracasar. Los ingredientes que se están sumando a este escenario de riesgo son: ingresos de dólares por exportaciones y remesas estarían en peligro ante un menor crecimiento de la economía de Estados Unidos; el freno en el dinamismo económico global derivado de la persistente inflación; las disrupciones en las cadenas de suministro; los rebrotes de Covid a escala global, y el reciente conflicto geopolítico en la zona euroasiática que detonó una invasión de Rusia a Ucrania.

Especialmente la guerra ha puesto en peligro las exportaciones de productos agrícolas y los fertilizantes, a energéticos e insumos industriales, que son clave desde esa región del mundo para otros países, incluido México.

Si bien la inflación estaba presionando la estrategia económica del gobierno, la crisis en Ucrania escaló el problema. En lo que va de este año, el maíz ya se encareció un 23.66%, y de esta cifra, sólo por el conflicto, aumentó 12%. En el mismo tenor, se encuentra el trigo, cereal que ya subió 24.7% desde que comenzó el ataque. Son productos que son la base de la alimentación, básicos en México para producir la tortilla y el pan, pero que también se ocupan en la alimentación de ganado, lo cual creará un efecto dominó en los alimentos, como los lácteos, el huevo, y en los embutidos, sólo por mencionar entre los que más consumen los mexicanos.

›Otro ingrediente son los fertilizantes. El año pasado, derivado de la fuerte demanda de productos, se dio una sobredemanda global de fertilizantes, que alcanzó un récord que equivalió al 244% de incremento acumulado en su precio durante 2021.

Ya para este 2022, los importes de los fertilizantes se han incrementado nuevamente un 29%, únicamente como consecuencia del conflicto bélico en Ucrania. Rusia es el mayor exportador de fertilizantes nitrogenados, y el segundo de potásicos y fosforados, que son fundamentales para la agricultura en todo el mundo.

A esto hay que sumar un fenómeno que comienza ya a reportarse en el territorio, y que en Palacio Nacional ha obligado a por lo menos dos reuniones de primer nivel, para atenderlo: la sequía en el centro y norte del país. Aunque no se han hecho los cálculos de las posibles pérdidas de cultivos y carnes, se considera al interior de la Secretaría de Hacienda como un tema de alta preocupación.

La disminución de ingresos para la administración pública y el incremento de precios en todos los insumos coloca en grave riesgo al gobierno mexicano para contar con los recursos suficientes para cubrir los costos de sus programas sociales y de sus obras insignia, como el Tren Maya, Dos Bocas, los aeropuertos y el Transísmico.

Escasez y encarecimiento

A Rusia y a Ucrania se les consideran los graneros de Europa, y, un menor flujo de productos agrícolas desde esos países implicaría que se tengan que incrementar los suministros desde otras naciones dedicadas al cultivo, como Estados Unidos, Argentina, Brasil o China, principalmente, ya que son de los mayores productores agropecuarios en el mundo.

Ucrania prácticamente dejó de exportar sus productos y ese faltante no se ha cubierto y ya está pesando en países de Europa, especialmente. Algunos organismos internacionales ya anticipan serios daños económicos por este hecho y advierten que los efectos actuales se agudizarán en los próximos meses debido a la aplicación gradual de las sanciones económicas a Rusia y su contrarespuesta.

El faltante que se tendrá en productos esenciales provenientes de esa región, traerá consigo también altos precios para pagar por ellos y enfrentarse a una escasez, ya que las producciones actuales están acorde a la demanda constante que tiene cada una de naciones, tanto para consumo interno como para exportaciones. Es decir, no podrán cubrir los aumentos de la demanda que se darán, al menos en este ciclo de cosecha, a lo que hay que sumar el existente problema de abasto de fertilizantes que podría extenderse aún más ante la amenaza rusa de cortar las exportaciones como la contraofensiva a los castigos que se le han imputado por la invasión a Ucrania.

En materia de insumos del campo, el presidente López Obrador no ha trazado públicamente algún plan para frenar la posible crisis, como lo hizo con la gasolina, que está siendo subsidiada; o como con el gas LP, que frenó los incrementos de las compañías gaseras con un precio máximo y la creación de Gas Bienestar en 2021.

En el tema de fertilizantes se debe considerar que Rusia aporta en total 15.6% de todas las exportaciones. Entre las estrategias de la nación euroasiática está el disminuir los suministros de fertilizantes al mundo, con ello afectaría a un gran número de países, como México, Brasil y Argentina, sólo por mencionar el continente Americano, que golpearía la producción agrícola, tanto para consumo propio como para las ventas al extranjero. Eso sería un grave impacto para la economía de México, en lo interno como en lo externo, ya que el año pasado se tuvo un superávit de mil 645 millones de dólares en la balanza agroalimentaria, con un total de 21 mil 448.7 millones de dólares en exportaciones, una cifra récord que podría peligrar ante una menor producción por no tener lo necesario para lograrlo.

Relacionado a lo anterior, también se presentaron los precios más altos en alimentos básicos en el mercado nacional durante el año pasado. Un desabasto de fertilizantes es una amenaza latente que podría llevarnos a una crisis tanto económica como alimentaria. El director general de Petróleos mexicanos (Pemex), Octavio Romero Oropeza, señaló que se rehabilitarán tres plantas productoras de fertilizantes en el país, y el gobierno piensa tener una producción de 352 mil toneladas este año. Sin embargo, nuestro nación consume 3.5 millones de toneladas anuales; es decir, que el plan gubernamental sólo podría producir el 10% de lo que se necesita y el resto tendría que importarlo de algún lugar.

América Latina ya pidió a Rusia que no restringiera las exportaciones de fertilizantes a esta región, mientras que el presidente López Obrador mencionó que no dejará de exportar desde Rusia, aunque eso dependerá mucho de las sanciones económicas y la decisión de la propia nación euroasiática, y no sólo de un deseo expreso.

Una serie de sanciones económicas tanto de Occidente, así como una respuesta a ellas de parte de Rusia podrían restringir el flujo de productos clave para cadenas de producción alimentarias e industriales a nivel global.

Nuevo decaimiento económico

La Reserva Federal ha ajustado su previsión del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos para este 2022, de una proyección de 4% que realizó el pasado 26 de enero, la bajaron a 2.8%, cifra que aunque sigue siendo de crecimiento afectará a los bolsillos de los trabajadores en ese país, entre ellos los mexicanos que envían dólares a sus familias en México.

Las remesas durante el año pasado rompieron todas las marcas en los registros que lleva el Banco de México, y el gobierno ha previsto que este 2022 se supere la marca con creces que dejó 2021. Cabe rescatar que los cálculos que México tiene, se hicieron con base en proyecciones pasadas, con un mayor crecimiento económico del vecino del norte, y una inflación que caería por debajo del 3%, y tendería a converger con la meta del 2% en 2023, por lo que tendrá la administración lopezobradorista que recalcular ante los cambios hechos por la Reserva Federal y ajustarse a una nueva realidad que al menos públicamente, no desea aceptar.

Las autoridades financieras y monetarias estadounidenses han señalado que ante las disrupciones más prolongadas en la cadena de suministro global prevén que la inflación llegue a 4.3% para cerrar este año. El crecimiento y la inflación, dos fundamentales de la economía de Estados Unidos bajarán las expectativas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, porque significa que los consumidores estadounidenses gastarán más por menos productos, y eso dejará un menor margen para enviar dinero a sus familias en otras regiones, además de que la compra de productos podrían debilitarse, lo que se filtraría en las cadenas de producción mexicanas.

Los serios problemas en el suministro de materias primas que ya estaban afectados por la logística colapsada ante la gran demanda desprendida de la recuperación económica tras la crisis de la Covid-19, se le suman los efectos de la guerra y las sanciones económicas que están impidiendo, tanto de Ucrania como de Rusia, un flujo adecuado de abastecimiento a sus clientes y demandantes.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que el actual conflicto en tierras ucranianas costará un punto porcentual del Producto Interno Bruto global, que sería el equivalente alrededor de 900 mil millones de dólares, un poco más del valor del PIB de todo México que se obtuvo en 2021.

En el mismo escenario, la Agencia Internacional de Energía, la que se encarga de auditar y proyectar la producción y consumo de energéticos en el mundo, prevé un colapso en los próximos meses como resultado de las sanciones que impedirán a Rusia proveer de su petróleo y gas a sus clientes, principalmente de Europa del Este, y esto traerá graves afectaciones a las industrias que ya se enfrentaron el año pasado a interrupciones por la falta de energía y una de las más grandes inflaciones en décadas, lo que podría repetirse en menos de un año por lo que está sucediendo con el conflicto bélico y sus consecuencias.

Precios similares a los de la crisis de 2008

En México ya se resiente en otros sectores, más allá del alimenticio, como el automotriz, que actualmente está pasando por una de sus peores crisis por falta de chips que es una consecuencia de la alta demanda y las rutas de suministro colapsadas. Este problema se agudizará más por otros implementos que son esenciales para construir autos y que provienen del territorio euroasiático, como es el platino y el paladio, que son fundamentales para los autos a gasolina en sus sistemas para minimizar los gases con efecto invernadero.

Pero no es todo, productos de la canasta básica ya presentan aumento de precios debido a los incrementos en el trigo, soya y maíz, tanto para consumo humano como para ganado. También este efecto se ve en el precio de los aceites comestibles, harinas, féculas y otros productos básicos y usados para la producción de otros de mayor valor. Estas materias primas están sufriendo alzas en los importes por presiones desde el exterior, y que se han agudizado por el conflicto y por cuestiones propias de nuestro país, como la poca atención al campo, la falta de agua y la escasa tecnología para tener mejores rendimientos en las cosechas.

Las cifras del Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados (SNIIM), así como de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) revelan incrementos importantes en el valor del kilo de tortilla entre enero y esta semana de marzo.

El mayor incremento en la tortilla —del 31 de enero al 16 de marzo, lapso de las mayores tensiones geopolíticas y estallamiento de la guerra—, se refleja en los precios en Guadalajara, con un 25% más; seguida de Hidalgo, con un 11%; y con un aumento de un 10%, Colima y Piedras Negras, Coahuila.

Además, se puede observar que en Hermosillo, Sonora, el kilo de tortilla alcanzó los 28 pesos; en Mexicali, Baja California, se promedia en 24 pesos, al igual que en Acapulco, Guerrero.

En resumen, de los 32 estados de la república, en 19 ha aumentado el precio del alimento básico de la dieta del mexicano, y no se ve ningún plan maestro para contenerlo.

El maíz, debido al conflicto reciente se elevó a un máximo de nueve años, y esto se ha trasladado en costos altos en las importaciones de los países dependientes, entre ellos México.

Y al parecer los importes no cederán, al menos durante este año, es lo que se puede observar en los contratos a futuro en el mercado de materias primas de Chicago, que es el referente para el precio en el comercio global que indica cotizaciones cercanas a los máximos alcanzados recientemente para el resto de 2022 y una ligera caída hacia 2023, pero que quedará aún lejos de los importes de 2021.

El Banco de México dio a conocer los resultados del reporte sobre las economías regionales al cuarto trimestre, donde para los encuestados lo más preocupante era la inflación, cuando aún se desconocía todo el contexto de la guerra.

A los representantes de las empresas de las diferentes regiones se les consultó sobre los tres principales factores que podrían obstaculizar el crecimiento de la actividad económica en sus respectivas entidades en los próximos seis meses. El norte, el centro y el sur del país, dijeron que lo más preocupante es la inflación, seguida de las condiciones externas, y en tercer sitio las condiciones económicas internas.

Asimismo, en todas las regiones del país, la mayoría de los directivos encuestados anticipan que los precios de venta de los bienes y servicios que ofertan, así como los precios de los insumos y los costos salariales tenderán a aumentar a una tasa igual o mayor en 2022, respecto a las cifras de 2021, es decir, prevén mayores presiones inflacionarias.

Energéticos, un problema latente y costoso

El presidente López Obrador ha reiterado que los precios de los energéticos no subirán más que la inflación, los que ha contenido con grandes subsidios que le están costando al erario público cerca de 41 mil millones de pesos, al corte entre el 1 de enero y este 19 de marzo.

De continuar los precios como hasta hoy, y el gobierno prolongue las subvenciones en los combustibles, al ritmo que se tienen en este momento, le podrían costar alrededor de 335 mil millones de pesos en este 2022; es decir, el 5% de lo que planeaba gastar en la Ley de Egresos de la Federación 2022, o el equivalente a casi el 2% del PIB que se tuvo en 2021.

Al momento, con los excedentes petroleros, el presidente está haciendo la jugada para los combustibles, pero el resto de la economía está desamparada, lejos de la recuperación de una crisis que nos trajo la Covid-19 y que un gran número de personas que sufrieron la enfermedad han quedado con secuelas en la salud que podrían sacarlas del mercado laboral, con un alto costo al que se enfrentarían por la alta inflación, el desabasto y servicios de salud precarizados.

Apenas hoy, Carlos Torres Vila, presidente de BBVA, advirtió que la guerra desatada por Rusia en Ucrania puede provocar un “nuevo orden mundial”, por las repercusiones estructurales que tendrá este conflicto “en la economía, condicionando la relación entre bloques y el comercio internacional”. Un efecto, sostuvo, que va más allá de “los impactos inmediatos” en la inflación y el crecimiento del PIB del planeta.

Publicado en Eje Central