El gobernador de Guerrero y su secretario de salud.

Primero fueron cuatro personas en el estado de Jalisco, una de las cuales tuvo contacto con un extranjero en Puerto Vallarta.

Luego, una mujer, originaria de Tampico, que pasó las fiestas de fin de año en Acapulco en compañía de su hija, residente en Monterrey, que antes había departido con una amiga que llegó del Reino Unido.

Y ayer, una persona en San Luis Potosí, sin antecedentes de viaje.

¿Qué tienen en común todos esos casos de covid? Una mutación del SARS-CoV-2, denominada E484K, que se ha hecho presente en las tres principales variantes del coronavirus, las cuales han provocado un aumento de contagios y han mostrado visos de resistencia a anticuerpos.

Las variantes británica, sudafricana y brasileña tienen preocupada a la comunidad científica desde finales del año pasado. Varios gobiernos nacionales han adoptado medidas para detectar los casos e intentar contener la propagación.

El 25 de enero le conté aquí cómo fue descubierta la primera de esas variantes en el sureste de Inglaterra, que se había propagado rápidamente por el condado de Kent y la zona metropolitana de Londres.

Para esas fechas, los casos de esa variante tenían como principal mutación la N501Y, que mejora la afinidad del virus con la enzima conversiva de la angiotesina-2 (ECA2), el receptor usado por el patógeno para invadir nuestras células. Sin embargo, a principios de este mes, las autoridades de salud en el Reino Unido encontraron y publicaron que la mutación E484K se había hecho presente en un conjunto de casos.

Pero ¿qué es la E484K? De acuerdo con un documento de la Sociedad Mexicana de Virología, se trata de un cambio de ácido glutámico (E) por lisina (K) en la posición 484 de la cadena de ARN, el código genético del virus.

“El ácido glutámico es un residuo de carga negativa (…) mientras que la lisina es un residuo de carga positiva. Este amino protonado se encuentra en una zona flexible del RBD (dominio receptor obligatorio, situado en el pico que permite el atraque con las células) y tiene la posibilidad de acercarse al ácido glutámico situado en la posición 75 del ACE2, produciéndose una fuerte interacción por cargas”, se explica en el documento.

“La mutación puede tener dos consecuencias: 1) una mayor afinidad por la ACE2, que se traducirá en una mayor infectividad, y 2) un cambio conformacional en un bucle flexible del RBD, que puede tener como consecuencia el escape a anticuerpos generados en las primeras infecciones, disminuyendo la efectividad de fármacos diseñados a partir del RBD original”.

El lunes pasado, las autoridades sudafricanas detuvieron el inicio de la aplicación de la vacuna anticovid de AstraZeneca, justamente, por temor a que no respondiera con suficiente eficacia a la variante descubierta en ese país, que cuenta entre sus mutaciones a la E484K.

Varios especialistas e incluso la propia OMS estuvieron en desacuerdo con la decisión de Sudáfrica pues, después de una infección o de recibir la vacuna, los anticuerpos que producimos no atacan una sola parte del virus, sino varias. La reducción de la efectividad de las vacunas dependerá de qué tanto se apoya el sistema inmune en anticuerpos que atacan ese sitio. Los estudios al respecto muestran resultados mixtos.

Lo preocupante de las variantes y sus mutaciones es lo rápido que han avanzado en convertirse en predominantes. Por ejemplo, la británica, conocida como B117, está presente en 70 países, entre ellos en Estados Unidos, donde se duplica cada diez días y espera que sea la variante dominante en poco más de un mes. De acuerdo con un reportaje aparecido ayer en The New York Times, se encuentra en 33 estados, incluyendo los cuatro que colindan con México. Encima de eso, la sudafricana ha sido detectada en tres estados y la brasileña –que también contiene la mutación E484K– en dos.

Eso debiera llevar a las autoridades mexicanas a no confiarse y realizar pruebas de manera agresiva, así como una secuenciación del genoma sistemática y no sólo casual, además de insistir en el uso de cubrebocas de alta filtración y tener mayor control sobre quienes entran al país. Creer que la pandemia va en una bajada consistente, luego del pico que produjeron las fiestas de fin de año, es correr un gran riesgo.

Por Pascal Beltran – Excélsior.