Lo importante de este supuesto encuentro, es cómo surge y se integra a la historia patria, añade el historiador de la UNAM/ Un posible origen del relato está en el oficio de Tomás de Cagigal al comandante general del sur José Gabriel de Armijo, Taxco, con fecha del 18 de marzo, añade

“El episodio del Abrazo de Acatempan no es verificable documentalmente. Lo interesante es cómo surge, con qué intenciones se da a conocer originalmente y luego cómo se integra a ese relato maestro de lo que podríamos llamar la historia patria”, expresa Rodrigo Moreno Gutiérrez, historiador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El abrazo que supuestamente se dieron Agustín Iturbide y Vicente Guerrero hace 200 años, las partes militares de aquellos días refirieron la unión de ambos contingentes el 14 de marzo y las cartas intercambiadas por Guerrero e Iturbide, en las semanas previas, muestran que no había ocurrido el encuentro.

“En la unión física en la amistad de dos contrarios, buscó simbolizar no sólo el nacimiento de un nuevo movimiento independentista sino de la nación que tendría que nacer por la unidad y la fraternidad de dos sujetos que habían combatido antes; por eso hay tanta tinta empleada con respecto a ese episodio y por eso existe una tradición narrativa y estética que incluye diálogos y hasta representaciones pictóricas y escultóricas”, indica.

El también autor del libro La trigarancia. Fuerzas armadas en la consumación de la Independencia. Nueva España, 1820-1821 menciona un posible origen del relato sobre el Abrazo de Acatempan: el oficio de Tomás de Cagigal al comandante general del sur José Gabriel de Armijo, Taxco, con fecha del 18 de marzo.

Cajigal era un oficial que desertó de las filas iturbidistas para combatirlas y quien reportó un encuentro entre las tropas de Guerrero y las de Iturbide en Acatempan, Guerrero, el 14 de marzo.

“La intención de Cajigal era difundir que Iturbide, muy a su pesar, había quedado como subordinado de Guerrero. Con esa intención, fragmentos del comunicado fueron publicados en la Gaceta del Gobierno de México el 24 de marzo en un apartado que llevó por título Un sugeto que observa las operaciones del sedicioso Iturbide ha dado á este superior Gobierno las noticias siguientes”, detalla.

El hecho de que apareciera en la Gaceta es muy revelador, añade, porque interesaba al gobierno virreinal que todo mundo conociera que ese movimiento no representaba amenaza a la estabilidad del gobierno virreinal ni a la monarquía española. “Buscó tranquilizar los ánimos de los lectores haciendo ver la traición de un oficial y no el surgimiento de un levantamiento de nuevo cuño capaz, por ejemplo, de conciliar intereses y agrupaciones supuestamente antagónicos”.

¿ITURBIDE PACIFISTA? Rodrigo Moreno Gutiérrez plantea que la lógica de guerra y una red de milicias y personajes dieron vida al proyecto independentista.

-¿Iturbide puso fin a la guerra de forma pacifista?

Iturbide encontró en las fuerzas virreinales el ámbito propicio para construir una trayectoria y una carrera exitosa, esto lo hizo al amparo de prácticas cuestionables desde el punto de la vista de la actualidad y de la sociedad que la sufrió, su paso por Guanajuato se convierte en el escenario principal de sus actuaciones como jefe del ejército del norte, con episodios de altísimos niveles de violencia y represión a la sociedad local.

“Las prácticas represivas, tratar al enemigo como rebelde y sedicioso que se le puede dar muerte sin ninguna objeción, fueron los recursos con los que la trayectoria de Iturbide y de muchos otros creció”, responde.

Además, el hecho de que el estado independiente se haya creado como consecuencia de un conflicto armado, provocó que buena parte de esas fuerzas se convirtieran en la dirección política de una nueva estructura de poder, añadió el historiador.

“Iturbide simboliza eso. Sería inexplicable el triunfo del movimiento de independencia de 1821 sin su figura y sería más inexplicable sin el cuerpo de oficiales que conocen cómo funciona la diversidad de las fuerzas armadas, que saben sus deficiencias, sus exigencias y su capacidad”, destaca.

La otra parte no es desdeñable, expresa Moreno Gutiérrez: los insurgentes que permanecían en activo con mecanismos armados vinculados a la guerra de guerrillas, donde el símbolo es Guerrero.

“Pero no son sólo esos dos grupos, también está la red de milicias urbanas y rurales que se llamaron realistas y que a partir de 1820 trataron de convertirse en milicias nacionales constitucionales ubicadas en cada pueblo. Lo que llamamos consumación de la Independencia se puede explicar entendiendo la configuración y funcionamiento de una estructura armada muy compleja, hasta cierto punto rudimentaria y problemática no únicamente en la Nueva España sino en toda la América Española.”, señala.

Lo que ocurrió hace 200 años no es únicamente el relato patriótico de la ruptura de cadenas y el nacimiento de un México libre, aclara el historiador.

“Más bien, la estructuración de complejos problemas de articulación del poder comunitario, la gestión de la violencia, la exposición permanente a la guerra, y así es como, en efecto, nace es el estado nacional independiente con nombre de imperio mexicano de 1821, pero está condicionado por la violencia sostenida por 10 años y también por un conjunto de actores colectivos que, a lo largo de la guerra, llegaron para quedarse, y cuyas prácticas moldearon buena parte de la política mexicana del siglo XIX”.

Publicado en La Crónica