Por Bruno Jesntet.

Hace treinta meses los mexicanos cansados y desesperados fueron a las urnas y llevaron a la presidencia de su país a un demagogo resentido y vengativo que está destruyendo todas las instituciones y la infraestructura creada a un elevado costo durante los últimos cien años.

Vemos un México cada vez más entregado a las fuerzas armadas que ya dominan los más importantes proyectos del actual gobierno , desde el reparto de libros de texto, la construcción y operación de sucursales del Banco del Bienestar , el aeropuerto de Santa Lucia, el tren Maya , la refinería de Tres Bocas hasta el control de Aduanas y Puertos Marítimos, y últimamente el manejo y aplicación de las vacunas contra el COVID-19.

En un enloquecido viaje al pasado López Obrador le apuesta a proyectos fallidos que van en contracorriente a la realidad : un aeropuerto nuevo cuando los vuelos han caído hasta un 80%; un tren Maya donde no hay ni habrá turistas que lo hagan rentable ; una refinería de petróleo cuando la gasolina va de salida por la llegada de los autos eléctricos, y para colmo el regreso al uso del carbón en la generación de energía eléctrica.

Cada día se gobierna a base de ocurrencias y ante cualquier observación o crítica López Obrador se sale de sus casillas y arremete con toda su furia para descalificar y ofender a quien no le rinda elogios y obediencia ciega.

Al observador extranjero le cuesta trabajo ver la pasividad y la apatía de la población mexicana que no reacciona ante la destrucción de sus vidas y la aniquilación de su futuro.

De no surgir algo o alguien que canalice el enorme descontento de gran parte de la población , el futuro de ese país será de anarquía y de muerte.

Que Dios perdone al noble pueblo mexicano por haber cometido el error más grande de su historia.