Las playas en Acapulco, Guerrero, lucen llenas de gente que no usa cubrebocas ni mantiene una sana distancia ante las miradas indiferentes y pasivas de las autoridades.

Y mientras esto sucede en Acapulco e Ixtapa, el gobernador Héctor Astudillo, no deja de pedir a los ciudadanos usar cubrebocas y respetar la sana distancia, pero su discurso luce gastado, cuando él mismo se ha convertido en el principal promotor del desorden, al cambiar el semáforo del color naranja al amarillo en el peor momento de la pandemia.

Actualmente en Zihuatanejo, Acapulco y Chilpancingo la ocupación hotelera es ya del 70% y no del 50% como en el resto de los municipios de Guerreo.

Una vez más Guerrero poniendo el mal ejemplo a nivel nacional, mientras otros estados como Morelos o la CDMX responsablemente pusieron sus estados en color rojo, aquí en Guerrero le abrieron las puertas de par para al desmadre y al coronavirus.

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