Astudillo cambió su visón de la pandemia tras haber vivido y superado en carne propia el COVID.

El gobernador de Guerrero ha llegado a la siguiente conclusión, ¿quien es él para ponerle puertas al campo? Y lo ha dejado muy claro el día de ayer al afirmar: “Yo no veo un mecanismo de cómo cerrar las puertas al estado para que no vengan quienes normalmente (sic) piensan venir”.

Lamentablemente para su suerte, la pandemia del coronavirus no puede ser contenida por su célebre política ficción o por ideologías chabacanas, ni tampoco por un enfoque solamente económico.

Diez meses después del surgimiento de la pandemia, Astudillo sigue sin entender que los imperativos económicos con los de salud, no son compatibles en estos momentos y que dejar que lo político o lo económico impulsen sus motivaciones a expensas de la salud y de la vida de muchos seres humanos, causará aún más daños tanto a corto como a largo plazo.

Hoy más que nunca Héctor Astudillo parece estar atrapado en un laberinto, en donde un día dice una cosa y otro día hace otra muy diferente, consiguiendo con esto sembrar muchas dudas con sus contradicciones, su falta de firmeza y su falta de acción.

Pero el gobernador lejos de rectificar sigue pegando palos de ciego, ya que todos los días se reúne con un pequeño grupo de colaboradores para continuar guiándonos a través de la pandemia, pero eso si, con muchos desatinos porque la actual situación ya se ha convertido en un desastre económico, político y de salud pública en Guerrero.

Es tan crítica la situación para Astudillo que es difícil aceptarla, quizás por eso se pregunte en algunas ocasiones: ¿Por qué nuevamente volvemos a ser uno de los estados más castigado por la pandemia?

Pero las respuestas a sus planteamientos se le están terminado, una vez que ya ha repartido un sinnúmero de culpas que incluyen a la ciudadana por no acatar las medidas de salud que ha dictaminado su gobierno.

Soberbio y caprichoso como suele ser en ocasiones, no se ha dado cuenta que todo este tiempo tenía la respuesta mucho más cerca de lo que pensaba: ya que nada ha facilitado la propagación del virus en Guerrero tanto como su propia incompetencia.

Aún así ha optado por poner nuevamente el semáforo en color amarillo en Acapulco e Ixtapa Zihuatanejo durante la temporada vacacional, jugándose de esta manera su capital político y asumiendo que en el mes de enero se podrá lavar las manos, después de repartir culpas a la sociedad por no haber respetado los lineamientos de salud trazados por su gobierno.

Porque para Astudillo la culpa siempre será de la sociedad, nunca de los políticos, ni de aquellos que han hecho durante estos últimos cinco años de Guerrero un estado precario e irracional. Extrañamente estos personajes que no son capaces de aceptar sus errores ni de comportarse a la altura de las circunstancias, ahora pretenden que los habitantes se comporten como ciudadanos ejemplares.

La Puntilla

Interpretando los dichos y silencios de los últimos meses de Astudillo, es preciso entender que existe un pacto miserable en la casta política de Chilpancingo por el cual, pase lo que pase con el covid-19, la culpa será siempre de la sociedad y no de los políticos a cargo de gobernar.

Elecciones 2021

Revertir la mediocridad en la política local para el sucesor de Astudillo, requerirá de profundas reformas que deben comenzar por la educación y cuyos beneficios podrían demorarse muchos años. Pero nada impide empezar por medidas más concretas en Guerrero que frenarían un poco la degradación de la vida pública.

Hay más que nunca necesitamos un cambio de giro urgente y como sociedad responsabilizar directamente a los dirigentes estatales por sus fracasos y que estos tengan consecuencias políticas en las urnas el próximo año.

En la próxima elección del 2021 no deberíamos olvidar a los responsables del gobierno actual por el desastroso manejo de la pandemia del coronavirus.

Twitter @TiempoGro