Por Ruth Zavaleta.

Los escenarios de los partidos políticos para enfrentar exitosamente el proceso electoral de 2021 son limitados. Pueden ir por su lado cada uno o repetir y mejorar la experiencia de la coalición con la que participaron en el proceso electoral de 2018. Recordemos que, en ese entonces, el proceso electoral fue entre puras coaliciones encabezadas por: Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC), José Antonio Meade (PRI-Verde) y Andrés Manuel López Obrador (Morena-PT-PES).

En ese contexto, no se entiende mucho la reacción del actual presidente de la República respecto a la previsible coalición PAN-PRI-PRD en 158 distritos electorales federales (61 donde el candidato sería el PAN, 53 del PRI y 44 del PRD), si él mismo utilizó una coalición en el pasado proceso electoral y ahora cuenta con una sobrerrepresentación legislativa en el Congreso de la Unión, a partir de sus alianzas con actores que en el pasado estuvieron aliados con quienes siempre fueron sus adversarios.

De hecho, no es la primera vez que los partidos buscan coaligarse para lograr mejores resultados electorales, para muestra basta recordar que diversos estados de la República han sido gobernados por personajes que logran sendas alianzas en torno a ellos, como Baja California, Guerrero, Morelos, Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Si bien es cierto que estos gobiernos se produjeron a partir de las alianzas del PAN-PRD-MC, principalmente, ahora se suma el PRI dentro de esta estrategia (y tal vez, MC vaya solo). Al parecer, las alianzas ya empiezan a producir sus frutos. Tal es el caso de Sonora, en donde según la encuesta de Massive Caller, el candidato aliancista va arriba de las preferencias electorales frente al de Morena. Quizás, esto último haya estimulado al Presidente de la República para decidir opinar al respecto de la Coalición y, con ello, transgredir las normas electorales. Pero más allá de las reacciones del titular del Poder Ejecutivo están los intereses de la nación y por ello, es apremiante la necesidad de que los partidos políticos actúen unidos.

Las elecciones de 2021 significan la oportunidad de construir el indispensable contrapeso al poder presidencial que se requiere para proteger la democracia y frenar el sometimiento de las instituciones. De hecho, fue la actuación unida de las fracciones parlamentarias lo que logró una presencia mayoritaria en el Congreso de la Unión —desde aquella elección presidencial de 1988—, la que determinó la consolidación del Estado democrático que, aun con sus imperfecciones, garantizó la alternancia del Poder Ejecutivo desde el año 2000 y la conformación plural del Poder Legislativo en el ámbito federal y estatal.

También fue esa unidad parlamentaria la que permitió crear organismos autónomos o lograr su autonomía, como fue el caso del Banco de México, para garantizar que no se siguieran produciendo crisis económicas por las decisiones autoritarias y frívolas de los presidentes del pasado. Cualquier votación que afecte esa autonomía, tal , y como sucedió esta semana con la reforma votada en la Cámara de Senadores, es contraria a los intereses de los mexicanos, porque puede poner en riesgo la débil viabilidad económica en la que se encuentra el país.

Lamentablemente, un Poder Legislativo permisivo a la exclusiva voluntad del Poder Ejecutivo, es un órgano lesivo y peligroso para los ciudadanos. Así lo demuestra la transformación de algunas normas y el cambio de rumbo de algunas políticas públicas en materia de seguridad pública, de fondos económicos y de procuración de justicia, por ejemplo, en materia de salud pública dentro de la coyuntura por la pandemia. La negligencia manifiesta de los integrantes de la mayoría de LXIV Legislatura no podrá medirse a partir de las víctimas del covid 19 (ése será el costo del Poder Ejecutivo), pero sí a partir del análisis comparativo entre lo que hicieron los diversos órganos del Poder Legislativo en otros países y el nuestro.

Mientras la jefa de Gobierno Angela Merkel conmueve al mundo porque llora por la muerte de 500 alemanes, aquí en México, las cifras de las últimas dos semanas son de hasta más de 900 muertos diarios y, el Congreso de la Unión, no se ha ocupado por exigir una política eficiente de contención del virus y prevenir la muerte de miles de mexicanos; se han conformado con escuchar las fechas alegres del calendario de aplicación de una vacuna que aún no tenemos. Por estas y otras razones más, en medio de un gris panorama, la coalición PRI-PAN-PRD es una buena noticia.

Publicado en El Excélsior.