Por Luis CuestaTiempo de Guerrero.

Mientras la nación se cansa de las cuarentenas, el aburrimiento y la soledad, los mismos políticos que regularmente rompen las reglas cuando quieren o les conviene; condenan a algunas empresas pequeñas o medianas como los restaurantes entre sus negocios preferidos para lavarse las manos de sus desatinadas medidas para controlar la pandemia.

La hipocresía que prevalece entre nuestros políticos los hace creer que tienen el derecho moral de dictar decisiones y reglas detalladas contra los dueños de estos negocios que luchan día con día por mantener sus negocios abiertos. De hecho el sector más golpeado en nuestro país por la pandemia han sido precisamente los restaurantes, especialmente los independientes.

Sin acceso a las mismas opciones de financiación que las grandes cadenas corporativas, los propietarios de restaurantes independientes tras un largo periodo de permanecer cerrados al público, abrir posteriormente limitados con reducción de horarios y aforos limitados, están finalmente tirando la toalla y lamentablemente continúan cerrando sus puertas por todo el país.

Pero esto es algo que no les importa mucho al gobierno federal, gobernadores y presidentes municipales, ya que lejos de apoyar a este sector continúan aplicando restricciones radicales sobre ellos, en un intento desesperado por frenar la escalada rápida de casos de coronavirus. Pero, ¿de verdad tiene sentido centrar el debate en este tipo de negocios pese a ser, sobre el papel, uno de los lugares menos peligrosos en términos de contagio?

Los gobiernos estatales y sus secretarios de salud intentan cada semana decirnos que los restaurantes son centros de contagio, pero no han presentado ninguna evidencia científica de sus afirmaciones. ¿Cuál es la razón para continuar castigando con todo tipo de reglas absurdas a un restaurante que no puede operar a más del 30 o 40 por ciento de su capacidad y que además son de los negocios en donde mejor se respetan las normas de salud? y ¿Por qué no aplican de manera más enérgica esas medidas en algunas tiendas como Home Depot, Sam’s o Walmart que son espacios cerrados en donde se recibe a cientos de personas cada hora y que apenas cuentan con medidas de seguridad e higiene básicas?

Tan solo hay que darse una vuelta por alguna tienda departamental para observar la cantidad de gente que se reúne en ese tipo de tiendas sin que se respete algo tan básico como la sana distancia. Y aunque es cierto que los cubrebocas no se pueden usar de manera efectiva mientras se come y bebe, y que las compras y otras actividades en interiores no excluyen el uso de los cubrebocas, aún usando correctamente un cubrebocas después de treinta minutos en una tienda, centro comercial o un supermercado cerrado con ventilación artificial, el riesgo de contagio es muy alto.

Pero no contentos con todas las restricciones que ya se le exige a la mayoría de los restaurantes en la CDMX y Morelos, el pasado lunes empezaron a implementar otra drástica medida: la restricción de la venta de alcohol.

La nueva disposición en la CDMX marca que los restaurantes no deberán vender bebidas alcohólicas a partir de las 19:00 horas y que solo darán servicio en mesa hasta las 22:00 horas, una medida que sin duda afectará aún más el cierre de año de estos negocios que además tienen que cumplir durante este mes con el pago por ley de los aguinaldos para sus empleados.

Francisco Hernández Alonso, presidente nacional de Canirac, indicó que regresar a semáforo rojo en la CDMX sería un golpe del cual muchos restaurantes ya no podrían recuperarse.

“En nuestra industria estamos sufriendo estragos, pérdidas y cierres de lugares de forma permanente. Esto por supuesto afecta a miles de familias que dependen de nuestros restaurantes como son nuestros colaboradores y todas las personas que hay detrás de la cadena productiva de cada mesa servida. Por eso debemos evitar un nuevo cierre de la economía o medidas restrictivas que condenen a los restaurantes de todos tamaños a cerrar sus puertas definitivamente”, informó en una videoconferencia de prensa Hernández Alonso y señaló que hasta el pasado mes de octubre a nivel nacional 90 mil restaurantes tuvieron que cerrar sus puertas y se prevé que esta cifra aumente hasta 122 mil negocios para fin de año.

Los Secretarios de Salud tienen que entender que además de todos los obstáculos que ya le ponen a la industria restaurantera, estos tienen que fomentar una nueva cultura de higiene y convivencia con sus clientes, para que estos sean corresponsables y apliquen las debidas medidas de sanidad. Una misión que sin duda no está siendo nada fácil ni tampoco barata, ya que los gastos de estos establecimientos en productos de limpieza, capacitación y aplicación de protocolos han aumentado considerablemente durante el presente año y continuarán haciéndolo al menos durante el primer semestre del 2021.

Es por eso que estoy completamente en desacuerdo con la reducción de horarios en establecimientos que cuentan con espacios abiertos y pongo en duda la efectividad de limitar la venta de bebidas alcohólicas, ya que está comprobado que este tipo de medidas no tienen ningún efecto significativo en la reducción de movilidad o de contagios por COVID-19 y que por el contrario, generan más clandestinaje entre la sociedad.

Algunas de estas normas son sin duda un abuso de poder, pero lo peor es qué están apuntando a objetivos equivocados, ya que no se trata de restringir o de prohibir sino todo lo contrario, ya que se debe buscar ayudar a todos los negocios afectados por esta pandemia para que puedan operar bajo protocolos de saneamiento y distanciamiento social lógicos, pero siempre con fundamentos científicos y no bajo las ocurrencias chabacanas de algunos Secretarios de Salud. Como en el caso de Guerrero con el secretario Carlos de la Peña Pintos, que sin tener pruebas científicas y concisas acusó a los bares y restaurantes de ser los responsables del aumento de contagios por COVID en esa región, otra ocurrencia más de este ineficiente secretario de salud.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_