Falló el cálculo del doctor Hugo López-Gatell, pero más de cien mil muertos después no hay que olvidar que el propio subsecretario de Salud advirtió que, a partir de octubre, las cosas con el covid-19 se pondrían mucho más serias por la temporada de la influenza y demás enfermedades respiratorias típicas de fin de año. Al principio de la pandemia se dijo, no sin razón, que la situación se asemejaba a una guerra, pero en un conflicto bélico nadie les pregunta a los ministros de defensa cuántas bajas tienen proyectadas.

No es sencillo sobreexponerse, como lo ha hecho López-Gatell, con una conferencia de prensa diaria sobre un virus del que apenas los expertos tienen las primeras luces para combatirlo y, al mismo tiempo, recibir los reparos sobre los faltantes de medicamentos diversos y vacunas de la influenza en los centros de salud, por ejemplo, situación de la que el subsecretario no puede más que acusar recibo y gestionar la eventual queja a las áreas competentes. De ahí que, en ocasiones, al subsecretario lo hayan sacado de sus casillas para gozo de sus rivales políticos. Pero en ésas andamos en este país. No importan más de cien mil muertes mientras se pueda sacar partido. Como decía Terencio, “nada humano me es ajeno”.

Queda la sensación en estos largos meses de este año maldito que hay un Dr. Gatell y un Mr. Hyde. Nadie lo duda, pero qué puede hacer el sector salud ante las imágenes en varios puntos del país durante el pasado puente, con la gente abarrotada en las playas de Acapulco o en los centros comerciales para aprovechar las promociones del Buen Fin. Marcha mal la economía, pero aparentemente el consumismo lleva mano.

Con el coronavirus, las actividades no esenciales son la danza de la muerte. Y así, por desgracia, ha sucedido cada fin de semana largo, por no mencionar las fiestas con numerosos asistentes, bodas y cumpleaños incluidos, como si nada. Basta ver las páginas de sociales para darnos una idea de que algo falla. Ante ese escenario sólo nos resta tener el Jesús en la boca con las posadas y las reuniones de Navidad, ya a la vuelta de la esquina.

Por Fernando Islas – Publicado en El Excélsior.