Decenas de familias, la mayoría procedentes del centro del país, disfrutan las apacibles aguas de la playa Tlacopanocha, en la zona tradicional del puerto de Acapulco, donde ignoran el riesgo de contagiarse de Covid-19.

La sana distancia se respeta muy a fuerzas en Tlacopanocha, donde cuatro filas de 20 sombrillas cada una, dispuestas sobre la franja de arena, conforman un pequeño oasis para familias completas, a las cuales los comerciantes con cubrebocas ofrecen productos vacacionales y comida.

A estas fuentes de trasmisiones de coronavirus se suma la indiferencia de los visitantes en periodos vacacionales.

El seguimiento de las medidas sanitarias es desigual. La mayoría de los prestadores de servicios procuran usar cubrebocas, lo que no hacen los bañistas.

La situación es parecida en la playa Revolcadero de la zona Diamante. Decenas de familias se aglomeran bajo palapas atendidos por trabajadores con cubrebocas.

Ayer, el gobernador priísta Héctor Astudillo Flores destacó que cada fin de semana surgen en Guerrero rebrotes de Covid-19. Aseguró que las cifras de ocupación hospitalaria no reflejan la realidad ni la gravedad porque los aquejados prefieren recuperarse en sus casas, pero existe evidencia del crecimiento de contagios luego de los días de mayor afluencia turística.

La presidenta municipal Adela Román Ocampo informó ayer que durante una operación realizada la noche del sábado, en la cual participaron burócratas de dependencias municipales, efectivos del Ejército Mexicano, de la Marina y de la Guardia Nacional, al igual que policías estatales y locales, fueron dispersadas más de 300 personas que departían en una fiesta, se clausuraron dos bares que tuvieron aforos excesivos y también fue cerrado un jardín de fiestas que incumplía con las disposiciones sanitarias.

Con información de La Jornada