México superó la barrera de los 60 mil muertos por Covid-19, es decir, un escenario que el 4 de junio pasado el líder del equipo antipandemia, Hugo López-Gatell, había calificado como “muy catastrófico” y que pocos expertos suponían que podría ocurrir.

El más reciente reporte divulgado este sábado colocó a México entre los países más lastrados por la peste, al contabilizar 556 mil 216 contagios (1,2%+) y 60 mil 254 fallecimientos.

Con 1.2 millones de pruebas realizadas (una de las cifras más bajas del mundo, el país registra una tasa de letalidad de 10.8% (el doble del promedio a nivel global).

Según el Instituto de Medición y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, Estados Unidos (IHME), el 3 de septiembre México completaría los 70 mil fallecimientos, el 1 de noviembre las 103 mil y para diciembre alcanzaría los 130.000.

La autoridad sanitaria había anticipado hace unas semanas que preparaba un “Plan B” para darle un nuevo giro a la epidemia, pero hasta ahora no se ven signos claros de ese cambio.

Hace unos días, López-Gatell señaló que la peste de Covid-19 está “en fase clara de descenso” y que “están disminuyendo los contagios en todo el país”.

La cara visible de la lucha del gobierno contra el coronavirus señaló que casi todo el país disminuyen los casos” y las muertes registran un descenso sostenido desde hace más de seis semanas, en tanto los hospitales “están en proceso de desocupación”.

Los estados donde siguen encendidos los “focos rojos” son Nuevo León, Guanajuato, Veracruz, Jalisco y Tabasco, entre otros. 

La estrategia gubernamental para frenar los contagios ha sido duramente cuestionada por los expertos tanto por la falta de pruebas de diagnóstico masivas como por el escaso énfasis en el uso generalizado de cubrebocas.

En México, segundo país de América Latina y tercero en el mundo con mayor mortalidad por Covid-19, el gobierno “trató de controlar la epidemia desde el escritorio y ha sido omiso” en sus acciones en la materia, señaló el especialista Rafael Lozano, de la Universidad de Washington.

Lozano, director de Sistemas de Salud y Análisis Estratégico del IHME, señaló que el gobierno “nunca se atrevió a predecir un escenario pesimista”.

Otro experto, Jorge Flores, economista del Instituto Tecnológico Auitónomo de México (ITAM) señaló que las proyecciones fueron superadas porque el gobierno al inicio usó “modelos matemáticos anticuados, diseñados para la influenza”.

Además, indicó que la autoridad “subestimó el contagio” y se dio un gran “subregistro” de los casos.

Otros especialistas creen que el gobierno cometió el error de iniciar la desescalada antes de tiempo, cuando debió extender un mes más el confinamiento, justo en las primeras cuatro semanas en que la gente comenzó a salir a las calles otra vez se aceleraron los contagios y las muertes.

El otro error fue que los máximos responsables de atacar la pandemia, López-Gatell y el presidente Andrés López Obrador se han negado insistentemente a aparecer en público sin una máscara facial, lo que ha representado la proyección de un “mal ejemplo” hacia sus compatriotas.

David Contreras, especialista en ciencias de datos y consultor de la firma Aporta, consideró que el gobierno mostró proyecciones “muy conservadoras”, con el ánimo de evitar generar temor entre los ciudadanos, lo que “le restó credibilidad”.

Ante el temor de volverse a equivocar, López-Gatell ha evitado en las últimas semanas volver a formular vaticinios.

Sin embargo, los especialistas creen que ese también es un error, porque el gobierno “no puede eludir información sobre lo que va a suceder en el futuro”, como indicó Lozano.

La Organización Mundial de la Salud, a través de Mike Ryan, jefe de emergencias, criticó el número limitado de pruebas practicadas por el gobierno y señaló que “la positividad” de los exámenes realizados “es muy alto”, hasta de 50%.

Asimismo, hizo notar que “hay una gran diferencia de mortalidad entre los distritos más ricos y las municipalidades más pobres”. 

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