Brian Chesky, de 38 años, puede decir sin temor a equivocarse que las ideas surgen de una necesidad. Ahora es el director ejecutivo de una empresa que hasta hace pocos meses parecía no conocer los límites y estaba cambiando el ADN de las ciudades en casi todos los rincones del mundo: Airbnb, la mayor plataforma de alquiler de viviendas entre particulares. Eso por no hablar de sus ingresos millonarios. En 2018 la compañía estaba valorada en 31.000 millones de dólares (casi 26.400 millones de euros), daba trabajo a 9.800 personas y los gobiernos de medio mundo buscaban fórmulas para regular su actividad. La pandemia lo cambió todo. Los viajeros se quedaron varados y con ellos la actividad de la empresa.

Ahora los críticos de la empresa observan de cerca sus próximos movimientos, especialmente cuando en el horizonte planea la salida de la firma a bolsa. Sus cuentas aseguran que fue rentable en 2017 y en 2018, pero que en 2019 perdió 674 millones de dólares respecto a los ingresos estimados de 4.800, según los analistas. 2.020 no pinta tampoco bien después de meses de parón.

A pesar del temor al contagio, Chesky cree que el impulso hacia alojarse en “hogares” sigue vigente y confía en los nuevos protocolos de limpieza que han establecido para calmar el miedo de los huéspedes, algo que en realidad deja muchas dudas entre los analistas, ya que tanto en USA como en America Latina se han comprobado muchos casos de contagios de personas que han rentado una propiedad habitada por otra familia.

Sin embargo algo más ha quebrado en Airbnb.

En un artículo publicado por The New York Times a mediados del mes pasado se retrataba a la empresa como una forma de representación de un idealismo sincero en el que su CEO hablaba de principios y personas frente al cortoplacismo de otras empresas que cotizan en Wall Street. Algo de eso cambio, durante el mes de mayo, cuando Chesky se sentó frente a su ordenador, se dirigió a sus miles de empleados, y a pesar de sus lágrimas, anunció que había que despedir a 1.900 trabajadores. Se les había dicho que pertenecían a una familia, donde se evaluaba la empatía, se celebraban los triunfos y se cantaba cumpleaños feliz cuando tocaba. En ese momento muchos de esos mismos empleados sintieron que esa familia era otro trabajo más y no el edén prometido.

Las críticas arreciaron pero Chesky sigue siendo optimista y en julio comunicó a sus empleados que se iba a reanudar el trabajo para que la compañía cotizara en bolsa.

La gran duda es si AIRBN podrá seguir siendo redituable cuando varios legisladores en diferentes países intentan ahorcarla por sus abusivas políticas y poca claridad en sus pagos de impuestos.

En México por ejemplo la crisis no solo ha pegado a los arrendatarios de renta fija a largo plazo, sino también alcanzó a los anfitriones de espacios para alquiler de corta estancias a través de Airbnb, Booking o Flipkey, entre otras aplicaciones digitales de hospedaje.

En la CDMX incluso se propone una nueva iniciativa de ley que podría ser el primer paso para que Airbnb quede prohibida.

Impulsada por la diputada de Morena, Leticia Estrada y presentada el pasado 15 de julio, esta iniciativa buscar cambiar la ley de propiedad en condominios, en la que quedaría prohibido el alquiler de casas y departamentos de hospedaje como Airbnb y similares.

A decir del documento relacionado con esta propuesta, en el artículo 17 se explica que los habitantes de la CDMX no podrán utilizar su propiedad privada “en contravención a su destino y uso de suelo autorizados”, así como tampoco podrá servir  para otros fines que no estén establecidos en la escritura del inmueble.

Un duro golpe en un momento complejo

De aprobarse esta ley, Airbnb podría perder un mercado importante cuando menos en Latinoamérica.

Esta iniciativa podría agravar la crisis por la que atraviesa la firma en todo el mundo a causa de los estragos que la emergencia sanitaria dejó en su negocio.

En un a entrevista para la cadena de televisión CNBC, Brian Chesky, CEO de la plataforma de hospedaje aseguró que a causa de la crisis que dejó la emergencia sanitaria, se tradujo para la compañía en la perdida del trabajo de 12 años en apenas seis meses.

Estas declaraciones llegan en un momento en el Airbnb ha reportado pérdidas importantes incluso antes de medir el impacto global y total de la pandemia.

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