Por Pablo Cabañas Díaz.

Hubo un tiempo en que el mundo identificaba a México con Acapulco, era uno de los lugares favoritos de Hollywood y lo fue por mucho tiempo. Miguel Alemán, en su sexenio de 1946 a 1952 inició los grandes proyectos de lo que sería un gran destino turístico mundial. Al arrancar la década de los sesenta el jet set estadounidense y de otras latitudes pierde en Cuba su paraíso tropical del Caribe, y se vienen al puerto que se convierte en el gran destino del Pacífico, junto con Hawái. Fue famoso por su Reseña Mundial de Cinematografía que tenía como escenario el Fuerte de San Diego, en el que se organizaron grandes eventos que aparecían en los noticieros de las salas de cine y en las principales revistas de Estados Unidos y Europa, hasta que en 1968, se puso punto final a la llegada de artistas, millonarios e invitados especiales a las que se sumaba la visita del presidente de la República en turno.

En pocos años, de los 60 a los 80, Acapulco se convirtió en una ciudad sobrepoblada y desordenada. En 1990, cuando se construye la carretera del Sol, Acapulco ya había dejado de ser viable económicamente. De los 90 a la fecha, el puerto es la ciudad mediana del país con menor crecimiento poblacional, sólo 0.9 por ciento. Su economía basada en construcción, comercio minorista y un turismo de bajo costo.

Queda en el recuerdo cuando en 1947 la revista Time dedicaba un artículo al presidente de México Miguel Alemán, con el sugerente título de “Good Friend”, el texto daba cuenta del proyecto económico de Alemán, que no era otro que el de la modernización del país. Después de dedicar algunas páginas a elogiar al presidente, se hacía una advertencia: “Después de cinco meses en la presidencia, Alemán no ha olvidado cómo relajarse y divertirse”. En efecto, el presidente pasaba los fines de semana en Cuernavaca, o bien en la casa que Ramón Beteta tenía en Acapulco. Alemán regresaba a trabajar el lunes por la mañana, pues según él “México tuvo su Revolución… Es tiempo de ir a trabajar”. Acapulco era el sitio en donde Alemán paseaba en yate, practicaba el golf y vacacionaba en su magnífica residencia ubicada en Puerto Marqués, “de un piso… con techos pintados de un verde vivo” según el reportaje de Time.

A la revista Time, se sumó Harper’s y National Geographic que dedicaron múltiples páginas a la promoción del lugar paradisiaco. Empezaron a llegar a Acapulco celebridades como Cary Grant, John Wayne o el mismo presidente John F. Kennedy con su esposa tomarían vacaciones en el puerto sureño.

Acapulco fue el lugar de moda para los estadounidenses en el turismo de la década de 1950 como se aprecia en las guías turísticas escritas sobre nuestro país. En 1959 el profesor de español y de Filosofía en la Universidad de California, John A. Crow, publicó su libro intitulado Mexico Today. El libro de Crow, a medio camino entre la recuperación histórica y la guía de viajes, definía a México como una nación que, a través del mestizaje, había formado una “fascinante y única cultura moderna”, una cultura “más extraña que Europa”. El autor, aseguraba conocer México profundamente, consideraba que “Acapulco era un centro urbano de la misma importancia que las ciudades de México, Monterrey y Guadalajara, las cuales habían adquirido un “aire de modernidad y pulcritud” que les faltaba hacía veinte años”. En tanto que el gobierno era estable y la economía sólida, estos sitios eran muestra de la prosperidad del país. “La gente de México vive mejor, come mejor y se siente mejor que nunca antes en su historia”. Crow aseguraba que parte de la modernidad acapulqueña se debía, sin duda, a la llegada masiva de estadounidenses a la costa.

En el mismo sentido se expresaba John Wilhelm en su libro Guide to All Mexico, publicado en 1959. que afirmaba haber vivido seis años en nuestro país, hacía, al igual que Crow, un recuento histórico para convencer al lector de la utilidad de su guía de viaje. Wilhelm dedicaba un capítulo de los quince que componen su publicación al puerto de Acapulco; la primera frase, “Acapulco está en el trópico”, da el cariz de las 25 páginas dedicadas al puerto. El autor definía a Acapulco como una de las diez mejores playas en el mundo para los estadounidenses.  Para Wilhelm, “es mejor desayunar junto a una hermosa alberca que pasar el tiempo espantando las moscas que se acercan a tu comida”, decía el autor. En cuanto a la cantidad de estadounidenses, el autor de manera escueta argumentaba: “ Acapulco les gusta tanto como a mí”.

El cine también contribuyó a la creación de ese imaginario acapulqueño. Entre 1950 y 1970 se realizaron diez películas cuya trama principal se desarrollaba en Acapulco. Directores tan renombrados en la época como Emilio el Indio Fernández (Acapulco, 1951) y Alejandro Galindo (Sucedió en Acapulco, 1952) contribuyeron a proyectar la imagen de un puerto a la vez exótico y moderno, divertido y lleno de aventuras. Estados Unidos participaría también con las películas Fun in Acapulco (1963), protagonizada por Elvis Presley, Acapulco Spies (1977) y Acapulco Gold (1977). primera gran producción internacional que se grabó en Acapulco fue la cinta de cine negro del gran Orson Welles, La dama de Shangai (1947), historia en la que un marinero irlandés, interpretado por el mismo Welles, trabaja recio en un yate (sí, un gringo chambeador invade Acapulco), a las órdenes de un inválido casado con una mujer seductora hasta la punta del popote del coco con ginebra, quedando atrapado en una patética maraña de intrigas y asesinatos. Según Ricardo Garibay, Acapulco era un lugar lleno de luces durante el día, y un antro farandulero por la noche, esa fue la visión del escritor en los años setenta del siglo XX en su famoso libro titulado: Acapulco.

Publicado en Al Momento