Por Pablo Hiriart.

Detrás del berrinche de John Ackerman porque no pudo poner incondicionales en la lista de aspirantes a consejeros del INE, hay una precandidatura presidencial.

Ese equipo que ganó la presidencia y asumió el poder en diciembre de 2018, ya se cuartea en grupos. Van a terminar como enemigos.

Los Ackerman-Sandoval son insaciables y no conocen de reglas. Menos de democracia. Van por todo y tienen un equipo fuerte y visible.

Hace unas semanas John Ackerman demandó “la remoción inmediata” de Ricardo Monreal al frente de la coordinación de Morena en el Senado, porque en una entrevista con Carlos Loret le dijo que lo respetaba.

¿Quién es Ackerman para exigir la remoción de alguien en el Poder Legislativo?

Nadie. Sin embargo habla por una corriente al interior de Morena, en la que se alinean los sectores radicales de esa heterogénea amalgama partidista que se formó al cobijo del liderazgo de López Obrador.

Quieren a Martí Batres como coordinador en el Senado, porque es de su equipo y están alineados tras la misma candidatura presidencial.

Batres se refirió en estas páginas a que “pronto habrá presidentas de la República progresistas, sin presidente honorario del DIF ni primer caballero”.

El que sepa leer, que lea.

Ackerman quiere reventar la selección de candidatos a cuatro plazas de consejeros del INE, porque no salieron sus incondicionales.

Ese grupo insaciable también quiere controlar el órgano electoral autónomo.

Sesenta y seis diputados de la corriente a la que pertenece Ackerman presionan para que “se reponga el proceso”.

¿Por qué razón?

“No huelen a pueblo” los seleccionados, dice Ackerman.

No les importa que el Comité Técnico haya elegido, por unanimidad, a nueve de diez hombres y ocho de diez mujeres. Hubo un encomiable profesionalismo entre los integrantes del cuerpo de selección, porque son gente honorable.

En San Lázaro, Dolores Padierna –vicecoordinadora de Morena– y otros 65 legisladores se hicieron eco de la demanda de Ackerman, y buscan anular el proceso de selección porque en las listas no hay peones suyos, como esperaban.

Cuatro días antes Irma Eréndira Sandoval se quiso colgar la medalla de la repatriación de Emilio Lozoya. Se dijo orgullosa de haber participado en ponerlo ante la justicia.

¿Qué tuvo que ver ella? La investigación la hizo la UIF y la negociación de testigo protegido fue obra de la FGR.

El cuñado de Ackerman –hermano de la secretaria de la Función Pública, Pablo Amílcar Sandoval– realiza un proselitismo grosero e ilegal para ser candidato a gobernador de Guerrero.

Ocupa el puesto de (súper) delegado del gobierno de AMLO para operar los programas sociales de la Federación en esa entidad, y sus empleados hacen que la gente necesitada repita y memorice su nombre.

Se ve en un video al empleado de Pablo Amílcar Sandoval, en una asamblea con gente humilde, decirles quién es el benefactor de lo que reciben.

Parece una escena de la China en época de Mao. Y este Mao es el cuñado de Ackerman y hermano de Irma Eréndira.

Les dice a los beneficiarios:

“El responsable de todos los programas sociales de los cuales ustedes se han dado cuenta que hoy existen en el estado de Guerrero: adultos mayores, programa de discapacidad, programa de jóvenes construyendo el futuro, el programa de fertilizantes, del cual el responsable directo es nuestro, nuestro, NUESTRO DELEGADO ESTATAL (alza la voz), que se llama Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros. Él es el responsable de los programas sociales aquí en Guerrero”. Y pregunta a voz en cuello:

-¿Ahora sí ya saben quién es?

Público: “Sí”.

-¿Cómo se llama?

Público: “Pablo”.

-Ok, de acuerdo. Él es el responsable directo, y de mi parte está verificar más que nada…

Según el Presidente eso es un delito.

¿Qué pasó con el “guardián” de la limpieza electoral?

Ahí van los Ackerman-Sandoval. Por todo.

Fingen recibir golpes de los ‘conservadores’, campañas de desprestigio, persecución de empresarios y de compañeros suyos de partido para hacerse las víctimas y recibir solidaridad.

López Obrador aún no cumple dos años en Palacio Nacional y dentro de Morena ya el grupo radical tiene candidata para cuando se vaya.

O saben algo que nosotros no sabemos, o están adelantadísimos en la lucha por el poder que AMLO, algún día y enhorabuena, va a dejar.

En la disputa que se está dando en la Cámara de Diputados por la composición del INE se enfrentan las fracciones de Morena. O los menos precipitados de ese partido frenan la maquinaria de la que Ackerman forma parte.

No es una maquinaria menor. Ahí están el primer presidente del partido, Martí Batres, el actual dirigente nacional Alfonso Ramírez Cuéllar, Bertha Luján, la secretaria del Trabajo Luisa María Alcalde, la secretaria del Bienestar, el titular de Semarnat, Rocío Nahle de Energía, más el cuadro completo del Instituto de Formación Política de Morena, con Paco Ignacio Taibo II, El Fisgón, Pedro Miguel.

Periódico ya tienen. Basta leerlo para entender cuál es su candidata y qué quieren para México.

Su proyecto es socialista y no democrático como el que muchos desean, sino dictatorial. Simulan que hay conspiraciones golpistas contra AMLO, para endurecer el régimen.

Impulsaron la instauración de los Ciudadanos Alertadores Internos y Externos de la Corrupción, firmado por Irma Eréndira Sandoval en el Diario Oficial.

Son, como se ha explicado, una réplica de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de Cuba.

Eso, sin contrapesos democráticos que inhiban la arbitrariedad, significa el control de la población, de sus bienes y de su libertad por parte de los gobernantes y sus soplones.

Por todo van los Ackerman y su candidata presidencial.

¿Irma Eréndira es la candidata?

Recuerdo cuando en 1987 el presidente De la Madrid autorizó que comparecieran “cinco distinguidos priistas” ante la dirigencia para de ahí elegir al candidato a sucederlo.

Le pregunté a uno de ellos cómo interpretaba la presencia de Ramón Aguirre Velázquez en ese grupo.

-Mira, Ramón es como el gallo que usan para picar a otros, pero no es el que va a pelear.

Publicado en El Financiero