Por Yussel GONZALEZ.

Al despuntar el sol, decenas de militares cargan un enorme avión Hércules con insumos que reparten en todo México contra la covid-19, una nueva batalla para estos hombres que combaten al narcotráfico y expertos en la atención de desastres.

Poco a poco el C-130 es llenado con medicamentos, equipo de protección para personal sanitario, oxímetros -que miden la saturación de oxígeno y la frecuencia cardíaca-, así como los vitales ventiladores para pacientes críticos.

El carguero deberá llevar 12 toneladas de este material a las ciudades de La Paz, Mexicali, Tijuana, Hermosillo y Culiacán, todas en el noroeste del país, en apenas día y medio. Solo el trayecto a La Paz demora dos horas y media.

“Siempre los militares debemos estar preparados en la paz para condiciones de guerra. En este caso no es una guerra, pero es una situación que sale de las manos de muchos estados”, dice a la AFP el capitán Raúl Ibarra, quien pilotea la aeronave, durante la escala en Culiacán (Sinaloa).

Las fuerzas armadas han sido pieza fundamental de la protección civil en México, pues lo mismo se les ve en huracanes que en incendios o terremotos.

Sin embargo, su relación con los civiles se ha complicado desde 2006 luego de que fueran involucrados por el gobierno en un polémico operativo antidrogas en el marco del cual ha han sido señalados de violaciones de los derechos humanos.

Pese a su experiencia para enfrentar emergencias, el escenario que plantea el nuevo coronavirus es difícil. La pandemia ha dejado en México más de 30,000 muertos, con lo que el país superó a Francia en cantidad de víctimas mortales y se convirtió en el quinto más enlutado del mundo. Además, registra 256.848 contagios.

Para enfrentar esta contingencia, el gobierno mexicano se ha apoyado en las fuerzas armadas, que activaron el denominado Plan DN-III, estrategia de auxilio a la población en casos de desastre diseñada en 1965.

El capitán Ibarra conoce de sobra el plan. Bajo ese esquema piloteó el carguero para recopilar víveres y repartirlos tras los dos fuertes terremotos que azotaron a México en 2017.

“Lo distinto (esta vez), y que ya nos estamos acostumbrando, es llegar a cada punto y que nos hagan procedimientos para sanitizarnos”, cuenta.

Múltiples tareas

Al llegar la nave a su primer destino, La Paz, capital del estado de Baja California Sur, todo se pone en marcha rápidamente: se revisa la temperatura de la tripulación, mientras decenas de militares se forman para descargar el equipo bajo un sol abrasador.

El avión se reabastece de combustible y se dirige a Tijuana (fronteriza con Estados Unidos), su siguiente destino, sin tiempo que perder.

Varios de los encargados de recibir el material aplauden el trabajo de logística que implica llevar insumos médicos a todo el país en medio de la pandemia.

“Es una monumental tarea que nos han asignado”, afirma el mayor Javier Saucedo, encargado de la recepción en Mexicali (Baja California).

Entregar insumos médicos es solo una de las tareas del ejército mexicano en esta crisis. Antes, reconvirtieron hospitales militares y varios cuarteles para atender a enfermos de covid-19, también vigilan centros de salud y fabrican batas y uniformes quirúrgicos.