La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval fue la primera en utilizar el término de “sicarios mediáticos”, al rechazar en su cuenta de twitter las informaciones sobre el número de casas y propiedades que tiene, y que publicara el periodista Carlos Loret de Mola. Sin embargo, su esposo, el investigador John Ackerman fue más lejos al comparar las acusaciones a Sandoval, con el atentado sufrido por el secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, Omar García Harfuch, al señalar que “los sicarios del narco son la contracara del sicariato mediático que solo buscan la desestabilización”.

La declaración prendió la mecha y las protestas abundaron, como la de organizaciones como Reporteros sin Fronteras, el Comité para la Protección a Periodistas, quienes reprobaron las declaraciones del investigador quien luego intentara mediatizar su declaración. El daño ya estaba hecho.

Para el doctor Raúl Trejo Delarbre, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, especialista en medios de comunicación, las declaraciones de Ackerman no solo son un error político sino una irresponsabilidad inquietante porque degradan los conceptos y el lenguaje. Asegura que comparar a los sicarios con los periodistas que publican informaciones que disgustan a la familia de Ackerman significan una descomposición en la deliberación política, que debiera ser instrumento para apuntalar nuestra democracia. Estas son sus reflexiones:

¿Por qué es importante el debate abierto?

El periodismo se debilita al no encontrar en el Estado los interlocutores que requiere, se erosiona la presencia pública del periodismo, que nunca ha sido muy intensa ni muy respetable en México, hay que reconocerlo, pero hay una erosión mayor con estas descalificaciones del poder político. Los periodistas, la prensa tiene una función fundamental en la demoracia están llamados a ser no fiscales, sino observadores enterados y cuando se puede, críticos del poder. Cuando investigan y develan asuntos que en el poder político no necesariamente quisieran que fueran conocidos y cuando el ejercicio de la libertad de interpretación y análisis, formula juicios críticos incluso al poder político, los periodistas hacen un servicio importante a la sociedad, aunque no siempre tengan razón.

El desacuerdo, la existencia de versiones  diversas, pero sobre todo la búsqueda de hechos y la formulación de opiniones fundadas en ideas, son indispensables en el intercambio público que merece una sociedad como la nuestra, y todo eso que de por sí ha sido muy difícil en nuestro país, se entorpece aún más con acciones y reacciones como la de estos seguidores del presidente de la república y la del mismo presidente López Obrador.

¿De qué se nutre el debate? De ideas, de hechos que le dan sentido al entendimiento en la realidad. Se nutre también de opiniones que deben discrepar con las opiniones oficiales. ¿Por qué es importante el debate abierto en una sociedad plural?, porque es indispensable que haya visiones distintas a las del poder político que nunca tienen toda la razón, y que de esta manera exista ese contrapeso al poder y sobre todo en un país tan presidencialista como el nuestro. El debate es indispensable y existe aunque al gobierno no le guste, hay ciudadanos con puntos de vista diferentes que ejercen su libertad de expresión, su libertad para organizarse, para votar, para tener proyectos distintos a los del gobierno. Este debate se vuelve mucho más arduo cuando ocurre esa suerte de pantano discursivo que crean los adjetivos exacerbados y las acusaciones incomprobadas como esta y ésta sería el colmo por supuesto,que equipara a los periodistas que critican con sicarios.

El poder y la intolerancia

¿Por qué de posiciones cercanas al poder se desvirtúa el debate? En primer lugar, diría que por intolerancia. Quienes rodean al presidente –entre los que se encuentran el doctor John Ackerman y su esposa, la secretaria de la Función Pública, la doctora Irma Eréndira Sandoval–, tienen una idea preocupantemente intolerante de lo que hacen y de la apreciación de lo que hacen debiera tener el resto de la sociedad.

Piensan que como están resguardados por la coartada de que hacen lo que le conviene a la sociedad y se erigen como los únicos representantes de la misma, consideran que sus acciones, sus maneras de entender a la realidad, son las únicas permisibles y descartan a todos los demás. Después de expresar esa intolerancia, lo que hacen es impedir que haya una auténtica circulación de ideas.

Sin embargo, las ideas las expresamos en los medios a nuestro alcance, en las redes sociodigitales, en publicaciones como la revista Siempre!, en espacios que existen con prensa crítica o no adocenada a lo que le gusta al gobierno, de una sociedad que aspira a que la deliberación sea puntal de la democracia. No basta con que haya quienes dicen o quieren decir y lo digan de manera abierta, sino que estos dichos encuentren interlocutores en todas las esferas también en el poder político y es lo que no hay en el grupo que rodea al presidente López Obrador  y en el presidente mismo.

No quiero comparar al presidente con otros pero es cosa de recordar que en sexenios anteriores había reconocimiento a lo que decían otros, aunque se le descalificara o se discutiera de mal modo con ellos. Lo que tenemos hoy es esa suerte de diálogo de sordos, hay una opinión crítica más o menos fundada y no hay receptividad de esta opinión en el poder político.

El problema es más complejo porque no solo estamos ante un gobierno que descalifica a los que no opinan como él, pero también en la sociedad mexicana hay segmentos muy intolerantes que están tan disgustados con el gobierno del presidente López Obrador que lo caricaturizan, lo descalifican a cada momento, que no crean puentes para discutir, que no enfrentan a las acciones de este gobierno con ideas sino con memes e incluso llegan a exigir que el presidente renuncie.

Lamentablemente el presidente fue electo por 6 años y deberá terminar los años de su gobierno a menos que haya una decisión institucional que ahora las leyes permiten, para que deje de serlo en un par de años si es que se llega a poner la revocación de mandato.

Es el presidente que tenemos, nos guste o no, y con ese presidente tenemos que enfrentar una crisis tan intensa como la sanitaria, económica y a pesar de sus muchísimas omisiones, hay que cuestionarlo, someterlo al examen más riguroso con hechos y con razones.

López Obrador, sin autocrítica, sin visión de Estado

El presidente López Obrador mantiene una actitud profundamente autoritaria y probablemente antidemocrática. Es el punto de partida de cualquier análisis, diría que no tiene remedio. Hay muchos mexicanos de buena fe que todo el tiempo aspiran a convencerlo con razones, a insistir en que el presidente debe darse cuenta de que se equivoca.

También parece y me gustaría equivocarme, que el presidente es incapaz de reconocer sus errores. A estas alturas del gobierno y después de tantas vicisitudes sufridas en 19 meses, el presidente no tiene la capacidad autocrítica que tienen los grandes gobernantes, carece de la visión de Estado que le hace falta hoy más que nunca a este país de frente a las crisis que está padeciendo y que el presidente con esa manera de gobernar, no tiene remedio.

Ojalá me equivoque y me refutara el presidente, me encantaría reconocer que me equivoque. Hay que reconocer que por muchas razones que se le expongan, el presidente no rectificará, pero de todos modos es papel de la prensa, de la sociedad crítica y es papel de la Academia cuado se involucra en el debate de los asuntos públicos, así como papel de los ciudadanos inquietos, enfrentar los dislates con razones y oponer a las sinrazones del poder, el análisis crítico y sistemático de lo que hacen.

Colocar delante de las reiteradas torpezas y abusos de autoritarismo del poder político, proyectos diferentes de su actuación, para enfrentar de manera civilizada la crisis y para organizarse políticamente para en el momento en el que se pueda demostrar una opinión ciudadana distinta a la que llevó a López Obrador a ganar la presidencia de la república. Tenemos que soportar a este gobierno, no de manera sosegada y silenciosa sino con un constante ejercicio de raciocinio, de deliberación, siempre delante de la sociedad y con la sociedad..

Desgaste de “las mañaneras” y periodistas a modo

Son tan burdos quienes dan pie al presidente, que no tienen ninguna eficacia. Nadie, ni en las filas del obradorismo le creen a éstas personas. Disculpe, no sé su nombre, al que llaman lord molécula, nadie le cree los dislates, ni que sean verdaderos periodistas. Es tan patente la carencia de interlocutores entre la prensa, de reporteros dispuestos a servir de patiños al presidente, que el gobierno tuvo ue improvisar a estos señores que vienen a veces de las redes sociales o de la prensa no necesariamente honesta —hay de todo entre ellos—, que no tienen eficacia.

Las conferencias mañaneras se han convertido en una construcción artificial de espejos al que el presidente López Obrador se repite y se repite. Y se han ido desgastando “las mañaneras”, excepto cuando hay mucha expectación, quiza por la pandemia, que ha beneficiado la visibilidad de las conferencias, porque mucha gente, de manera natural quiere saber que opina el gobierno, qué medidas hay.

Leía un texto de mi compañero Jorge Bravo, presidente de la Amedi que hace un análisis en El Economista de las conferencias de prensa. Bravo revisó cuántas vistas tienen en YouTube —que no es la única manera como se difunden las conferencias— y encontraba que después del auge inicial a comienzos del año pasado y durante el resto de 2019, que las conferencias perdieron audiencia y sólo se recuperaron al inicio de la pandemia por el mes de marzo y volvieron a bajar. Incluso como ejercicio de propaganda política es solo decir lo mismo y lo mismo, pero sin iniciativas auténticas, sin dar soluciones, sin responder a las inquietudes de la sociedad, y se han convertido solo en recursos para que sus seguidores le notifiquen su confianza al presidente, pero hay un gran número de ciudadanos y de medios que no encuentran valor informativo en esas conferencias.

Publicado en Siempre!