Cada día parece hacerse más profunda la grieta que separa la realidad del presidente, y la realidad del país que gobierna.

El día de ayer, por ejemplo, el presidente López Obrador sostuvo que en México no ha aumentado la violencia contra las mujeres durante la cuarentena desatada por el Covid-19. Su explicación fue que su gobierno no ha detectado un aumento en las denuncias.

El presidente señaló que se había pensado que la violencia aumentaría si se estaba más tiempo en casa, pero que “esto no necesariamente está sucediendo”.

Le habían preguntado sobre los recortes a instituciones dedicadas a las víctimas de la violencia de género. Contestó con las frases de rigor sobre la grandeza de México, sus tradiciones y sus hábitos: que los mexicanos tenemos una cultura de mucha fraternidad, que la familia en México es excepcional: el núcleo humano más fraterno.

Que por ser herederos de grandes civilizaciones, “los ancianos en México son cuidados por la familia”.

Datos del propio gobierno lopezobradorista, proporcionados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, señalan que contra todo lo dicho por el presidente, la violencia de género ha alcanzado niveles nunca vistos durante el periodo de confinamiento.

Solo durante el mes de marzo el numero 911 recibió a nivel nacional 115 mil 614 llamadas de emergencia realizadas por mujeres: 22.31% más que el mes anterior.

A lo largo de ese mes, en que los mexicanos comenzaron a encerrarse, el 911 recibió 155 llamadas de mujeres que pedían auxilio cada hora.

En la Red Nacional de Refugios, durante el primer mes de contingencia las llamadas y los mensajes de solicitud de apoyo aumentaron 80%.

El 44% de dichas solicitudes se concentraron en la Ciudad de México y el Estado de México.

Las solicitudes para ingresar en los espacios de protección con que cuenta la Red se incrementaron 12% a nivel nacional: hoy se encuentran al 80 o hasta el 100% de su capacidad, y en algunos de ellos la ocupación creció 50% en solo un mes.

En el Estado de México, el Consejo Estatal de las Mujeres y Bienestar Social recibió, a partir de abril, 100% más llamadas que en los meses anteriores.

El 80% de esas llamadas eran por violencia familiar, lesiones dolosas, acoso, hostigamiento sexual y violación.

Entre el 21 de marzo y el 1º de mayo se atendieron en el Edomex 5,925 llamadas de emergencia por violencia familiar (en los primeros tres meses se habían recibido diez mil).

En el país heredero de las grandes civilizaciones, el 5% de las llamadas recibidas en seis semanas fue para reportar violencia de hijos contra padres.

En su mayoría, los casos tuvieron relación con la ingesta de alcohol, que ha aumentado sensiblemente durante el confinamiento, y que encuentra sus picos los sábados, domingos y lunes, entre seis de la tarde y doce de la noche.

¿Descendieron las denuncias? Desde luego. Especialistas consultadas por el columnista indican que, al estar con sus agresores de manera permanente, a las mujeres se les dificulta pedir ayuda: tienen al lado al enemigo, y eso explica que se hallan disparado las llamadas y los mensajes de auxilio, que pueden hacerse muy rápidamente (y en el Edomex funcionan como predenuncia).

He escuchado el testimonio de una mujer que tuvo que ingeniárselas para pedir auxilio a la maestra de uno de sus hijos. La mujer llegó a la Red Nacional de Refugios con dos costillas rotas. Al entrar al lugar, su hijo sintió tal alivio que le dijo: “Ya estamos seguros”.

Cuando le preguntaron qué mensaje enviaría a las mujeres que están siendo violentadas durante el confinamiento, esa mujer respondió:

“Es muy difícil salir de una situación de violencia, porque obviamente nos desarman, nos dejan sin nada. Pero sí se puede. Posiblemente las mujeres que están en esa situación no sepan que hay un lugar donde las pueden ayudar, las pueden apoyar, en donde las cobijan”.

Ese podría ser tal vez el mensaje que el presidente podría dar en un periodo de violencia de género sin precedentes. Pero el presidente solo está empeñado en defenderse a sí mismo.

Le pregunté a la directora de la Red Nacional de Refugios, Wendy Figueroa, qué respondería a lo dicho por el presidente López Obrador. Transcribo su respuesta:

“Me parece sumamente importante informarle al presidente dos cosas: la primera, cuando habla de que ‘el amor no se sustituye por nada’, justo a nombre del amor se han asesinado a cientos de mujeres en México, teniendo así 10 feminicidios diariamente. Y dos: tenemos otros datos sobre el incremento de las violencias contra las mujeres durante el confinamiento, entre ellos los del Secretariado Ejecutivo.

“Hacer este tipo de declaraciones no solamente refleja una visión fuera de todo enfoque de derechos humanos y perspectiva de género, además favorece la impunidad y perpetúa una cultura de invisibilidad y tolerancia ante las violencias contra las mujeres. Urge que se atiendan y a ellas se les garanticen sus derechos”.

 Por Héctor de Mauleón.