El Coronavirus se inició en China y se va extendiendo en todo el planeta. En estos días sus efectos son impredecibles, con el pronóstico adverso de que los sistemas de salud a nivel mundial se saturen y el paseíllo hacia la Gloria, sea enorme. Algunos pronostican un lapso de varios meses de impacto y estamos literalmente aterrados.

Los científicos a marchas forzadas están tratando de encontrar el paliativo que devuelva a la humanidad la tranquilidad perdida, Solidaridad es un esfuerzo de varios países para el hallazgo. Y rezamos para que así sea, mientras tanto recordé una historia que pudiera devolvernos la fe en que así será.

Como dato sería bueno recordar que la sabiduría convencional es un término creado por el economista John Kenneth Galbraith, para describir algunas ideas generalmente aceptadas como verdades absolutas, es decir, el conjunto de axiomas, conceptos y lemas que se piensan indiscutibles en un momento, pero que después, con pruebas en contrario, se consideran falsas.

Para muestra: John Snow fue un médico de la época victoriana de Gran Bretaña, se le considera uno de los pilares de la epidemiología. Su pensamiento fue en contradicción del motivo de la transmisión de la enfermedad del cólera con la teoría del miasma, que era la sabiduría convencional de su tiempo.

El cólera era un visitante incómodo en las atestadas y poco higiénicas calles de Londres y curiosamente una epidemia en 1854, le dio la oportunidad de sustentar su teoría de que la enfermedad se había dispersado por agua y comida y no por el aire como lo afirmaba la teoría del miasma.

Demostró que la mayoría de los contagios se originaron en una fuente de agua en la calle Broad, en el Soho. John tuvo muchos problemas para convencer a las autoridades de clausurar el foco de infección, a regañadientes lo hicieron y así evitaron más muertes.

Los individuos que querían ser médicos buscaban entrar al Real College of Surgeons of England. El grado universitario era la llave para abrir los hospitales privados. John, con grandes esfuerzos y varias becas, logró remontar la cuesta de la vida para entrar a la universidad y hacerse de prestigio, convertido en un gran médico que retaba a las convenciones.

En 1846, el dentista William Morton fue el primero en usar éter como anestésico en Boston, en los Estados Unidos, pronto llegó la novedad a Londres, y lo que hizo Snow para mejorar su uso fue dosificarlo.

Escéptico de la teoría del miasma que establecía que las plagas las transmitía el aire, sus observaciones sobre la evidencia de lo que sucedió en Broad Street le permitió refutarla con el rol de transmisor del agua y la comida que varios años después se supo eran bacterias dañinas las que provocaban el cólera.

Posteriormente, el alemán Robert Koch desarrolló reglas para identificar los microorganismos causantes de enfermedades específicas, llamadas postulados y contribuyó a salvar muchas vidas atacadas por microorganismos. Las ideas de Koch jugaron un papel vital en el desarrollo de la medicina, tanto que recibió el premio Nobel en 1905.

Así las cosas, bienvenidos sean quienes como Snow, Koch y muchos más en la historia de la humanidad que se han atrevido, se atreven y se atreverán a retar lo convencional, para mejorar y dar un paso adelante en el conocimiento evolutivo de personas y organizaciones, los necesitamos en éstos pesados días.

La crisis afecta el principal motor de la economía, la confianza en el bienestar. Seguramente nos va a marcar a todos la pandemia por ello los agentes económicos tenemos la responsabilidad de encontrar alguna certidumbre y la sensación de que todos nos preocupamos por todos y que habrá luz en el túnel, para quienes hoy además de ver en peligro su salud está en riesgo su trabajo y el tema se vuelve más peligroso en un país como el nuestro, con una gran desigualdad, la OIT pronostica 25 millones de empleos que se acabarán y florecerá el subempleo.

La magnitud del problema se equipara con un estado de guerra, algunos líderes mundiales han llegado a catalogar el problema de esa manera. El cierre de fronteras y limitar el movimiento de personas ciertamente tiene un símil y la única manera de confrontarla es armando estrategias de salud física y económica, en época en que la sabiduría convencional será equivalente a lo que se unta al queso.

Necesitamos por bien de todos entenderlo y actuar en consecuencia, concentrarnos en encontrar posibles vías de salida, unidos y sin controversias políticas absurdas, así lo hicieron 1.8 mil millones de chinos, así lo demanda “nuestro querido México” frase de Alberto Baillères y estoy seguro, él estará de acuerdo “nuestro querido planeta” No lo echemos en saco roto.

* Profesor de asignatura del ITAM, Consultor y Consejero de empresas y miembro por varios años del Consejo Internacional de The Strategic Leadership Forum.

Publicado en El Universal.