El desdichado PRI murió desdichadamente.

Por Manuel J. Jáuregui.

El PRI murió, pero no tuvo una muerte gallarda, noble, que le permitiera resucitar algún día conservando su dignidad.

No, el desdichado PRI murió desdichadamente.

Murió achicado, vergonzosamente, renunciando a ser OPOSICIÓN y conforme con unirse al poder aferrándose a la posibilidad de -aunque sea- ruñir el hueso que le quieran aventar de las sobras que queden en la mesa del poder.

Una oportunidad histórica desperdiciada, y por lo mismo, una que puede ser su última en el corto y mediano plazo de ser relevante, de asumir la posición que le toca, otorgada por la historia: de ser OPOSICIÓN, de cumplir con su propósito de convertirse en freno y equilibrio, en CONTRAPESO al poder ilimitado.

No hablamos del largo plazo, pues hoy esa fecha es debatible si en México exista tal cosa como el “largo plazo”.

En el “largo plazo”, como afirmó John Maynard Keynes, “todos estaremos muertos”.

En la elección interna de ayer para renovar la dirigencia del ahora partido satélite de MORENA dominaron dos cosas, fundamentalmente:

1. La abstención extrema (en algunos Estados no votó ni el 20 por ciento del padrón priista, mostrando así una base de brazo caída, rendida, que no quiere ya saber nada de su PRI).

2. Una muy bien orquestada cargada de dados para favorecer el triunfo de Alejandro “Alito” Moreno, quien es el que quería como presidente “EL” Presidente. (Esto es, AMLO).

Con “Alito” al frente, el PRI se convertirá en el partido OPORTUNISTA, el que venderá (barato, hasta eso) su amor para apoyar a Morena en el Congreso (y en los Estados) y así dominar absolutamente y poder hacer legal cualquier ocurrencia presidencial, incluso su reelección.

Renunció el PRI, pues, a ser oposición y prefirió mejor ser COMPARSA de Morena, o mejor dicho, del Presidente AMLO.

Tomaremos el sendero de la cima y no nos arrastraremos en el piso enlodado para explicar por qué resulta trágico que el PRI haya tomado este camino:

Para que nuestra democracia funcione de manera óptima y sea verdaderamente útil al País se requiere que exista COMPETENCIA política.

Conforma un requisito “sine qua non” que existan en la lucha política contrapesos cuando el poder se concentra excesivamente en un grupo o persona.

En las siete décadas del dominio priista, conocido como la “Dictadura Perfecta”, así designada por el gran Mario Vargas Llosa, el PRI concentraba el poder, pero cada seis años renovaba al líder: esto es, había hegemonía, pero no dominancia absoluta.

Hoy MORENA concentra el poder total, pero en torno a un solo hombre, mismo que ha demostrado tener la ÚNICA opinión que en los HECHOS y el ejercicio del poder vale.

Ahí tenemos la aberrante Ley -inconstitucional, por cierto- recién metida con calzador por un Congreso abyecto relacionada con la “extinción de dominio”, la cual violando todo principio legal reconocido universalmente: “Todo hombre es considerado INOCENTE hasta demostrado culpable”, plasma en nuestra conducta política el disparate del DESPOJO formalizado bastando sólo la presunción de culpabilidad.

¿Y por qué? ¡Porque así lo dictó el Tlatoani en turno, y todos deben obedecerlo!… ¡Y ahora hasta “Alito”, que para eso lo pusieron!

Tan urgía el equilibrio político cuando el PRI dominaba que durante dos sexenios su dominio absoluto fue roto: el País lo requería, nuestra democracia lo EXIGIÓ.

Ahora que domina AMLORENA, resulta AÚN MÁS URGENTE que haya contrapesos, frenos y equilibrios en el escenario político, pues el dominio es aún más preponderante que cuando el PRI, ya que hoy no hay cambio de estafeta: todo es AMLO y AMLO es todo.

La democracia se centra en OFRECER divergencia, en presentar OPCIONES a los ciudadanos.

El dominio total de un partido o persona en la política nacional se apega no a las formas democráticas, sino a las variantes de la dictadura, a la democracia simulada que conduce a la tiranía.

Apunta hacia al EMPODERAMIENTO de UN SOLO PENSAMIENTO por encima de todos los demás.

Lo único que podría impedir este dominio hubiese sido la COMPETENCIA política, la refundación del PRI vencido estrepitosamente en las pasadas elecciones presidenciales resurgiendo en la forma de un verdadero partido de oposición.

Optaron por ser paleros. ¡Allá ellos!

El PRI tendrá un líder a la altura de lo que es hoy: un partido en crisis, carcomido por la corrupción

El PRI tendrá un líder a la altura de lo que es hoy: un partido en crisis, carcomido por la corrupción del peñismo, extraviado en lo ideológico e indeciso entre ser oposición y contrapeso, o un satélite más de la “Cuarta Transformación”.

Por Ernesto Núñez Albarrán.

Aunque todavía no se hace el cómputo oficial de votos, en el PRI nadie lo duda: el ex gobernador de Campeche Alejandro Moreno Cárdenas, alias Alito, y su compañera de fórmula Carolina Viggiano, esposa del ex gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, serán presidente y secretaria general del tricolor.

El PRI tiene hoy la dirigencia que merece, un líder ad´hoc con el peor momento de su historia política, un dirigente a la altura de su debacle.

Carcomido por la corrupción del sexenio peñista, vaciado de cuadros en lo local, aniquilado en lo electoral y extraviado en lo ideológico, el PRI eligió a un dirigente a imagen y semejanza de lo que es ahora: un partido en extinción.

Este domingo, millones de priistas salieron a votar, o mejor dicho, a ratificar la decisión que ya habían tomado la mayoría de sus gobernadores –esos líderes informales también llamados “primeros priistas” de los 12 estados que aún conserva el tricolor, alrededor de los cuales gravita hoy el poder en ese partido.

La verdadera elección no ocurrió el domingo en los 6 mil 150 mesas de votación instaladas por el PRI; sino a finales de mayo, en una reunión privada celebrada en el Estado de México.

Correspondió al gobernador de esa entidad, Alfredo del Mazo, compartir con los mandatarios priistas la propuesta de respaldar a uno de los suyos, y no al ex secretario de Salud, José Narro, en la interna partidista. No era casual que esto ocurriera en la cuna del Grupo Atlacomulco, principal enclave priista y tierra natal del ex presidente Enrique Peña Nieto, a quien todos le atribuyeron la “cordial sugerencia”.

En el cónclave, la única ausente era Claudia Pavlovich, gobernadora de Sonora, identificada con Manlio Fabio Beltrones.

Días después, el 13 de junio, Alejandro Moreno pidió licencia definitiva al cargo de gobernador, para enfilar hacia el Comité Ejecutivo Nacional de su partido.

Una semana más tarde, el 19 de junio, el doctor Narro denunció que el proceso interno era “una farsa que antes de comenzar ya tenía resultado”, y renunció al partido que, en 2018, también le había negado la candidatura presidencial.

Ese mismo día, Beltrones rompió su silencio para solidarizarse con Narro y anunciar que no votaría en “la farsa” del 11 de agosto.

Lo demás fue un trámite para Alito: un recorrido por los estados, múltiples entrevistas en radio y televisión, un par de debates y los amarres suficientes para sacar a votar a los 6.7 millones de priistas que, supuestamente, están inscritos en el padrón del PRI.

Pero, ¿quién es Alito?

Nacido en 1975, Alejandro Moreno comenzó su carrera priista en 1991 y, tras una década de cargos en comités municipales y estatales, en 2002 logró convertirse en líder nacional del Frente Juvenil Revolucionario, gracias a su cercanía con dos personajes que resultarían claves en su ascenso en la política nacional: Roberto Madrazo, a quien apoyó para convertirse en dirigente nacional del PRI, también en 2002, y Manlio Fabio Beltrones, quien ese mismo año se convirtió en secretario general de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP).

Moreno fue electo diputado federal en 2003 y su adscripción al grupo de Beltrones fue inmediata. Junto con otros priistas cercanos a Madrazo y Beltrones, Alito operó para despojar a Elba Esther Gordillo de la coordinación del grupo parlamentario en 2005 y propiciar su salida del PRI.

En 2006, impulsado por Beltrones y Madrazo, se hizo candidato al Senado y, tras la derrota de Madrazo en las presidenciales de 2006, fue senador bajo la coordinación de Beltrones y, simultáneamente, secretario de Organización en el CEN del PRI (2007-2009) y presidente del Comité Directivo Estatal en Campeche (2009-2011).

Pero, en 2011, Alito rompió con Beltrones y se declaró afín a la candidatura presidencial del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, quien lo ayudó a ser nuevamente diputado federal, en 2012, y gobernador de su estado, en 2015.

Pronto, Alito mostró que tenía los mismos atributos del “club de gobernadores” afines al peñismo (del que formaron parte personajes como Javier Duarte, Rodrigo Medina y Roberto Borge): jóvenes, engominados y ambiciosos.

Como gobernador, Alejandro Moreno encabezó una administración cuestionada por corrupción e ineficiencia que, en 2018, fue duramente castigada en las urnas.

En las elecciones presidenciales del año pasado, mientras la coalición encabezada por Morena y Andrés Manuel López Obrador cosechó más de 275 mil votos en Campeche, el PRI y José Antonio Meade obtuvieron apenas 96 mil sufragios. La alianza PRI-PVEM-Panal entregó a Morena las dos diputaciones federales y las dos senadurías de mayoría.

Y, en lo local, Morena ganó la mayoría en el Congreso estatal, y el PRI mantuvo seis de 12 ayuntamientos.

El hoy dirigente nacional no entregó buenas cuentas al priismo campechano pero aun así, después de los comicios escaló hasta la presidencia de la Conferencia Nacional de Gobernadores en diciembre de 2018, lo que le dio roce e interlocución con el nuevo presidente de la República.

En febrero de 2019, en una gira de trabajo por Campeche, López Obrador tuvo que callar a los morenistas que, en pleno evento, decidieron repudiar la presencia del mandatario estatal con abucheos y gritos de “fuera Alito”.

“Me está apoyando”, dijo el Presidente mientras pedía a sus simpatizantes no continuar el pleito electoral y ponerse a trabajar todos juntos. De paso, recordó que él, en su calidad de tabasqueño, es casi paisano de los campechanos.

Dos meses después, en una nueva gira de trabajo, Alito convenció a López Obrador de destinar 270 millones de pesos para concluir el Puente de la Unidad, una obra de infraestructura inconclusa que inició desde el sexenio de Felipe Calderón.

Ambos rescates desataron la especulación sobre una supuesta simpatía de López Obrador hacia Alito, que en círculos políticos comenzó a ser llamado “Amlito”.

Según la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega –candidata a la dirigencia priista derrotada ayer–, no hay duda de que Alejandro Moreno fue impulsado por el ex presidente Peña y por el presidente López Obrador, quien habría sugerido a los gobernadores del PRI decantarse por su colega.

Aunque Alito ha negado dicho acuerdo, será el tiempo –y los acuerdos legislativos– lo que confirme o desmienta esa versión.

Con sus 14 senadores, el PRI podría ser la llave que abra las reformas constitucionales que Morena puede aprobar en la Cámara de Diputados, pero no en la Cámara alta. Y sus 47 diputados le facilitarían la vida a Morena y al Presidente en San Lázaro.

A la dupla Moreno-Viggiano le corresponderá decidir qué papel jugará el otrora partidazo frente a López Obrador: oposición y contrapeso, o un satélite más de la “Cuarta Transformación”.

Publicado en Aristegui Noticias

Elección del PRI en Guerrero, igual de escandalosa que “Estafa Maestra”: Ulises Ruiz

“No podemos reconocer como triunfador a ‘Alito’ porque no surge de una elección democrática, sino de una enorme burla a los priistas y a los mexicanos”, acusó Ulises Ruiz.

El exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, acusó que el fraude en la elección interna del PRI es tan escandaloso como la llamada “Estafa Maestra” y advirtió que no reconoce el triunfo de Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, porque fue producto de un robo cínico y descarado.

En un posicionamiento subido a sus redes sociales, advirtió que jamás imaginó que el fraude que se estaba preparando alcanzara las proporciones de lo que se ha visto hoy particularmente en los estados de Guerrero, Oaxaca, Campeche y Coahuila.

El exmandatario estatal, que apoyó la fórmula de Ivonne Ortega, afirmó que de ello ya darán cuenta las actas de las mesas receptoras de la supuesta “histórica” participación que en muchísimas mesas alcanzó ciento por ciento del padrón y, en casi todas, más de 90 por ciento en favor de Alejandro Moreno Cárdenas.

“Ni el priismo ni la sociedad en su conjunto esperaban el bochornoso espectáculo que hemos dado en este desaseado proceso”, reprochó Ruiz Ortiz.

Acusó que no hubo reglas, ni árbitro, ni mecanismos de defensa, “con la evidente complicidad del CEN hemos sido testigos en los últimos días de prácticas tramposas como la dilación en la acreditación de representantes, la negativa a permitir la participación de los representantes que no fueran los de Alito”.

Asimismo, como el cambio de ubicación de último minuto de mesas receptoras, el acarreo de gente a la que aún sin estar en el padrón se les permitió votar. “Para evitar el fraude pedimos que el proceso lo llevara el INE, a lo que se opuso mañosamente el Comité Ejecutivo Nacional (CEN)”, agregó.

A su parecer, bajo esas circunstancias no pueden validar esta la elección, por lo que “no podemos reconocer como triunfador a ‘Alito’ porque no surge de una elección democrática, sino de una enorme burla a los priistas y a los mexicanos”.

Adelantó que vendrán días de análisis, de recursos legales, y de inconformidades, “pero queda claro que, cueste lo que cueste, los mismos de siempre van a tratar de imponer su voluntad. A la cúpula le decimos, no engañan a nadie”.

Ulises Ruiz denunció que “la gran mayoría de quienes votaron por ‘Alito’ saben que fueron por dádivas surgidas de los recursos públicos o, peor aún, del dinero de funcionarios de los gobiernos priistas amenazados con dejarlos fuera de la nómina si no aportaban, saben que fueron acarreados o intimidados, como se ha denunciado en las redes sociales”.

Reiteró que no reconocerá el triunfo de Alejandro Moreno si no se desechan las mesas receptoras en las que evidentemente se hizo trampa. “No voy a reconocer como un triunfo lo que es producto de un robo tan descarado y cínico como el que se vivió el día de hoy”.

Ivonne Ortega también acusó relleno de urnas, retraso en apertura de casiillas, acarreo, compra de votos y hostigamiento a priistas.

Uno de los estados donde mayores irregularidades se dieron fue en Guerrero, donde el gobernador Hector Astudillo, metió las manos en el proceso y contribuyó al mega fraude con el que ganó el polémico y mañoso “Alito”.