La paradoja de la goma de opio

En varios estados del país miles de campesinos han tomado las carreteras manifestándose para que les sean entregados los fertilizantes. El agro en muchas entidades está en riesgo y con ello el sustento de campesinos y sus familias.

Guerrero es un caso muy particular. Sin los fertilizantes llegando a tiempo, las cosechas serán de menor calidad y no cumplirán con los requerimientos para exportar los cultivos.

Pero los campesinos de Guerrero enfrentan otro gran problema. En la montaña, la zona donde se ubican dos de los municipios más pobres del país, como Cochoapa El Grande, 80 por ciento de los campesinos tenía como única forma de subsistencia el cultivo de la amapola.

Hace dos años, les platicaba en este espacio, que había estado en uno de estos campos de cultivo de goma de opio en la montaña del estado y que era una situación muy complicada. Muchos campesinos que temían trabajar para los narcotraficantes habían dejado la zona, pero muchos otros no tenían mayor oportunidad para comer que sembrar goma de opio. Tampoco ganaban gran cosa, subsistían.

Hoy el precio de la goma de opio ha caído casi 90 por ciento y paradójicamente esto ha dejado en pobreza aún más extrema a muchos de los campesinos de esa zona.

Los consumidores de drogas, sobre todo en Estados Unidos, han dejado la goma de opio y la han sustituido por el fentanilo. Una droga sintética, sin olor y, a pesar del desplome en el precio de la goma de opio, sigue siendo mucho más barata. Es 50 veces más potente que la heroína y altamente adictiva.

En 2011, se registraron mil 600 muertes por sobredosis de fentanilo, el cuatro por ciento de las muertes registradas por drogadicción en Estados Unidos; sin embargo, para 2016 la cifra se incrementó en más del mil por ciento, al registrarse 18 mil 335 muertes.

Además, se ha convertido en la droga preferida de los cárteles mexicanos para su comercialización, pues es más rentable. De acuerdo con la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos, un kilogramo de heroína tiene un costo aproximado de seis mil dólares y se vende al mayoreo en 80 mil dólares.

Mientras que un kilogramo de fentanilo puro comprado a China, se cotiza en cinco mil dólares, y debido a la potencia del opiáceo, lo cual permite obtener de 16 a 24 kilogramos cuando se usan agentes como la cafeína, lo que deja más ganancias.

De acuerdo con el Reporte Mundial sobre Drogas 2017 de la Oficina de Naciones Unidas sobre Droga y Crimen (UNODC), en el país, se cultivaban cerca de 26 mil 100 hectáreas de amapola, y Guerrero se posicionó como líder en la producción nacional, con alrededor de 60 por ciento del total. En cada uno de sus 81 municipios había plantíos.

Un año antes, en 2016, la ONU declaraba que la epidemia de heroína y de otros derivados del opio en Estados Unidos, que estaba en su nivel de consumo más alto en los últimos 20 años, había disparado el cultivo de amapola en México.

Una parte de la zona de plantíos está localizada en las zonas montañosas del llamado Triángulo Dorado, que componen los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, pero sobre todo en la Sierra de Guerrero.

Para que usted se dé una idea de lo rentable que era esta práctica, la siembra de una hectárea de amapola, produce en promedio 11 kilos de goma de opio, de los cuales se produce un kilo de heroína. Por este kilo de heroína se llegan a obtener unas 20 mil dosis.

Se trataba de un gran negocio para los narcotraficantes y de una forma de vida para los campesinos que se dedicaban a la siembra de la amapola.

El cultivo de la planta les rendía más beneficios que cualquier otro tipo de siembra. Hoy el mercado de drogas ilegales ha cambiado.

En 2017, los agricultores vendían entre 20 mil y 25 mil pesos el kilogramo de goma de opio, pero en 2018 comenzó a caer y llegó a venderse entre ocho mil y seis mil pesos el kilo.

Y, por si fuera poco, este año ha caído aún más. En Guerrero, por ejemplo, el precio oscila entre los dos mil pesos por cada kilo de goma de opio; es decir, el precio cayó 90 por ciento.

En otros tiempos, los compradores de goma de opio llegaban con los campesinos hasta dos veces al día para comprar el producto recién cosechado; ahora, los compradores sólo llegan una vez al mes, si es que lo hacen.

La caída en los precios de la goma de opio sumió en la pobreza extrema, aún más, a las familias de esas zonas, reanudando la migración a gran escala.

Se sabe que antes de que comenzara la crisis, había cerca de 500 residentes en San Miguel Amoltepec Viejo, que se encuentra en el borde de un valle escarpado de Guerrero; ahora, hay menos de 300 pobladores y más familias buscan salir de sus lugares de origen.

Varios pobladores han abandonado la región para buscar otras zonas del país en donde puedan encontrar trabajo como en campos agrícolas o fábricas.

Pero otros se han unido al creciente número de centroamericanos que pasa por México para emigrar a Estados Unidos; los que tienen suerte, logran llegar a las comunidades agrícolas en California.

Es así como las laderas de las montañas que solían estar cubiertas con las flores color rosa, púrpura y rojo característico de las plantas de amapola, ahora no se encuentran sembradas, o han sido reemplazadas por cultivos de subsistencia, principalmente el maíz.

Pero no sólo es Guerrero, miles de campesinos de la sierra de Sinaloa, quienes durante décadas mantuvieron a sus familias mediante la venta de goma de opio, también están contra la pared.

Se tiene que fortalecer el campo en Guerrero, para que puedan cosechar maíz, ajonjolí, jitomate, toronja y muchos otros productos que se dan bien en la zona. Y de por sí el estado está azotado por la violencia, los campesinos necesitan una forma de subsistir. Y ahora además les escatiman los fertilizantes.

Por Bibiana Belsasso. Soy reportera, conductora, columnista, entrevistadora y documentalista.

Todos los días escribo mi columna en el Diario La Razón.

Y todas las noches desde hace 9 años transmitimos a través de ADN 40 , junto con Jorge Fernández Menéndez,Todo Personal. Un programa de periodismo de investigación, analizando a profundidad los temas de coyuntura.

He realizado más de 150 entrevistas sobre trayectoria y coyuntura a los personajes más destacados de la política, cultura y espectáculo.
Escribo para la revista de seguridad del Diario Excélsior,Código Topo,y soy co autora de dos libros: Justicia Inútil y la Élite y la Raza.

Mi próximo libro Muy Personal está ya por publicarse.

La paradoja de la goma de opio

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