Opinión: Guerrero, es momento de un cambio

La desafortunada caracterización de la corrupción en México como “cultural” por parte de nuestros partidos políticos y sociedad nos fuerza a reflexionar sobre el peso real de este lastre en el desarrollo económico, social y humano en Guerrero.

Por El Marqués de Puerto Marques.

La fascinación de los mexicanos por la marca Starbucks es un fenómeno que hasta a la misma empresa nacida en Seattle los ha sorprendido.

De Monterrey a San Miguel Allende o de Los Cabos a Acapulco no hay una sola ciudad que se resista al embrujo de sus cafeterías, no importa si un café cuesta más que el salario mínimo de un mexicano promedió; tanto ricos como clasemedieros (los nuevos pobres del sexenio) hemos adoptado los Starbucks como nuestra oficina o lugar de reunión.

Pero también estas cafeterías son un refugio para solitarios, soñadores y también para desempleados que seguramente huyen de sus casas hacia él Starbucks mas cercano, para sentirse productivos en lo que esperan la llamada de algún trabajo o la hora de la comida.

En Acapulco el éxito de Starbucks fue inmediato, fue como un flechazo para todos los costeños que buscábamos un lugar libre de prejuicios, ascético y que nos hiciera sentir en un lugar alejado del tercer mundo en que vivimos día con día en nuestra surrealista ciudad.

En Starbucks los acapulqueños nos podemos reunir en plena libertad sin tener que pagar un cover, tan solo un consumo mínimo, ni tener a un molesto mesero tratando de vendernos algo extra del menú, casi siempre ambientado por música jazz, que para muchos es un oasis en medio de un desierto compuesto por una banda sonora de reggetoneros y narcobandas.

En estas cafeterías se refugian una nueva generación de Acapulqueños, más preparados que sus ancestros, pero con menos esperanzas acerca de su futuro, en comparación con sus padres que si vivieron o les toco la última colita del Acapulco glorioso.

Esta nueva generación de acapulqueños que rondan entre los 20 años y los 30 años, sin duda están mas informados y son más globalizados, pero han sufrido los estragos de la violencia, de la pobreza, de vivir en una de las ciudades donde sus trabajadores perciben uno de los peores salarios del país y donde para muchos la burocracia y la política representa una oportunidad para enriquecerse y salir del hoyo, pero no una profesión para servir al pueblo y sacarlo del atraso.

Quizás por esta razón en Guerrero ha diferencia del resto del país, muchos jóvenes votan o se unen a la filas del PRI o de algún otro partido político con la esperanza de un mejor porvenir económico, pero sin ninguna idiosincracia o inclinación hacía una corriente política.

Esta es una de las grandes razones de la descomposición que vive nuestra sociedad en Guerrero, ademas de la habitualidad y la cultura de la permisividad que tenemos con la corrupción.

Ahora, seamos claros, la corrupción está lejos de ser una práctica exclusiva de funcionarios públicos.

Si definimos corrupción como la “perversión de la integridad” o la acción de “echar a perder”, los actos corruptos son el pan nuestro de cada día en México. No sólo es corrupto quien acepta una “mordida”, también lo es quien la da, y también quien roba un examen o copia al presentarlo o quien se mete en la cola.

El problema en Guerrero es que idealizamos ese descaro y lo vestimos de “audacia”. El niño admira al político, al líder sindical, al narco o al criminal porque son quienes están ganando, ya que actualmente parece que la victoria se mide por quién tiene la casa más grande, el automóvil más rápido o la mujer más despampanante.

Ese es el costo real de la corrupción. Estamos echando a perder a nuestros jóvenes. Cuando asumimos que “el que no transa no avanza”, afirmamos que otras vías legítimas de ascenso social y progreso son superfluas. Matamos el deseo de emprender, innovar o trabajar más que el que tenemos junto en el Starbucks.

¿De verdad pensamos que políticos como Hector Astudillo, Ángel Aguirre, Beatriz Mojica o Manuel Añorve entre otros van a cambiar a Guerrero? ¿Cuantas oportunidades no han tenido y cuantas veces no las han tirado a la basura?

El problema es que esta tan corrompido el sistema que tampoco las nuevas generaciones como Ricardo Taja, Evodio Velázquez o Jacko Badillo garantizan una mejora, por el contrarío, en algunos casos los políticos jóvenes han resultados ser más ambiciosos y corruptos que los mismísimos dinosaurios.

Irónicamente en estos días de campañas los Starbucks también son cuartel de guerra de algunos políticos, que visitan diariamente sus instalaciones con sus choferes y guaruras, para que una vez instalados con un frapuccino por delante, definan las estrategias que les van a permitir seguir viviendo del erario público para mantener su estilo de vida, una vida que muchos ni siquiera soñaron cuando eran niños, como en el caso del actual alcalde de Acapulco Evodio Velázquez, que seguramente dejará su huella en la historia de Acapulco como uno de los alcaldes mas corruptos y rapaces del siglo XXI.

Y mientras veo a estos políticos con sus looks de Fabricas de Francia, donde todos parecen cortados a la misma medida, observo a un grupo de jóvenes de aproximadamente 18 años frente a dos laptops reír como si no hubiera mañana y pienso en el futuro inmediato de Acapulco y como estos jóvenes que tendrían que ser el factor de cambio en nuestra ciudad, le han dado la espalda a la misma y lejos de luchar por un cambio radical para Acapulco, la gran mayoría continuan en la indiferencia o en la indecisión a pesar de encabezar una de las generaciones mas preparadas, más estudiadas y mejor equipadas tecnológicamente de la historia de México.

De verdad es urgente que como sociedad despertemos todos y que este primero de julio votemos con conciencia y con conocimiento de causa.

Deseo que nuestras sesiones en Starbucks (o en cualquier otro sitio) sirvan también para platicar y discutir que Guerrero necesita urgentemente de cambios radicales, pero estos solo llegarán cuándo no vendamos nuestro voto y saquemos del poder a todos aquellos que han lucrado con sus puestos políticos en el pasado y que siguen manteniendo al Estado de Guerrero en la pobreza y en la mediocridad.

Ya es momento de romper con el pasado, con esto quiero decir que al momento de decidir nuestro voto, votemos por aquellos y por aquellas que tengan una experiencia comprobada y que tengan historiales limpios sin importar el partido político.

Sin embargo es importante no olvidar y tener presente que en el pasado ya nos gobernaron el PRI y el PRD prácticamente en todo Guerrero, con resultados negativos y que actualmente bajo el gobierno del priísta Hector Astudillo, seguimos sin ver resultados.

El próximo primero de julio tendremos nuevamente una oportunidad de cambiar el rumbo de nuestro estado y del país. Seamos consientes por el futuro de nuestros hijos.

Twitter @TiempoGro

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