Erase una vez en Chilapa tres hermanos narcos y uno político…

¿Porque el gobierno de Hector Astudillo no detiene a los líderes de los ardillos que están plenamente identificados?

¿Que oscura negociación con el gobierno estatal de Guerrero le ha dado al grupo criminal “Los Ardillos” tanta impunidad?

Crisis en Guerrero:

Hablemos de la “mediación” del obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel, con capos del narcotráfico en la zona de Tierra Caliente, donde dijo que éstos se comprometieron a “no matar a ningún candidato” si no hay, dice el obispo, compra de votos.

Nadie, por supuesto mucho menos el propio obispo, ha explicado por qué diablos un grupo criminal tendría que matar candidatos (hay una explicación: los matan cuando no pertenecen a su propio grupo, ahí está el enfrentamiento entre Guerreros Unidos y Los Rojos para demostrarlo, o cuando los candidatos o presidentes municipales no quieren aceptar las reglas impuestas por los criminales) y por qué se tendría que llegar a un acuerdo con ellos para que, simplemente, no maten a alguien.

Mucho menos qué quiere decir eso de que no lo harán siempre y cuando se respete el voto. ¿Desde cuándo el grupo de Los Ardillos, que es el que tiene comunicación cercana y personalísima con el obispo Rangel, está preocupado por los votos? Hay una respuesta: desde que controlan los municipios en torno a Chilpancingo y tres de los cuatro hermanos manejan el cártel y el otro, el cuarto, es un líder de la izquierda, que fue hasta presidente del Congreso local.

Casualmente, otro obispo con amplia agenda política, muy apoyador de la candidatura de Cuauhtémoc Blanco, el de Cuernavaca, Ramón Castro, señaló que cuando no hay Estado de derecho, dialogar con los narcotraficantes es una alternativa, siempre y cuando, dijo, se busque la paz. Sostuvo que es éticamente razonable y que apoyaba al obispo de Chilpancingo.

Es verdad que en muchas comunidades el Estado de derecho es endeble, el problema es que la actividad de estos obispos lo vulneran aún más.

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