#Acapulco sin ley ni gobierno, el gobernador Astudillo en campaña y un obispo presume de pacto con narcos

El gobernador anda distraído.

Por El Marqués de Puerto Marqués.

Al intentar el robo de un auto en la colonia Santa Cruz, de Acapulco Guerrero, el pasado sábado murieron dos hombres en una balacera en el Viacrucis de esa colonia. Uno murió por un balazo y otro de un paro cardiaco cuando trataba de huir de la policía.

El crimen en Acapulco ya no respeta ceremonia o ritos,  prueba de esto fue que estos enfrentamientos dejaron dos muertos.

Por la tarde con la asistencia de apenas unas 200 personas, se reanudó la procesión en la colonia Santa Cruz, aunque ya sin la representación de la Pasión de Cristo.

El consuelo del actual gobierno de Guerrero y de Acapulco es que “pese a la violencia, la gente sigue llegando a Acapulco”.

Un informe de la Geneva Academy Humanitarian Law and Human Rigths establece que la violencia en México podrá ser considerada un conflicto armado y que el número de víctimas mortales ya excede el de guerras como la de Corea y la Primera Mundial.

Guerrero es uno de los estados que tristemente más a contribuido a esta mala causa desde hace más de una década. Y mientras todo esto sucede, el gobernador Hector Astudillo anda distraído en asuntos electorales y sigue sin cumplir con el orden y la paz que prometió durante su campaña.

La realidad es esta: El estado es un polvorín, prueba de esto es que el Obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, dijo que en una reunión que tuvo este fin de semana con líderes de una organización de narcotraficantes de la Sierra se comprometieron a no asesinar candidatos en este proceso electoral, y le expusieron una serie de condiciones que deben de cumplir los abanderados.

Y otro grave problema que exhibe la situación real de Guerrero, es el cierre de la planta de Coca Cola en Ciudad Altamirano por la inseguridad, extorsión y ausencia de autoridad que prevalece en esa población.

Aprovechando la fatídica noticia, el jerarca católico en Chilpancingo, Salvador Rangel también lamentó el cierre de la planta de Coca Cola en la región de Tierra Caliente y consideró que este hecho, refleja los niveles de impunidad, violencia y control que ejerce la delincuencia en territorios completos de la entidad donde el vacío de autoridad es evidente.

Quizás sea por esta razón que el obispo de Chilpancingo prefiere pactar con los narcos, antes que con las autoridades.

Así las cosas en Guerrero…¡Abur!

Twitter @TiempodGro

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