Kariño, para que la tristeza no acabe con la vida en #Acapulco 

Así enfrentan el miedo y recuperan la confianza en Acapulco, la ciudad más violenta de México

​Por Eugenia Rojas Carpio.

Converso con una compañera de equipo que vive en la colonia de Acapulco donde Médicos Sin Fronteras desarrolla sus actividades. Mientras esperamos, me comenta de la vida, su vida: un esposo violento que durante los primeros años de matrimonio le propinó golpes e insultos, hasta que lo denunció. Entonces, el maltrato dejo de ser físico, pero las humillaciones no cesaron. Lo que más le dolió fue comprobar que las principales víctimas habían sido sus dos hijos mayores, quienes interiorizaron el trauma de la violencia.

A día de hoy, mi compañera tiene cuatro hijos. Como un intento de luchar a su modo contra esta violencia, a la más pequeña la llamó Kariño. Le puso este nombre porque si algún día se enamoraba de un hombre maltratador, por lo menos él se vería obligado a llamarla cariño, a la fuerza. En este momento pensé en Cortazar: “Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”. Sentí unas enormes ganas de abrazarla y lo hice.

Salgo a la calle, miro el hermoso e imponente Pacífico frente a mí, el atardecer y los barcos llenos de turistas. Intento entender su dolor; una vida sin tregua, sin compasión, llena de miedos y frustración. Mi compañera no solo vive una vida en la que trata de superar la violencia en su hogar sino que, para colmo de males, también habita en la ciudad más violenta de México: Acapulco.

Como ella, miles de personas viven suspendidas en un tiempo violento. “En automático uno se acostumbra a la violencia”, suelen decir muchos por aquí. Especialmente, las mujeres y los adolescentes que cuentan cómo aprendieron a moverse en situaciones complejas, evitando ser víctimas de cualquier violencia.

Las formas de convivencia se han alterado, la población no tiene libertad para salir. Y son sobre todo los jóvenes quienes han perdido el acceso a espacios públicos de encuentro y reunión. “Solo queremos irnos de aquí”, nos dicen una y otra vez, como un mantra con el que intentan alejar la tentación de unirse a la maña (pandilla). “A los chavos los están jalando por el dinero”, explican.

En este contexto, nuevamente parece relevante pensar en lo que significa vivir con miedo a ser alcanzado por una bala, confundido con un señalado, levantado por el crimen organizado o desaparecido por alguno de los actores armados con presencia en la ciudad.

Vuelvo al mar y pienso lo irónico de vivir en una ciudad hermosa y al mismo tiempo tan grotesca; controlada por los carteles y la delincuencia. De todas formas, la gente chapotea en el agua, compra tacos, esquites y diablitos.

Se ven turistas consumiendo en grandes y lujosos hoteles; todo listo para recibir a los visitantes que vienen de distintos lugares del país. También están los coches de lujo, las cabalgatas, los restaurantes exclusivos, las playas reservadas y el malecón, donde la gente pasea sin mezclarse con los jóvenes y las familias aún movilizadas por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Violencia diaria

El 19 de enero Aristegui noticias informa: “En la colonia Generación 2000 y en la colonia La Fábrica, ubicadas en Acapulco, fueron hallados los cuerpos de dos hombres: uno de ellos, de entre 40 y 45 años de edad, maniatado y con impactos de bala, y otro desmembrado y puesto dentro de un costal en un canal pluvial”. No es que sea un medio amarillista, es que esta es la realidad cotidiana de la ciudad. La violencia es diaria y se puede comprobar en el lenguaje: los cadáveres, los desmembrados, los calcinados… han perdido su calidad de padres, hermanos e hijos y se han convertido en meras noticias y estadísticas.

En este contexto, la vida cotidiana es compleja. La percepción generalizada es que todo se ha corrompido: en la tortillería se encuentra el halcón (menores de edad que actúan como alerta de la presencia de fuerzas armadas); las plazas son espacios para el consumo de estupefacientes a bajo precio; los terrenos baldíos son depósitos de cadáveres – enteros o desmembrados – y las mafias locales cobran cuotas de extorsión a la población que, si no acata, paga con la vida.

Desde el trabajo con Médicos Sin Fronteras (MSF) en Colonia Jardín y en Ciudad Renacimiento, barrios urbanos marginales con altos índices de violencia, constatamos que sus habitantes han aprendido a convivir con la violencia, al punto de asimilar como cotidianas las dinámicas del crimen organizado en sus barrios.

Además del apoyo a grupos comunitarios, los equipos de MSF también brindan atención psicológica y asistencia a supervivientes de violencia sexual. Facilitamos atención médica y psicológica a las víctimas y reforzamos las capacidades del sistema y del personal público de salud, para garantizar que reciben dicha atención médica y que se respete su confidencialidad.

Otro de los aspectos que abordamos en un contexto tan complejo es el de la salud mental. Contamos para ello con cuatro puntos de atención ubicados en centros de salud y en una parroquia. En estos puntos, nuestros psicólogos constatan diariamente las devastadoras consecuencias de la violencia: allí los síntomas relacionados con la ansiedad, la depresión y los cuadros postraumáticos son frecuentes.

A través de las redes de apoyo familiar y comunitario, proponemos espacios de diálogo donde se reflexiona sobre el contexto en el que viven y trabajan. Grupos de vecinos, de madres, de familias y de jóvenes en los que ha surgido la necesidad de rescatar lo positivo de la solidaridad intentan recuperar la confianza en el vecino, acuerdan volver a mirarse como un colectivo que colabora para restaurar espacios de su comunidad, y reconocen la necesidad de entender qué sucede en su entorno. Coinciden todos los grupos en fijarse un objetivo ambicioso: encontrar la manera (personal o a través de redes de apoyo comunitario) de enfrentar miedos, pesadillas, lutos infinitos, la angustia que provoca salir a la calle o dejar a los niños en la escuela.

Profundas heridas psicológicas

Estamos empeñados en cumplir su anhelo y que la gente rescate prácticas colaborativas similares a las que sus padres y abuelos usaron para levantar estos barrios. Resulta esencial entender que como individuos somos débiles, pero que en comunidad podemos encontrar formas de recobrar el sentido de humanidad que la violencia arrebata. Queremos volver a mirarnos nosotros y a nuestros vecinos como seres humanos que merecen respeto; algo que es básico para la vida.

Retomo mi camino pensando en Kariño, las penas de las mujeres maltratadas, las de las madres y padres que no saben dónde están sus hijos. Entre tanto dolor, en vez de sucumbir ante la desgracia, pedimos a la gente que se reconozca como superviviente de una realidad incomprensible y que acuda a los grupos comunitarios en busca de consuelo, estrategias para afrontar el día a día, y formas de acción y movilización que les devuelvan la dignidad. El objetivo es que, como parte de la búsqueda de un bienestar colectivo y de una responsabilidad de todas las familias involucradas, se sientan, poco a poco, cuidados y amparados.

Ofrecemos asistencia psicológica de forma gratuita y confidencial en los diferentes centros de salud de la Colonia Jardín a aquellas personas que están expuestas a un dolor y a una angustia insoportable que les impide dormir o relacionarse; a quienes no pueden dejar de llorar y a quienes que, a causa de las profundas heridas que la violencia les dejó, no han podido rehacer su vida. Y lo hacemos convencidos de que los procesos terapéuticos pueden lograr aliviar el sufrimiento y hacer que muchas de estas personas recuperen la funcionalidad que le dé un significado a su vida.

Me apresuro para volver a casa; no es conveniente caminar sola en la noche. Reflexionar sobre la condición humana remueve las tripas y el calor de la ira se convierte en un impulso para salir, gritar y seguir trabajando; para que la tristeza no acabe con la vida.

Publicado en El Mundo 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s