CPI: Acapulco y Chilpancingo las ciudades menos prósperas del país 

Por Octavio Klimek A.

El pasado martes 19 de octubre, dentro de la Cumbre Hábitat III realizada en Quito, Ecuador, fue presentado por México su Índice de Ciudades Prósperas 2016, acrónimo CPI (City Prosperity Index, por sus siglas en inglés). Dicho Índice fue elaborado de manera conjunta entre ONU-Hábitat, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, y el Infonavit, el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, con el apoyo de la Sedatu, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.

Respecto a los datos individuales para 77 zonas urbanas evaluadas se tienen los siguientes resultados.

Las seis zonas urbanas más prosperas del país son las de los municipios de Cajeme, Sonora (66.2 puntos), Cancún, Quintana Roo (65.9), Acuña, Coahuila (65.2), Guadalajara, Jalisco (63.9), La Paz, B.C. S. (63.6) y Tepic, Nayarit (62.4). Todas ellas, se consideran moderadamente sólidas.

En los factores moderadamente débiles (50-59 puntos), se ubicaron 62 ciudades.

Las nueve zonas urbanas menos prósperas del país son las de los municipios de Chilpancingo, Guerrero (46.0), Acapulco, Guerrero (46.1), La Piedad, Michoacán (46.7), Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (47.4), Coatzacoalcos-Minatitlán, Veracruz (49.2), Saltillo, Coahuila (49.4), Matamoros, Tamaulipas (49.7), Caborca, Sonora (49.9) y Oaxaca, Oaxaca (49.9). Todas ellas se consideran débiles.

Es decir, ninguna aglomeración urbana de México obtuvo los puntos suficientes para considerarse muy sólida (80-100 puntos) y sólida (70-79 puntos), aunque tampoco muy débil (10-39 puntos).


En la dimensión de productividad se tiene a Playa del Carmen, Q. Roo y a San Miguel de Allende, Guanajuato con el mayor valor de 72.7 puntos respectivamente, por lo que se consideran sólidas. Por el contrario, Cadereyta de Montes, Querétaro tiene el menor valor con 41.6 puntos, por lo que se considera débil.

En la dimensión de infraestructura se tiene a Tepic, Nayarit con el mayor valor de 75.7 puntos, por lo que se considera sólido. Mientras que, Naolinco, Veracruz tiene el menor valor con 40.6 puntos, por lo que se considera débil.

En la dimensión de calidad de vida se tiene a Tula de Allende, Hidalgo con el mayor valor de 73.4 puntos, por lo que se considera sólido. Por el contrario, Acapulco, Guerrero tiene el menor valor con 51.2 puntos, por lo que se considera moderadamente débil.

En la dimensión de equidad e inclusión social se tiene a Piedras Negras, Coahuila con el mayor valor de 77.8 puntos, por lo que se considera sólido. Mientras que, Chilpancingo, Guerrero tiene el menor valor con 53.6 puntos, por lo que se considera moderadamente débil.

En la dimensión de sostenibilidad ambiental se tiene a Guadalajara, Jalisco con el mayor valor de 89.7 puntos, por lo que se considera muy sólido. Por el contrario, Chetumal, Q. Roo tiene el menor valor con 27.6 puntos, por lo que se considera muy débil.

En la dimensión de gobernanza y legislación urbana se tiene a La Paz, B.C.S. con el mayor valor de 71.3 puntos, por lo que se considera sólido. Mientras que, Salamanca, Guanajuato tiene el menor valor con 22.3 puntos, por lo que se considera muy débil.

Sin duda alguna, los tomadores de decisiones de los tres órdenes de gobierno en México tienen con el Índice de Ciudades Prosperas un instrumento, que habría que aprovechar para llevar al camino de la prosperidad a las ciudades que gobiernan. 

El mandato es que debemos comprender los factores que promueven o limitan la prosperidad. La fotografía del Índice, que ahora se tiene es que nuestras ciudades en su mayoría todavía presentan diferencias amplias entre e intra en sus seis dimensiones de prosperidad; sus desarrollos son desequilibrados y persiste una clara frontera de desigualdad entre ricos y pobres. No se pretende, decir que nos convirtamos en Barcelona o Berlín, pero está claro que en el mundo hay grandes modelos de ciudades prosperas, de las que debemos aprender para a través de desarrollar políticas, programas y acciones cambiemos a nuestro propio modelo de prosperidad.

No debo de dejar, que en especial me preocupa los casos de Acapulco y Chilpancingo, ambas de Guerrero, que en comparación con otras ciudades del país son las menos prosperas del país. 

Las dos ciudades tienen problemas estructurales históricos, así como su crónica desigualdad en el acceso a las oportunidades para su ciudadanía y la pobreza generalizada las ubica en esa condición. Esto se expresa en una violencia cotidiana inaudita. Es claro, que se requiere mayor solidaridad externa con ellas, no sólo nacional, sino también internacional. 

Esto, ante la debilidad institucional de las autoridades locales para responder a semejantes retos. Basta leer los diarios para entender el tamaño de la emergencia. 

Por ello, se requiere impulsar una mayor participación organizada de la ciudadanía, comprometida con el devenir del presente y mucho más del futuro de Acapulco y Chilpancingo, en donde no debe existir cálculo de poder faccioso o partidista.

Leer más: El Sur

 

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