El Che 


El pueblo cubano atesora en su corazón muchas anécdotas que reflejan en toda su magnitud la recia personalidad del Che Guevara, ese hombre inmenso que sabía felicitar con la misma fuerza que ejercía la crítica oportuna.

De la época en la Sierra Maestra fueron varias las ocasiones que sus compañeros intentaron favorecerlo en la alimentación, debido a sus padecimientos asmáticos. Jamás aceptó un privilegio; reprochó cada hecho y siempre comió lo mismo que el resto de sus hombres. Se conoce de su cotidiana asistencia a trabajos voluntarios y en esa faceta sobran los relatos como las veces en que se vieron enrolados periodistas o fotógrafos que intentaban entrevistarlo o captar una escena. La reacción del Che se repetía: “Mire usted, lo mejor que hace ahora es pegarse a trabajar junto a nosotros y después analizaremos su deseo.”

Era exigente en el cumplimiento de los horarios y como ejemplo puede recordarse que cierto día concertó una partida de ajedrez con José Luis Barreras, directivo del juego ciencia. Barreras llegó algunos minutos pasada la hora. Después del saludo conversaron sobre varios temas y cuando su interlocutor le preguntó: ¿Cuándo comenzamos a jugar?, recibió una respuesta tajante: “Oiga, la disciplina es fundamental en la vida. Acordamos a las nueve de la noche y usted llegó después, por lo tanto, hoy no jugaremos.

Twitter @TiempoGro

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