Opinión – Juárez Cisneros: mal mensaje

Es un mal signo político que Enrique Peña Nieto haya designado subsecretario de Gobernación a un ex gobernador de Guerrero que por historia, práctica y relaciones atenderá los asuntos delicados del país desde una visión anquilosada y complicitaria. 

Para sustituir a su amigo y compadre Luis Miranda Nava, a quien envió a la Secretaría de Desarrollo Social, el titular de Los Pinos designó a René Juárez Cisneros, un representante del priísmo clásico que será garante de que sean intocados los intereses de Ángel Aguirre Rivero y de Rubén Figueroa Alcocer, justamente cuando crece la exigencia de que la investigación sobre el caso de los 43 normalistas desaparecidos llegue al municipio de Huitzuco de Figueroa.

La recurrencia a cuadros políticos de predecible conducta menor, ante las exigencias mayores del país, confirma el timbre faccioso tan propio de los actuales ocupantes de la casa presidencial. 

En lugar de ofrecer perfiles frescos, con visiones modernas e incluyentes, relativamente confiables aunque fuera por desconocimiento de su trayectoria, para tratar de ir resolviendo los graves problemas políticos y sociales que se han acumulado peligrosamente en el país, Peña Nieto echa mano de personal operativo que ni siquiera genera esperanzas: ¿arde Guerrero?, que el asunto sea atendido por alguien que forma parte de los grupos de poder que son acusados de generar los incendios; ¿persisten las protestas por Ayotzinapa?, que ahora dialoguen con un paisano suyo, emparentado políticamente con otros ex gobernadores repudiados y acusados.

Juárez Cisneros es uno de los pocos gobernadores de Guerrero que han logrado terminar su sexenio, pero no pudo mantener al PRI en el poder en esa entidad, pues fue electo como sucesor Zeferino Torreblanca, una especie de panista abanderado oportunistamente por el PRD. Actualmente Juárez Cisneros es senador por su estado natal, pero no electo por mayoría relativa sino por primera minoría, es decir, como ocupante de un tercer lugar en las fórmulas en competencia.

De carambola, la designación de Juárez Cisneros impactará el caso Iguala, pues el actual presidente municipal, Esteban Albarrán Mendoza, es el suplente del ahora subsecretario de Gobernación y, por tanto, será llamado a ocupar el escaño del ex gobernador. En La Jornada Guerrero una nota firmada por Javier Soriano Guerrero describe que Juárez Cisneros pertenece al grupo político de Rubén Figueroa Alcocer, otro ex mandatario estatal, involucrado en la matanza de Aguas Blancas. Juárez Cisneros fue secretario de Planeación y Presupuesto del gobierno del estado con José Francisco Ruiz Massieu, presidente municipal de Acapulco de 1990 a 1993 y secretario de Planeación, Presupuesto y Desarrollo Urbano en el gobierno de Rubén Figueroa. Además, “mantiene buenas relaciones con el que fue jefe de la oficina de la Secretaría de Desarrollo Social, Ramón Sosamontes Herreramoro, ex perredista vinculado a los videoescándalos. Juárez Cisneros también es muy cercano a Rosario Robles Berlanga, ahora titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano” .

Por otra parte, colocar como subsecretario de Gobernación, encargado de atender los asuntos políticos críticos, a un ex gobernador de Guerrero relacionado con el denso poder caciquil de Rubén Figueroa Alcocer significa también una falta de reconocimiento a la capacidad del actual mandatario, Héctor Astudillo, quien no ha podido hacer algo más que discursos de buenas intenciones, siempre desmentidas por la realidad.

En las condiciones difíciles de esa entidad, con movimientos sociales en ascenso incluso agresivo, la persistencia de la protesta de activistas por el caso de los 43 y los recortes presupuestales por venir, que generarán fuerte inconformidad en muchos sectores guerrerenses, Los Pinos pareciera haber optado por una forma no muy disfrazada de contar con rudas manos operativas alternas.

En su toma de posesión, el nuevo subsecretario de Gobierno (menos cuña que la anterior cuña oficial mexiquense a Miguel Ángel Osorio Chong) dejó clara la reivindicación de una suerte de diazordacismo nostálgico que anima al peñismo, política y socialmente entrampado: dijo Juárez Cisneros que en su oficina se privilegiará el diálogo, pero éste debe ser sin condicionamientos ni chantajes y, aunque aceptó la existencia de una irritación social fuerte, aseguró que no será a través de la descalificación y la diatriba como superemos nuestros problemas; se vale disentir, pero no se vale destruir (nota de Fabiola Martínez en La Jornada).

Facebook: Julio Astillero

Fuente: LA JORNADA

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