Trump contra una Clinton en plan Héctor Astudillo

Por El Marqués de Puerto Marqués.

La diferencia entre Trump y Clinton es la que hay entre Clint Eastwood, que apoya a Trump, y… Banderas, que apoya a Clinton, que son dos, Bill y Hillary, aunque la que se presentó al debate fue Hillary, que se parecía a Manuel Añorve pero vestido de cardenal.

–Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de la Nueva España se vistió de cardenal – decía una coplilla de la epoca Colonial.

Los Clinton constituyen una S.A. matrimonial en la que el 51 por 100 lo tiene ahora Hillary. Ellos son el Partido Demócrata, que es el “establishment”. 

Los medios de comunicación son su propaganda, los dispensadores del frijol socialdemócrata, como acreditó el moreno Lester Holt, el impresentable presentador del debate, que concluyó con una pregunta tercermundista planteada como trampa para Trump: “¿Aceptará el resultado de las elecciones?” A lo que Trump podía haber respondido: “Si el que cuenta los votos es usted, no”.

Trump posee dos cosas fuera del alcance del periodista contemporáneo: dinero y libertad de expresión. Esto lo convierte para los plumillas en un monstruo, que en el nuevo catecismo demócrata mexicano de los priístas y panistas se dice populista o fascista. En eso, los periodistas son hegelianos: lo real es lo racional, es decir, el que manda es el bueno, y allá en USA mandan los Clinton, que son como los Kirchner de Arkansas o los Calderón en México en sus buenos tiempos.

En el debate, todo el odio de Hillary a su marido, que siendo presidente consiguió que se hablara de la Casa Blanca como de la de Hugh Hefner, lo proyectó contra Trump. “¡Le gustan las misses!”, acusó Hillary, en plan de Héctor Astudillo o de Paquita la del Barrio que viene siendo lo mismo. “Menos que a su marido las becarias a sus órdenes”, pudo contestarle Trump, de ser el López Obrador que ven en él nuestros tertulianos intelectuales cuando se postulan de finos analistas.

Pobre Trump, que sólo será el chivo expiatorio de la ruina (comparable a la de AMLO en el 2006 y 2012) que deja en herencia el progresista Obama, que ya se ve jugando al golf en Cayo Largo con los Gates, la cuadrilla de Silicon Valley y la pandilla de Bill Clinton.

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