Los Juegos Olímpicos del ‘temor y temblor’


Por Jesus Mota.

Con temor y temblor, los atletas del mundo se aprestan a competir en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro que comienzan el día 5. ¿Estamos ante una magna competición atlética o frente a una aventura de alto riesgo, similar a una expedición por la jungla o a la exploración del Ártico? No ha habido una olimpiada que se presente con tantos manchurrones de caos e incompetencia. Los participantes tendrán que sortear el riesgo del zika embadurnados de pringosos repelentes antimosquitos, sobrevivir en una villa olímpica con graves fallos en el agua corriente u otras condiciones mínimas de habitabilidad (el ruido percutiente que obstaculiza el sueño de los atletas), resultar ilesos de las desdichas diarias (la delegación australiana tuvo que ser evacuada el viernes por un incendio) o sobreponerse a incidentes vodevilescos (un individuo vomitó sobre un vallista chino y cuando un fotógrafo corrió detrás del vomitador, un cómplice le robó el equipo de fotografía) y procurar no caerse al agua de la bahía donde se celebran algunas pruebas náuticas porque está contaminada de aguas fecales.

Por no mencionar las condiciones de seguridad frente a la delincuencia organizada (el caso del ladrón vomitador es un buen ejemplo). Los folletos de advertencia insisten en que por la ciudad se transite siempre en compañía, sin joyas, con el dinero justo, con especial atención a los taxis (para evitar secuestros), no ofrecer resistencia durante un eventual atraco… No se sabe muy bien si los atletas van a vivir en una capital de un Estado del siglo XXI, organizado y confortable, o en El Pueblito, esa prisión mexicana del tamaño de una capital de provincias española.

El Gobierno brasileño ha dispuesto de lustros para organizar los Juegos; confió (o eso decía) en la olimpiada y en el Mundial de fútbol patra construir infraestructuras básicas y confirmar que Brasil había superado el nivel parvulario de país emergente y contaba ya como país consciente de su pertenencia al primer mundo, por emplear el lenguaje antiguo; se contaba además con ambos escaparates para lustrar la imagen del continente sudamericano y abandonar de una vez por todas el cliché de la debilidad de la gestión pública en el subcontinente. Ni uno sólo de estos objetivos se ha cumplido. Hay quien dice que serán los Peores Juegos de la Historia, que los atletas rusos excluidos han tenido suerte por evitar la competición en un campo de chatarra y que las marcas deportivas sufrirán una regresión en un entorno infradeportivo.

El fracaso que se barrunta en los Juegos suscita dos preguntas básicas. ¿Quedará impune la responsabilidad de quienes han hecho fracasar el proyecto de Río, de quienes han incumplido los contratos, de los que han utilizado materiales de pésima calidad o han envilecido las infraestructuras olímpicas? Pues es probable que sí; el Comité Olímpico no atiende ya a otra cosa que no sea a la inauguración de purpurina de los Juegos y a presionar para que el desastre y el fraude (presunto) se entierren bajo capas de dinero. 

Publicado en EL País.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s