Guerrero, al olvido

Desde los tiempos de Felipe Calderón en la Presidencia de México, cuando anunció su declaración de guerra al narcotráfico, me he preguntado por qué decidió atender todas las entidades en donde ese quehacer era más evidente, menos a Guerrero. Por qué ésta ha sido marginada de la atención gubernamental y ha sido dejada prácticamente al garete o al cuidado de sus gobernantes, que nada pueden hacer para menguar los estragos de las mafias.

Hace unos días, los grupos criminales que se desempeñan en Acapulco, la ciudad más importante y más visible del estado, anunciaron un toque de queda a partir de las seis de la tarde, algo realmente alarmante, nunca antes visto en ninguna otra población del país. Sin embargo, no hubo una autoridad federal que levantara la mano para decir que iría al rescate. La caricatura de presidente municipal del lugar machaca que no ocurre nada, cuando los que tienen que estar allá por cuestiones de trabajo o por cualquier otra causa, aseguran que jamás sintieron tanto miedo, porque el ambiente lo impone.

Manlio Fabio Beltrones acaba de declarar que retiró el registro a tres candidatos a alcaldías en Tamaulipas, porque fueron comprados por la delincuencia para dar su apoyo al candidato panista al gobierno, Francisco Javier García Cabeza de Vaca. Dijo que no quieren que se les aparezca otro Abarca, como pasó al PRD o a López Obrador. ¿Y si hubiera sido al revés? ¿Si el apoyo hubiera sido pedido para el candidato del PRI?

¿Por qué entonces en Guerrero no se ha hecho la mínima investigación en tiempos electorales, de los candidatos de ese partido a las alcaldías, como se prometió inmediatamente después de la desaparición de los 43 normalistas en Iguala? En aquella ocasión se aprovechó el momento solo para denostar al PRD y todo lo que tuviera que ver con el entonces alcalde José Luis Abarca y su esposa.

Se aprovechó un acto criminal para hacerse propaganda.

En las elecciones subsiguientes, todos los partidos olvidaron sus promesas de poner sumo cuidado en la selección de sus candidatos y volvieron a consentir en dar el registro a los que prometieran llegar, como sea, con recursos propios o de otros. Ahora basta echar una asomadita al olvidado estado suriano, para darse cuenta inmediatamente de cómo están las cosas. Obviamente, nadie es capaz de hacer señalamientos directos, porque las respuestas son de sobra conocidas.

Pero no es siquiera necesario ir para constatar. Desde cualquier sitio se puede apreciar lo que ocurre en la entidad del sur, porque Acapulco es bastante conocido, inclusive en otros países. Lo que no se sabe es que las cosas en todos los municipios están para llorar y en algunos lugares, hasta peores que en el puerto.

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