Tiempo mexicano: La prolongada agonía del Puerto de #Acapulco

POR Rafael Cardona.

Hace algunos años se hizo famoso un libro llamado “Tiempo mexicano”.

Lo escribió Carlos Fuentes y describía parte de la realidad mexicana en el final del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, como circular, en la cual las cosas (ya en su momento Gustavo Sainz escribiría “Obsesivos días circulares” y Agustín Yáñez daría cátedra con “Las vueltas del tiempo”), van y regresan para estar de nuevo en el punto anterior a lo redondo dentro de un proceso de modernidad oscilante entre Quetzalcóatl y Pepsicóatl –decía–, sin terminar jamás las etapas completas.

Ahora estamos viendo sucesos dentro de ese “tiempo circular”, como esta disputa horrenda en la prolongada agonía del Puerto de Acapulco, tironeado y jaloneado por los intereses de, dicen ahora, tres grupos mafiosos en disputa abierta y reconocida por la autoridad, por el mercado de la droga.

Parte del país convertida nada más en un sangriento centro de distribución de drogas y estamos viendo , por el mismo motivo, la enésima toma de una carretera; la Autopista del Sol (eclipsada con demasiada frecuencia) aorta, vena principal del estado de Guerrero, pasando por Chilpancingo, terminando en Acapulco, camino por cuya apertura permanente se había comprometido el presidente de la República para no tener nunca más una nueva ocupación, un nuevo bloqueo, cosa hasta ahora imposible. Antes de ese compromiso, los bloqueos duraban cuatro o cinco horas; ahora duran diez.

El estado de Guerrero sigue siendo el escenario y muestra de todo lo grave en México. Todo lo caótico, en algún momento, pasa o se genera, por ahí.

Esta disputa de la PGR con el grupo del GIEI externada ahora y manifestada con las graves acusaciones en contra de la Agencia de Investigación operada por Zerón de Lucio, bueno, pues tiene un origen absoluto de Guerrero.

En Guerrero están la Normal Rural Burgos, de donde salieron en su momento grupos guerrilleros (profesores en sedición; alumnos graduados en secuestro), y las coordinadoras de maestros aferrados al viejo sistema de control sindical y pase automático y apropiamiento del magisterio en pleno, las cuales en su momento le prendieron fuego a la mitad de la ciudad de Chilpancingo; están las organizaciones de transportistas, de campesinos, de estudiantes, de padres en búsqueda, de víctimas de todo buitre, pero también de zopilotes de diverso basural, siempre dispuestos a pescar en la revoltura del río, así sea el Río San Juan, cercano a Cocula.

Todo se junta en ese microcosmos violento, sangriento y sin solución llamado (por algo será), Guerrero, después se extiende para Michoacán, en donde los bloqueos ya los hemos visto en semanas anteriores, y tiene toda una especie de conurbación del delito con una parte del Estado de México y obviamente Morelos con su insólita presidencia municipal manejada con las piernas de un futbolista.

Pero ese cosmos ejemplar nos lleva a generalizar. O al menos a los oficiales del gobierno –por ejemplo—del Canadá, quienes (“El blog del narco”), les advierten a sus ciudadanos tanto como ya lo ha hecho el Departamento de Estado, sobre los peligros mexicanos y los bloqueos y la falta de control. Vea usted:

“Usted debe tener un alto grado de precaución debido a la violencia en aquellas partes del país que experimenta un deterioro de la seguridad. Los altos niveles de actividad delictiva, así como manifestaciones, protestas y bloqueos de carreteras ilegales ocasionales, siguen siendo una preocupación en todo el país”.

“Agregando que, de ser viajes ‘no esenciales’ mejor se evite el norte de Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León (excepto la ciudad de Monterrey), Sinaloa (con la excepción de Mazatlán), Sonora (excepto las ciudades de Hermosillo y Guaymas / San Carlos), y Tamaulipas, debido a los altos niveles de violencia vinculados con el crimen organizado.

“Además, extremar precauciones de visitarse los estados de Michoacán (con exclusión de la ciudad de Morelia) y Guerrero (excluyendo las ciudades de Ixtapa, Taxco y Zihuatanejo, así como la zona turística de Acapulco) “debido a los altos niveles de la violencia y el crimen organizado. Por la misma razón, evitar viajes no esenciales a las áreas de Jalisco que colindan con los estados de Michoacán y Zacatecas”.

“También se recomienda viajar por vía aérea “en el norte de México, particularmente a lo largo de la frontera con Estados Unidos, el crimen organizado y la violencia urbana afecta en gran medida la seguridad. Los enfrentamientos entre grupos delictivos organizados y las autoridades mexicanas siguen planteando un problema.

“Tiroteos, ataques y bloqueos de carreteras ilegales pueden ocurrir sin previo aviso (…) Los delincuentes se dirigen especialmente a los vehículos deportivos utilitarios y camionetas de tamaño completo por robo y secuestro de vehículos en las carreteras.

“Advierte además que “agentes reales de policía han extorsionado a los turistas (…) Si esto ocurre, no entregue su dinero o su pasaporte. En su lugar, pregunte por el nombre, insignia y el coche patrulla número del oficial…”

“En cuanto a la Ciudad de México, no ahonda en la inseguridad, sin embargo sí menciona tener precaución sobre las marchas y bloqueos ‘inesperados’.

Y lo grave de todo esto va más allá de los muchos diagnósticos, como nos salen sobrando. Ahora le ha tocado al fiscal, Javier Olea, hacer el diagnóstico de dónde viene esta violencia carretera.

Es el mismo diagnóstico desde tiempos de Caballero Aburto; cuando no podía terminar un gobernador su periodo con normalidad, cuando se caía el helicóptero de Caritino Maldonado; cuando todo era violencia; cuando todo era Aguas Blancas; cuando todo era echar a Figueroa para traer a Ángel Aguirre y ver a la larga cómo el remedio agravó la enfermedad.

Y vamos de ahí a Iguala; y vamos de ahí a Cocula; y vamos de ahí a Huitzuco; y vemos la mano negra de la delincuencia vestida con uniforme, o sin uniforme, golpeando una y otra, y otra vez, y no hay forma de evitarlo.

Es el “tiempo circular”, es el tiempo sin control, es el tiempo cuyo designio invisible nos controla a nosotros y no hay una sola forma de resolver este asunto. No se resuelve con policías porque los policías son parte del problema; no se resuelve con el Ejército porque el Ejército no puede actuar y cuando actúa no falta quien se equivoque o se desmande.

Entonces ¿en dónde está la trampa del tiempo de los mexicanos? ¿Por qué no podemos salir? ¿Por qué todo el tiempo regresa Huitzilopochtli con su baño de sangre? ¿Por qué no podemos avanzar? ¿Qué es lo que nos detiene? ¿Cómo entendemos la imposibilidad del despegue si reptamos un día y el siguiente apenas en la posta del aeropuerto de nuestras ilusiones incumplidas?

Esa es una pregunta constante en mi cabeza desde hace años cuando empecé a trabajar en esto de la observación política y el testimonio directo de la realidad de mi país (se llama periodismo). Como otros muchos, tengo casi ya el medio siglo de ver y de sentir a veces la misma desesperación, porque en tanto tiempo sólo he podido llegar a una conclusión: es desesperante ser mexicano.

Twitter @TiempoGro

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