¿Te acuerdas de #Acapulco?

Algo que  llama la atención, son las cifras que se dan a conocer en el “Ranking de la Violencia en los Municipios 2015”, elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal A.C. realizado con las averiguaciones previas de los Ministerios Públicos del Fuero Común del todo el país. Dichas estadísticas se encuentran en el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

En este informe se señala que los 229 municipios, Acapulco de Juárez obtuvo el índice de violencia más elevado entre los municipios de más de 100 mil habitantes. Chilpancingo ocupa el segundo lugar.

“Los principales hallazgos del estudio 2015 son los siguientes: En 2015 Acapulco, Guerrero, tuvo el índice de violencia más elevado entre los municipios de más 100 habitantes del país, 229 para ese año, con 72.70 puntos. Desplazó así a Cuernavaca, Morelos, del primer sitio que había tenido en 2014, al tercero. En 2015 Cuernavaca obtuvo 50:68 punto. Acapulco ya había ocupado el primer sitio en 2012 y 2013. El segundo lugar correspondió a Chilpancingo con 55.02 puntos”.

Algo más que revelan las estadísticas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, los 20 municipios con el mayor índice de violencia cuatro corresponden a Guerrero, Cuatro a Morelos, tres al Estado de México, dos a Baja California, dos a Tabasco, uno a la Ciudad de México, Baja California Sur, Sinaloa y Zacatecas.

Por: David Espino

En los primeros meses del pasado año 2015, en el puerto de Acapulco, Guerrero, comenzó a circular un mensaje en cadena a través de la aplicación Whatsapp.

El texto, plagado de faltas de ortografía y firmado por los Guerreros del CJNG (Cártel de Jalisco Nueva Generación), está dirigido a la ciudadanía de Acapulco, así como al CIDA (Cártel Independiente de Acapulco), al que señalaba como responsable de la violencia que habia tenido lugar en el puerto en esos meses.

Dicho mensaje fue entregado, a través de un tercero, a dos periodistas extranjeros que viven en esa ciudad desde el 2015 y trabajan en un libro de historias acerca de la violencia y sus efectos en la sociedad.

La española Elisabet Sabartés, corresponsal del periódico La Vanguardia para México, Centroamérica y el Caribe, y el italiano Giulio Petrocco, periodista freelance de varios medios europeos, observan que las advertencias y amenazas desplegadas en dicho texto comenzaron a cumplirse hace tiempo.

Por ejemplo, el jefe de la Policía Municipal, Daniel Pérez Crisóstomo, mencionado en el narcomensaje, fue asesinado la mañana del 4 de abril del 2015 mientras conducía su automóvil sobre la muy transitada avenida Cuauhtémoc; con él viajaban su esposa, que resultó ilesa, y su hijo, que fue herido. Dos chicos que transitaban en una motocicleta aprovecharon la luz roja del semáforo para acercarse y descargar sobre el rostro del comandante la carga de una pistola .38 súper.

Ese mismo mes, durante una serie de protestas en el penal Las Cruces, de Acapulco, personas que se identificaron como familiares de algunos internos señalaron que varios de sus compañeros mantenían el control en la cárcel mediante diversas formas de intimidación, entre ellos un tal Jhoni, tal y como se menciona en el mensaje. Poco después, tres hombres fueron ejecutados dentro del penal, si bien no se informó nada de manera oficial. Al mismo tiempo, en los barrios La Laja y Renacimiento comenzaron a tener lugar crímenes en pleno día.

Ese abril del 2015 terminaría con 83 asesinatos violentos más. Y un mes después, en mayo, la ciudad concluiría su conteo de muertos con 105 “homicidios dolosos”; el más elevado desde principios del 2015. Pero, por más que aumentasen, no parecía algo novedoso. Desde que comenzó el 2015 y 2016, Acapulco presentó una elevada tasa de asesinatos, los cuales tenían lugar lo mismo en barrios de la periferia propensos a la delincuencia que en la zona de playa del llamado Acapulco Dorado.

Pero las cifras oficiales de la violencia en este puerto, se resguardan como si se tratara de un secreto de Estado. Ni el gobierno estatal ni el federal las proporcionan cuando se les solicita. Lo que se obtiene, apenas, son filtraciones, números sueltos sin fuentes precisas. Y generalidades. Por ejemplo, hasta mayo de 2015, la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana mantenía un registro de 336 “homicidios dolosos” en Acapulco, 162.9 por ciento más que en el mismo periodo del año anterior, en el que ocurrieron 237.

Asimismo, la Fiscalía General del Estado manejaba cifras de 946 “asesinatos dolosos” en todo el estado. Randy Suástegui Cebrero, vocero de esta, proporcionó dichas cifras a cuentagotas, tras dos semanas de insistencia. Cuando se le inquirió si disponían de los datos segmentados por municipios, respondió que no.

Con todo y esta opacidad, el año pasado, de acuerdo con el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, Acapulco se posicionó como la tercera ciudad más violenta del mundo; sólo atrás de la ciudad centroamericana San Pedro Sula, en Honduras, que se ubicó en primer lugar, y abajo de Caracas, Venezuela, que se hallaba en segundo sitio. San Pedro Sula cerró 2014 con 171.20 homicidios por cada 100 000 habitantes y Caracas con 115.98.

El anterios fiscal general del estado, Miguel Ángel Godínez Muñoz, hoy por cierto detenido por actos de corrupción, tenia una explicación a todos esos crímenes: “No pasa nada”, decia, y basaba su dicho en dos cosas: quienes mueren son gente, “al parecer”, ligada al crimen organizado y a que los índices de violencia que se registran no han rebasado los números anteriores. Por eso, insistía, “no pasa nada diferente a lo que estaba ocurriendo antes”.

Lo que decía Godínez tenioa cierta lógica dentro de la lógica de este gobierno. No muchos días antes, el pasado 26 de junio, el gobernador Rogelio Ortega Martínez declaró a reporteros que entregaría al gobernador electo, Héctor Astudillo Flores, un estado “en paz y armonía” el pasado 27 de octubre. Lo dijo cuando los números de homicidios violentos ya rebasaban la cifra de 350, sólo en Acapulco, y cerca del millar en todo el estado, esto de acuerdo con las cifras oficiales del 2015.

No hay mayores registros en Acapulco para explicar lo que pasa. La generalidad, el lugar común, es que los cárteles de todos los nombres se pelean el territorio. Lo cierto es que estos grupos están reclutando jóvenes de diferentes colonias. Chicos cada vez más chicos.

Y aunque también es un lugar común, el fiscal Godínez lo reconocía en una entrevista. “La media (sic) —dijo desde la Ciudad de México, adonde acudió en aquella ocasión a una reunión nacional de seguridad— es que quienes cometen este tipo de delitos en Acapulco son muchachos de menos de veinte años”.

—¿A qué grupos pertenecen? —se le preguntó.

—Al CIDA, a los Ardillos, a los Rojos, a la Familia Michoacana, al Cártel Jalisco Nueva Generación.

—¿Quiénes mueren, quiénes son las víctimas?

—Al parecer son gente vinculada al crimen organizado.

—¿Cuál es el tipo de arma que más utilizan los homicidas?

—Armas cortas. 38, 9 milímetros o calibre 45.

—¿Qué está pasando?

—No pasa nada diferente a lo que estaba ocurriendo antes.

—¿Por qué dice eso?

—Los índices actuales no han rebasado los números anteriores (sic).

Del modo que sea, las actuales cifras de la violencia siguen poniendo nerviosos a los empresarios del ramo turístico.

Elisabet y Giulio, los dos periodistas extranjeros que radican en Acapulco, tienen la certeza de que la descomposición del puerto va más allá de una simple pugna entre cárteles, y la polémica de las redes sociales, porque existe otro tipo de violencia… invisible, oculta, aseguran: la que surge de la ausencia del Estado de derecho, un concepto del que ya nadie se acuerda hoy en Acapulco.

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