Diario Ejecutivo: Una vida vale menos que una noche de hotel

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Por Roberto Fuentes Vivar.

Una de las consecuencias más graves de adoptar un modelo económico que privilegia el monetarismo por encima del humanismo, es que a la vida humana se le impone un precio que cada día se devalúa más, al grado de que matar a una persona puede valer menos que una noche de hotel.

Vemos si no: todos los medios de comunicación reportaron con detalles la balacera del domingo pasado en Acapulco, en la costera Miguel Alemán. Muchos comentaristas señalaron cómo la inseguridad afecta a la economía de esa ciudad, principalmente porque perjudica al turismo que acude a ese puerto del Pacífico mexicano .

En Guadalajara, a las pocas horas del tiroteo, Enrique Peña Nieto inauguraba el Tianguis Turístico, que precisamente por la inseguridad fue retirado de Acapulco hace algunos años. Decía que pese al “mal humor” social, el país avanza y anunciaba  el programa “Viajemos todos por México” para que se facilite a personas con menos recursos conocer otros lugares de su nación.

No lo dijeron en el tianguis, pero en México hay por lo menos 50 hoteles en donde la noche de hospedaje cuesta más de 10 mil pesos y más de 200 en los que supera los tres mil pesos.

Mientras se hablaba del turismo y de la inseguridad, Juan Daniel Ojeda Coyotzin, declaró ante el ministerio público de Acapulco que “matar a una persona cuesta tres mil pesos”, en ese paraíso turístico del estado de Guerrero. La noticia se perdió en la inmensidad de las palabras escritas de los diarios y entre las miles de oraciones habladas de los noticiarios electrónicos.

Días antes, el 13 de abril, en el fraccionamiento Hornos de Acapulco, había sido asesinado el abogado Sergio Rosas González.

Ahí fue detenido uno de los presuntos agresores, precisamente Juan Daniel Ojeda Coyotzin.

En la averiguación previa TAB/SC/01/0180/2016 narró los pormenores de quienes lo habían contratado. Le dieron un arma y le indicaron que su objetivo iba vestido “de camisa azul cielo y pantalón azul”. Le dijeron que lo estarían vigilando y que recibiría tres mil pesos cuando perpetrara el asesinato, según informó la agencia Quadratín.

Sergio Rosas González, había sido juez calificador adscrito a la Secretaría de Protección y Vialidad de Acapulco, cuando era alcalde Alberto López Rosas.

Posteriormente se desempeñaba como abogado litigante. Su tío, el ex procurador estatal, Alberto López Rosas, había sido nombrado (unos días antes del asesinato de su sobrino) coordinador de asesores del ayuntamiento porteño.

El asesinato se registró cuando el abogado comía en un restaurante ubicado en la calle Capitán Malaespina, a media cuadra de la franja turística. Le dieron tres balazos por la espalda. En la escena del crimen se localizaron un total de seis casquillos percutidos. En su huida fue detenido Juan Daniel Ojeda Coyotzin. Su cómplice logró darse a la fuga. Cerca de ese lugar hay algunos hoteles que cobran más de tres mil pesos por el alojamiento de una noche.

Días más tarde, el detenido rindió declaración ante el Ministerio Público y ahí quedó asentado que le darían tres mil pesos por el asesinato del abogado.

Ya antes, en 2014 y en otro de los estados más afectados por la violencia, Veracruz, quedó escrito en actas que una mujer había pagado 20 mil pesos para que asesinaran al periodista Gregorio Jiménez de la Cruz.

Hace unos años, en la revista Este País se estimaba que el sueldo de un sicario mexicano por matar a una persona oscilaba entre 10 y 12 mil pesos, cifra bastante menor a los 76 mil dólares que cobra un sicario en Australia o a los 50 mil euros en España o los cinco mil 263 dólares en Argentina.

¿Cuánto vale la vida de un ser humano en México? ¿Cuáles son los niveles de pobreza y desesperación para que una persona mate a otra por sólo tres mil pesos? ¿Hasta dónde la violencia y los asesinatos son consecuencia de un modelo económico que privilegia los negocios por encima de la vida humana?

Reitero, la declaración ante el ministerio público de Juan Daniel Ojeda Coyotzin, es trágica y puede sintetizarse en una oración: la vida de un ser humano vale menos que una noche de hotel. El filósofo del metro se pirateó a Pablo Milanés: “La vida no vale nada/ cuando otros se están matando/ y yo sigo aquí cantando/ cual si no pasara nada”.

Fuente: http://www.almomento.mx/diario-ejecutivo-131/

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