Sofío Ramírez, el caso lamentable de un político inservible

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Por Roberto Ramírez Bravo

Sofío, ¿alfil de Aguirre?

La semana pasada, el senador de la fracción del PRI Sofío Ramírez Hernández se presentó en Acapulco en un acto público, por primera vez desde que perdió la posibilidad de ser candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a la gubernatura de Guerrero, a principios del año pasado.

Como siempre, le tocó hacer de vocero de su ex jefe y, según él lo reitera, su amigo, el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero, de quien dijo que está muy tranquilo en “alguna parte del país” sin ningún conflicto de tipo legal por “la muerte” –esa expresión utilizó– de los 45 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala por las policías de ese municipio y de Cocula.

La presencia de Sofío Ramírez se da en un contexto particular: acudió a acompañar al gobernador Héctor Astudillo Flores a la instalación del Comité Contra Incendios Forestales, en el que no había ninguna razón lógica para su presencia, pues él no es integrante de ninguna comisión forestal, y porque pasa con él lo mismo que con el otro senador, René Juárez, al que tampoco se le conoce ningún trabajo específico en Guerrero.

Como sea, se placeó. Vino a decir que Ángel Aguirre Rivero tan no tiene ninguna culpa, que se mueve por Acapulco, Chilpancingo, Ometepec, y en próximos días irá a comer mariscos al restaurante El Rinconcito de Katán, que es propiedad de Katán Rodríguez, hermano del secretario de Fomento Turístico, Ernesto Rodríguez Escalona.

Flacos, desde luego, son los favores que Sofío hace a Aguirre. El año pasado hizo semejante escándalo porque supuestamente ya venía a tomar posesión de la gubernatura que, al cumplirse seis meses de haber solicitado licencia, Aguirre Rivero iba a retomar por unas horas sólo para dejársela a él. El senador de Tlalixtaquilla pudo engañar a todos pero sólo por un rato, pues el propio ex gobernador lo desmintió.

El activismo de Ramírez Hernández en el nombre de Aguirre Rivero no tiene una lógica clara. Se diría que está muy agradecido con todos los cargos a los que el ex gobernador lo ha llevado de la mano –incluido el de senador, que ganó ya con los votos del PRD, aunque ahora trabaje otra vez para el PRI–, pero actúa con una soltura innecesaria y con una representación dudosa. Si el propio Aguirre permanece en un discreto retiro, o en un franco escondite subterráneo, ¿por qué Sofío lo saca al balcón cada rato?

Una posibilidad, si bien remota, es que intente cosechar los restos que hayan quedado del aguirrismo, fracturado no sólo por la caída del gobernador, sino por la desbandada de sus integrantes, de los cuales varios, incluido el propio senador, han vuelto al redil del PRI y a jurar nuevas lealtades.

Sofío Ramírez Hernández se inició en la vida partidista del tricolor siempre de la mano de Aguirre Rivero. Fue alcalde de su municipio y diputado federal, pero la senaduría la obtuvo cuando se pasó al PRD siguiendo a su mentor, que había dejado las filas del PRI para hacerse gobernador por el sol azteca, y ahora explica que llegó al más grande partido de la izquierda “siguiendo a un amigo”, pero cuando éste ya no está, no tiene motivo para seguir ahí, lo cual no implica, desde luego, que piense entregar la senaduría que ganó por ese instituto al que no tiene lealtad alguna.

El de Sofío es el caso lamentable de un político que nunca deja huella por donde pasa, y eso que ha pasado por muchos cargos: de discurso hueco, grandilocuente, no se le conoce compromiso alguno con la sociedad a la que dice representar, porque en realidad sólo representa a los grupos de poder a los que sirve.

Pero la cuestión de fondo es a dónde va Sofío Ramírez llevando de la mano a Ángel Aguirre. Aprovecha el autoexilio del ex mandatario para hacerse notar y al mismo tiempo para asegurarse cierta protección grupal, después de que en el PRD quedó aislado desde que se negó a hacer campaña por su candidata Beatriz Mojica y lo hizo soterradamente por el actual gobernador Héctor Astudillo, pero cuando en el PRI no es visto con buenos ojos. Precisamente, los priístas cuestionan las lealtades del senador.

Dicen que Sofío Ramírez es hábil negociador, o al menos eso se dijo durante la campaña por la gubernatura, pues se le atribuía a él la llegada de varios priístas al PRD, que a la hora de la votación resultaron ser decisivos para que el PRI perdiera la elección.

En estos momentos es una incógnita qué prepara el tlalixtaquilleño para su próximo salto en la política. Ya no en el PRD, obviamente; y quién sabe si en el PRI. Su acercamiento con Astudillo Flores es una manera de recordarle que él jugó con la camiseta tricolor y que, por tanto, espera su recompensa.

Sofío Ramírez se presenta como una pieza del aguirrismo, quizá la más cercana, pues dice que él ve casi todos los días al ex gobernador. ¿Será eso verdad? Lo cierto es que si a alguien no conviene la actitud del senador, es precisamente a Aguirre Rivero.

Fuente: La Jornada de Guerrero.

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