#Acapulco: del paraíso al infierno

Por Oscar M. Beteta.

Hoy Guerrero no sólo sigue padeciendo marginación, sino que está hundido en la violencia y en una criminalidad tan aterradora como incontenible Acapulco, que fuera en su momento una de las mejores caras de presentación para México en el ámbito turístico mundial, considerada hoy la cuarta ciudad más peligrosa y violenta del planeta, parece un caso perdido.

¿Qué la llevó a quedar atrapada y sin salida? Aun con el caciquismo como el que ejercieron Rubén Figueroa y su hijo, y la continuidad que le dieron todos sus sucesores priístas, Guerrero se mantuvo en paz por muchos años. En rigor, no fue la paz de los sepulcros. El atraso tradicional siguió vigente.

Hoy, esa entidad no sólo sigue padeciendo marginación, sino que está hundida en la violencia y en una criminalidad tan aterradora como incontenible. Derivado de la inconformidad social por los muchos problemas no resueltos, el PRI perdió la hegemonía hace una década. En consonancia con la democratización, la oposición apareció como una opción para los atribulados guerrerenses.

Así, empezaron a llevar al poder a candidatos opositores al PRI. Pero de la alternancia que esperaban como salvación, no tuvieron más que lo que parece una maldición.

Ahora, sus legítimas exigencias no sólo no han sido resueltas. En muchos casos, son acalladas con el secuestro, el asesinato, la esclavitud que envuelve el delito en todas sus magnitudes y expresiones. Esa “milagrosa” alternancia, cuyo costo ha sido la sangre y la violencia, empezó notoriamente con Zeferino Torreblanca como alcalde de Acapulco en 1999 y siguió con Alberto López Rosas y Félix Salgado Macedonio, todos perredistas, hasta 2008. No tuvo grandes variantes después, con Manuel Añorve Baños, del PRI, y Luis Walton, de Convergencia.

La semilla de la criminalidad estaba sembrada. Floreció rápidamente. Hoy está en su esplendor primaveral día tras día. Con crímenes de todo tipo, día tras día. Esperanzada en un cambio, la sociedad siguió creyendo en la alternancia. Así, llevó a Zeferino Torreblanca a la gubernatura en 2005. Para sufrir una nueva decepción durante seis años más. La pobreza de la gente no se abatió. Sus demandas no fueron atendidas. Las bandas criminales sentaron sus reales en todo el estado. Tomaron carta de naturalización. Se adueñaron de la entidad. Nadie puede con ellas. Hicieron de Acapulco su paraíso. Se hicieron tan poderosas, que ni con los incontables recursos materiales, policiacos y económicos que se han desplegado para combatirlas, se ha logrado contenerlas. Hoy son más poderosas que nunca. Lo dominan todo. Los homicidios, secuestros y robos se suceden cotidianamente, en una cadena de terror a la que no se le ve el final.

En este escenario, nadie queda a salvo. Los mismos detentadores del poder político, en los distintos niveles, están bajo amenaza, presión y chantaje de los delincuentes. El atentado o el homicidio en su contra no son inusuales. El poder ilegal se ha sobrepuesto al poder legal. La ciudadanía de Guerrero, de Acapulco, la de todos lados, está sufriendo lo que sería ya no una connivencia, sino una superposición de aquél a éste. Y ese es un reto colosal para el poder legítima y legalmente constituido en todo grado. Es quizá la prueba más difícil que debe encarar, en medio de los múltiples conflictos y necesidades nacionales. Porque Acapulco es un símbolo. Un referente. Un destino. Lo que suceda en ese puerto, se refleja en todo el mundo. Tiene repercusiones de muchos tipos, sobre todo económicas, dado lo que significa en captación de divisas por concepto de turismo.

El gobernador priísta Héctor Astudillo, como una nueva esperanza en otra alternancia y apoyado por el gobierno federal, hace esfuerzos contra la violencia en Guerrero y en Acapulco. Sus primeros resultados en el corto plazo, es de esperar que serán más patentes.

Aunque el alcalde porteño, Evodio Velázquez Aguirre, del PRD, nade de “muertito” y no se ocupe más que de la zona hotelera persiguiendo a las turistas — como se quejan tantos ciudadanos—, alejado de la parte urbana, donde la inseguridad está de miedo.

Publicado en El Universal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s