Alfredo Zalce a 108 años. Fundó la Escuela de Pintura y Escultura en #Taxco

Alfredo Zalce a 108 años
En 1994, cuando el maestro Alfredo Zalce tenía 86 años de edad, faltaban nueve para su muerte y uno para la pérdida de su hijo Xavier, así se habló sobre él en el libro México en el mundo de las colecciones de arte: “Alfredo Zalce, genuino nacionalista en su conducta cotidiana y en su práctica artística, no ha renunciado a incorporar constantemente a su léxico elementos que proceden de corrientes diversas que han sido o son practicadas en el medio internacional. Artista sincero, tampoco ha eludido su responsabilidad de ampliar su conocimiento de los procedimientos técnicos. Durante el decenio de los años 80 y durante los años recientes Zalce ha proseguido, incansable, su tarea productiva”.
En el tomo se presentaron dos esculturas del maestro michoacano: Coyote y Maternidad, ambas, a la sazón, en Sarasota, Florida, y propiedad de Harry B. Pollak.
Pollak, veterano de guerra y coleccionista de arte, sobrevivió a Zalce 11 años. Falleció en mayo de 2014, pocos días después de que se inaugurara en el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ) la IX Bienal Nacional de Pintura y Grabado que lleva el nombre del creador nacido en Pátzcuaro.
Hoy, esos nombres, esas fechas y esos hechos son referencia del pasado. El tiempo transcurrido entre unos y otros y las conexiones entre ellos, son posibles de hacer únicamente porque ya estamos en la posteridad a la que apuntaban y de la que Zalce dijo: “Lo que verdaderamente pone a todo mundo en su lugar es la posteridad”.
Hoy, ese futuro nos sitúa a 108 años de su nacimiento y en un punto en el que su memoria y legado no se cuestionan, pero tampoco se comentan lo suficiente, algo que termina por diluir la esencia vital de una obra que siempre estuvo ligada a los movimientos sociales y al deseo formativo.
Zalce pasó a la posteridad como “el último gran muralista postrevolucionario” pero, ¿qué hay más allá de esas frases que suenan lapidarias? Su nombre en una escuela primaria, en el museo donde fue velado cuando murió en 2003 y la infaltable referencia a los murales que pintó en Palacio de Gobierno o las estelas de los tres poderes ubicadas frente al zoológico de la ciudad. Está presente sí, pero diluido. Es parte del paisaje y, acostumbrados a este, ya son pocos los que de verdad observan su presencia.
“En Zalce se da una vinculación muy importante con movimientos sociales, con la defensa de las reivindicaciones obreras, de una relación intensa con el estado en la conformación de obras monumentales que al mismo tiempo configuran símbolos nacionales, elementos de identidad, o sea, ahí las artes aportando a un contexto ideológico, político (e) identitario”, comentó Juan Carlos Jiménez Abarca, extitular del MACAZ e historiador del arte.
Él, observador
Alfredo Zalce nació en Pátzcuaro en 1908. A corta edad fue llevado a vivir a Tacubaya, por lo que fue en la capital del país donde atestiguó los efectos y acciones de la Revolución Mexicana. En una entrevista publicada en diciembre de 2002 a la Revista Digital Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el maestro recordó que un día al salir de su casa se encontró con un cadáver en la calle de Cipreses. “Todo sangrado, una cosa terrible. Vestido con pecheritas de encaje y el cabello hasta los hombros, como ataviaban a los niños en esa época”.
Se detuvo a contemplarlo, dijo, y cuando estaba atento a las moscas que entraban y salían por la nariz y las orejas del muerto levantó la mirada y se dio cuenta que del otro lado de la calle se acercaban sus padres. “Después de darme unas cuantas nalgadas, me mandaron a la escuela”.
Nacido prácticamente con la Revolución, la primera etapa de su vida tanto artística como personal estuvo marcada por el involucramiento con los grandes movimientos sociales que quedaron plasmados en sus obras.
En 1930 fundó la Escuela de Pintura y Escultura en Taxco, Guerrero, y estudió con el grabador Emilio Amero y con Guillermo Ruiz. Fue miembro fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR). Enseñó dibujo en las primarias de la Secretaría de Educación en la misma década y se incorporó a las misiones culturales entre 1936 y 1940. Estuvo además ligado a la labor del Taller de Gráfica Popular (TGP). Fue también profesor en la escuela de La Esmeralda y en la Academia de San Carlos en 1944 y su labor docente continuó en Morelia tanto dentro como fuera de las aulas.
Él, múltiple
Los intereses sociales y artísticos de Alfredo Zalce lo llevaron a recorrer el país pero también diversos estilos, corrientes y técnicas durante su larga existencia.
La crítica de arte Raquel Tibol, escribió en 1999: “Su larguísima vida productiva (ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1924) se ha caracterizado por una constante ampliación del campo de posibilidades plásticas del dibujo a la gráfica, a la pintura de caballete, al mural, a la escultura, al tapiz, a la cerámica, al batik, al diseño de joyería”.
Es por lo anterior que reducir a Zalce a la frase: “El último gran muralista postrevolucionario”, resulta reduccionista y arbitrario. Revolucionario sí, pero mucho más que muralista, también. Acompáñenos a ver más allá del nombre.
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