El cacique en su laberinto.

Por Salvador García Soto.

Ángel Heladio Aguirre Rivero dejó la gubernatura de Guerrero, pero no dejó el poder.

Contrario a rumores que lo ubican fuera del país, el gobernador con licencia sigue en su estado y, aunque por ahora se mueve con bajo perfil, mantiene intactas sus redes de poder y está operando políticamente con un objetivo en mente: buscar “su revancha” y la de su grupo político en las elecciones locales de julio próximo.

A Aguirre parecen tenerle sin cuidado las versiones sobre su presunta responsabilidad en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, sea por encubrimiento a José Luis Abarca o por su relación íntima con María de los Ángeles Pineda. Como si se mofara de los mensajes del secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, quien ha declarado públicamente que le pidió vigilar a Abarca en dos ocasiones y aun así lo dejó escapar, Aguirre ha sostenido varias reuniones con diputados, senadores y funcionarios guerrerenses que le siguen siendo leales y ha dicho a sus incondicionales: “nosotros decidiremos quien gana la gubernatura en 2015”.

Uno de los asistentes a esas reuniones privadas es el senador Sofío Ramírez, a quien Aguirre ha intentado vender como candidato del PRI a la gubernatura. Su estrategia es influir en la próxima sucesión estatal y cargar la balanza a favor del candidato y el partido que más les convenga y para ello esperan a ver quiénes son los candidatos del PRI y del PRD, para decidir a cuál de ellos apoyarán los aguirristas.

Y aunque todavía no tienen claro a qué candidato darán su apoyo, sí tienen muy claro, y así lo ha remarcado Ángel Heladio, a qué candidatos no apoyarán y más bien buscarán sabotearlos: al senador Armando Ríos Pitter, en el PRD, quien ha sido declarado como “traidor” por Aguirre, y en el PRI no dejarán pasar a su archienemigo Manuel Añorve. “Fuera de esos dos, cualquiera”, le han escuchado decir al gobernador con licencia sus leales.

En su operación subrepticia Aguirre se da tiempo para seguir moviendo grupos de choque que, según reportes de inteligencia federal, él maneja en Guerrero como algunas facciones de la CETEG y otras células radicales que han incendiado edificios como el Palacio de Gobierno, la Secretaría de Finanzas, Desarrollo Social, y recientemente archivos del Congreso del Estado y la Auditoría Superior estatal, además de la Contraloría de la SEP. Se cree que los incendios fueron dirigidos e intencionales con la finalidad de destruir documentación, padrones y reportes del manejo financiero de los recursos federales en el gobierno de Aguirre.

Así que, por alguna extraña razón —tal vez por lo que sabe o lo que les conoce— a Aguirre Rivero parecen no quitarle el sueño los amagos del gobierno federal para acusarlo. Eso sí, astuto como es, ha buscado la asesoría de varios abogados penalistas, de los más prestigiosos del país, para armar una posible defensa por si deciden fincarle cargos dentro de las indagatorias sobre los normalistas de Ayotzinapa.

Ayer mismo el secretario Osorio Chong decía que las investigaciones continúan y que “aún existen 10 órdenes de aprehensión pendientes de ejecutar”, aunque no reveló quiénes serían los posibles acusados ¿Estará entre esas órdenes el nombre del gobernador Ángel Aguirre? ¿O el presidente Peña Nieto y el secretario Osorio Chong dejarán que se siga burlando de ellos el cínico góber con licencia?

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